Una familia que se instaló en el paraje maipucino y lo transformó para siempre. Pasen y lean los por qué.

 Cuando un mendocino quería decir que algo estaba lejos, decía, hasta hace poco: “Es en la loma de Chachingo”. Una frase que indicaba un páramo, un sitio distante, perdido… Pero en este mundo cambiante donde las certezas se desvanecen y los mitos se caen de a pedazos, una extraña familia llegó al paraje para instalarse. Vaya locura, a priori, pensamos, extraños ellos, desembarcar en Chachingo. Seguramente esconden algo, escapan de algo… ya lo sabremos.

Lo cierto es que con el correr de los meses, de esto hace apenas un año, y con su mudanza, lograron achicar el mapa y acercar ese remoto reducto del olvido maipucino. Pronto los de Mendoza y los del mundo comenzaron a pisar estas tierras desterradas, y ya casi nadie recuerda cuando eran inaccesibles.

El cuento completo

Los Vigil arribaron para levantar su morada, pero no conformes con ello, decidieron que todo aquél que lo desee puede ingresar. Gente rara ésta. Ofrecen los mejores vinos del planeta (entre 93 y 98 puntos) y una comida que no tarda en transformarse en festín, y a las pruebas me remito: entre 80 y 100 personas se sumergen en la bacanal de Chachingo cada día. Pero no es todo.

Antes, en un recorrido guiado, el visitante transita el poema de Dante en el que el infierno, el purgatorio y el paraíso, se vivencian entre los elixires de Vigil. Ellos dicen que la condena es diferente a la que escribió el italiano. Quizá sea un hechizo que se bebe en cada copa.

Sean advertidos lectores, porque nadie sale tal cual ingresó a Chachingo. Sean cautelosos. En esta casa que es también bodega y restaurante, los delirios de Dante y de Alejandro, los pueden seducir y arrojarlos al caldero.

De niño le relataban la Divina Comedia y dice que entre sus inspiraciones está Cortázar y su abuelo. Nótese queridos padres que hay que ver qué se les dice a los pequeños, y qué este señor sirva en mi alegato.

También cuiden las juntas de sus críos, porque resulta que el niño creció y junto con sus estudios de enología desarrolló un loco amor por María Sance, su compañera señala él, también su cómplice podríamos afirmar en esta insanía de sacar del olvido a un punto del territorio, a sus habitantes, a su cultura y más aún la nombraron República de Chachingo. ¡Qué atrevimiento!

Se defienden diciendo que llegaron porque son gente de campo, que aman hacer vinos y cultivar, que es uno de los sitios propicios para estos fines: “uno de los primeros lugares donde se cultivó en Argentina y en Mendoza”. Y como a los locos hay que seguirles la corriente, los de Chachingo los recibieron con los brazos abiertos. Unos les llevaron zapallos, otros sus productos recién cosechados y otro semillas de tomates y de otras hortalizas de varias décadas, verdaderos tesoros de la zona, que ellos prueban en su huerta orgánica.

Así, la familia Vigil se asentó cómodamente y la vecindad los acogió como uno de ellos. Entonces una coterránea -no cualquiera, la que hace las mejores empanadas de la comarca- comenzó a hacerlas para los invitados, otra oficia de guía, y así, vaya a saber uno con qué artilugios, convencieron a una veintena de los que siempre vivieron por allí de trabajar en la casa, en la huerta, en la bodega, en el restaurante. Y si algo faltaba, se metieron en la escuela, para peor, con arte, con artistas. Ya les advertí que esta familia algo esconde.

Bajo el amparo de la “sustentabilidad” en la que se procura prácticas que resguarden el planeta, hicieron su vivienda sustentable. Sin embargo no todo queda allí: “Echar raíces dice Alejandro Vigil, vincularse con la gente con sus necesidades, con la naturaleza del lugar, preservarlo” y agrega “el viñedo haciéndose uno en la tierra”, y lo está logrando. Inmediatamente todos los implicados explican que Chachingo tiene un microclima especial. Por ello Casa Vigil dejó crecer allí sus raíces…

La cuestión es que con esto de ser sustentables instalaron un programa de reciclado en la escuela, separando vidrio, plástico y papel. Esto lo llevan a las recicladoras y los fondos los emplean en mejoras edilicias para la escuelita José Álvarez. ¿Qué es lo que pretenden? nos preguntamos. Es una ex alumna la que guía el proceso. Esta familia está convenciendo a todos de sus disparates. Y no contentos con esa primera experiencia, hicieron pintar las aulas de la desvencijada institución educativa por reconocidos artistas mendocinos, quienes insistieron en incorporar elementos del lugar a través del arte: “Esto es dar y darse a uno mismo”… Techos nuevos donde hacía falta, eventos realizados junto a padres y maestros, y ahora dicen que van por 2 aulas más.

No sabemos cuándo para esta demencia. ¡Ah, me olvidaba! El mismísimo chef, un tal Santiago Maestre, organiza meriendas saludables para el alumnado con su equipo. Vayan sacando conclusiones.

La huerta orgánica, por su parte, es el espacio en el que cultivan lo que luego sirven en las mesas, María Sance es la encargada. Docenas de variedades de tomates de colores, de esos que hacía tiempo no se veían en Mendoza, con sabor a tomate y todo, algo de alquimia estarán empleando. Esta mujer no se hubiera salvado en la inquisición…

Pero en estos tiempos por sus prácticas sustentables obtuvieron el oro en los Best of Mendoza’sWineTourism 2018. ¡Qué le pasa a la gente!

En ese singular espacio de la loma de Chachingo, siguen pasando cosas que parecieran a nadie alarmar. En el perímetro, además de muestras de arte, toques con diversos grupos, los jardines y el interior se viste con obras de Scalzi, Prato, Sánchez Valdemoros, Chiavassa, Capoleta, Rudman, Rigattieri, Pinto, Obregón, Tachuela… sigo azorada…

En los salones restaurantes, los platos corren junto con los vapores de Baco. El gerente gastronómico, Federico Pettit, los crea junto a Vigil, el jefe de esta asociación ilícita. Cómo podemos llamar sino al ensañamiento de este señor con la zona, que antes pacífica, ahora es un ir y venir de habitantes del orbe, que no se niegan a unas costillas que parecen de otro mundo, ni a la bondiola braseada ahumada y hasta convencerían a Mafalda de tomar la sopa de arvejas. ¡Un descaro!

Para peor, fueron distinguidos como el mejor restaurante en los Best of Mendoza’sWineTourism 2018. Con el oro competirán con otros sitios gastronómicos a nivel mundial.

Entre tanto, Lili Sance, responsable de comunicación junto a Constanza Hartung, directora ejecutiva, otras participantes del hampa de Chachingo, se encargan de gritar al planeta lo que hacen y los invitan a esta República, como si fuera un orgullo lo que se hace puertas adentro de Casa Vigil.

Agotada, ya expuse las pruebas de esta peculiar familia sin ningún límite aparente, que echó raíces y que se propagan por Chachingo, generando nuevos brotes por doquier. Sólo resta que usted, lector tome cartas en el asunto y compruebe lo aquí escrito. No olviden que, una vez que pisen el lugar, nada se verá igual, les avisé.

El Jefe

Alejandro Vigil. Se autodefine como vinicultor, por haber crecido en una pequeña bodega y viñedo familiar. Luego los avatares del oficio lo llevaron a trabajar en una de las casas vitícolas más importantes de Argentina: Catena Zapata, y lo hace hasta hoy.

De hecho es uno de los enólogos más afamados del país, si no el más, y muy notorio en el mundo, aunque mantenga sus bermudas y remera negra, y su aire despreocupado de quien hace vino por el placer de hacerlo y compartirlo.

Por eso convida con una copa a quien llega, y lo único que pretende es un me gusta y no me gusta; el resto, parafernalia. “Cada persona elige cómo maridar, cómo cada uno es dueño de su destino y elige su camino”, nos dice, cual profeta…

En realidad es una bodega pensada para que vengan amigos y gente a conocer otra parte de la provincia   – explica-. Una forma familiar de elaboración para probar los “crudos” desde la boca del tanque. Queremos regresar a lo de antaño, a lo que hacía mi abuelo, que tenía sus vides, que vinificaba e invitaba a probar.

Entre tanto los visitantes actuales se encuentran con los chicos de la casa jugando, entonces lo sienten más cercano, continúa Alejandro. Esa relación que tiene más que ver con lo personal, es lo que me mueve a hacerlo acá, en la loma de Chachingo, sentencia.

Ahora además producirá cerveza, y mientras continúa con eso de la comunidad, y las puertas abiertas de su casa y bla, bla, bla, dice que lo importante es que la gente sea feliz y tenga dignidad. En fin…

Visitas por la Bodega:

De lunes a sábado. Horarios: 9.30; 11.30; 12.30 y 15.30.Domingos: 9.30 y 11.30.

Degustaciones: Portfolio Enemigo.

Almuerzos: Cocina de Producto. 4 pasos. De 12 a 15.30.

Fuente: Los Andes
20/12/2017

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