En las afueras de la ciudad de Mendoza, Chacras es una localidad entre bohemia y sofisticada es uno de los paraísos gastronómicos de la Argentina.

En el breve territorio de Chacras, como le dicen los mendocinos, se concentran algunas de las mejores bodegas y restaurantes del país. Un sitio para perderse en busca de buenos vinos y delicias cuyanas.

Chacras de Coria es un pueblito próximo a la ciudad de Mendoza, con calles de tierra, canales, arboledas y viejas casonas. Con su placita repleta de bares y restaurantes a los que los domingos es difícil acceder por la cantidad de visitantes que llegan a Chacras a beber aire fresco y buen vino.

Algunos de los “chacrenses” de toda la vida se adaptaron a la nueva identidad de su pueblo reciclando sus casonas para que los turistas saboreen algunas delicias de aquel pasado plácido y pueblerino.

Finca Adalgisa, Hotel, Vineyard and Winery es una de las posadas más encantadoras de Chacras. Y también es un vino de estilo francés, 100% malbec, diseñado por el prestigioso enólogo Carmelo Patti, un siciliano de larga tradición vitícola asegura que al vino hay que saber esperarlo.

 Finca Adalgisa es el único vino que se vinifica y embotella en Chacras de Coria con uvas de Chacras, de un viñedo de casi cien años.

En línea con Finca Adalgisa está Parador del Angel, pero aquí no hay TV, ni teléfono; tampoco se aceptan niños. Es un lugar de descanso para personas de más de 40. “Mi familia siempre tuvo casa en Chacras”, dice María Marta. “Las plantas del Parador son típicas porque trato de mantener un estilo mendocino. El Parador es ecológico sin grandes extensiones de jardines. Hay que ahorrar el agua. Me llevó diez años llegar a tener un lugar así. No voy a hacer una cava, porque pertenezco al mundo del arte no al vino”. Austero, el Parador tiene algo de convento medieval que lleva a la introspección.

El matrimonio Aristarian, propietario de Casa Glebinias, no es de Chacras, pero decidieron que este sería su lugar en el mundo. Jorge y María Gracia llegaron en los 80.

 Y el turismo fue la opción para mantener la casa que tanto habían soñado.

Se enamoraron del verde y, sobre todo, dice ella, de la calle Darragueira. “Cuando entrás a Chacras esa calle te dice donde estás”. Italiana de Sorrento, vivió en Francia con su marido y sus hijos hasta que encontró en Chacras su lugar en el mundo. Hicieron un jardín de estilo clásico inglés que “es una pasión devoradora. A los dos nos interesa la búsqueda estética que canalizamos con la jardinería”.

Otro de los hoteles boutique es Lares de Chacras, también de una familia de chacrenses. En el centro del pueblo, los Day apostaron a un estilo rústico y muy confortable de nivel internacional.

En Chacras también está Nadia OF, considerado en 2011 y 2012 el mejor restaurante del país según la Academia Argentina de Gastronomía.

Fue nominado como uno de los mejores del interior por la Revista Cuisine & Vins. Nadia Haron de Ortega Fournier es la propietaria que afirma: “Me gusta el encanto del pueblo”.

A metros de la plaza, se alza una pequeña y atractiva bodega. Pulmary elabora 50.000 botellas para consumo propio y exportación. Quien quiera degustar, siga el camino lateral de cantos rodados, rodeado de cactus, y va a desembocar en un patio que lo dejará con la boca abierta. Allí está, más rústico, El Chiringuito, nombre literal, porque de eso se trata. El principal atractivo es el fuego que se alza en el patio, bajo el disco de arado, donde Pablo Torres cocina un ojo de bife con frescos vegetales mendocinos, productos de un clima excepcional y el esfuerzo de tantas generaciones para regar esos suelos áridos. Pero el esfuerzo valió la pena. Hoy esas verduras son la envidia del resto del país. Altos árboles dan la sombra necesaria para el comensal y un níspero es techo de un living al aire libre. Más allá, la huerta que da tomates, hojas verdes y hierbas. Mientras el enólogo de Pulmary, Ramiro Maures, descorcha un Torrontés 2012, nos cuenta que, además de esas delicias al disco, hay ensalada de trucha; ravioles de queso pepato y salsa de quinotos; ñoquis de conejo y batata; sorbete de limón, jengibre y albahaca…

“El pueblo ha cambiado mucho”, se lamenta Chela Coccuci, ex maestra de la Escuela Teresa O’Connor. “Ni siquiera las tortitas de Colovatti son las mismas”, agrega con nostalgia. Se refiere a las típicas tortitas de grasa mendocinas, un placer gastronómico tan sencillo como imperdible para el viajero. Apenas una de las tantas sorpresas culinarias que esconde Chacras.

Te proponemos realizar con nosotros un exhaustivo paseo por Luján de Cuyo, por sus bodegas más celebres y finalizar en algún rincón de Chacras de Coria, degustando platos de autor.

Fuente: Rumbosdigital y Clarin

 

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