Las cavidades naturales en las piedras suelen ser lugares muy atractivos: objeto de estudio de espeleólogos y desafío para viajeros ávidos de aventuras.

La Caverna de Las Brujas, ubicada en el cerro Moncol a 75 kilómetros de la ciudad de Malargüe, es un sitio inigualable, lleno de misterio y belleza para descubrir.

Constituye una de las principales ofertas turísticas del sur mendocino y recibe anualmente a más de 10.000 visitantes

 

La reserva provincial Caverna de las Brujas abarca un área de 450 hectáreas dentro de la cual se encuentra su principal atractivo: una caverna natural excavada por las aguas subterráneas, de grandes dimensiones, con innumerables pasillos y galerías. 

 

La “expedición” a la Caverna de Las Brujas, en el sur mendocino, conforma una experiencia muy atractiva, con ascensos y descensos a través de distintas “salas”.

Recorrer sus pasadizos y galerías es una experiencia única. En sus salas, las estalactitas y estalagmitas adquieren las más diversas formas, dimensiones y colores.

La más llamativa es una donde asoman los corales y a la que bautizaron “de las flores”. Allí se puede ver una curiosa formación de silicios, que llaman “La virgen”. Adentro se realiza una prueba “singular”: se apagan las linternas y en la total oscuridad resuenan, apenas, los murmullos de algunas gotas de agua horadando la piedra.

Para recorrerla se ingresa con turnos de 9 personas, y tiene una duración de 2 horas aproximadamente.

Miles son las historias que se entretejieron alrededor de esta reconocida cueva que actualmente atrae a miles de turistas de todo el mundo para realizar paseo cargado de misterio.

 

Leyendas sobre la Caverna

Cuenta una leyenda que los aborígenes solían usar la primera sala (Sala de La Virgen). Allí los Machis, (médicos brujos) de cada tribu, realizaban sus ceremonias rituales, encendían grandes fuegos y se sentaban a su alrededor y cuando bailaban haciendo grandes círculos en el fuego, sus sombras en las paredes se veían fantasmagóricas. Cuentan también que ingresaban mujeres con niños en brazos, y luego se escuchaban lamentos, llantos, extraños ruidos y se veían luces destellantes, “luz mala”, sin poder identificar su causa y origen. Todo este misterio hizo que los antiguos pobladores la denominaran “Caverna de las Brujas”.

Cuentan los pobladores de la zona de Bardas Blancas que una de las tribus que dominaban la región tenían cautivas a dos mujeres blancas, a las cuales para que no huyeran de las tolderías les habían lastimado las plantas de los pies. En cierta oportunidad las mujeres escaparon de su prisión y se refugiaron en la caverna, en la Sala de la Virgen.

A partir de esos días los habitantes del lugar comenzaron a ver dos mujeres de aspecto andrajoso, pelos largos y muy sucias, salir de la boca de la caverna en altas horas de la tarde y posteriormente ingresar nuevamente. Se escuchaban fuertes quejas y gritos de dolor que acompañados de luces y sombras de aspectos fantasmagóricos sembraban terror en los lugareños, los cuales comenzaron a llamarle el lugar, De las Brujas.

Cuando sanan sus heridas las dos cautivas buscan refugio en algún lugar más seguro por lo cual desaparecen de la primera sala de la caverna. Según don Ignacio Sagal, en ese lugar se refugiaban grandes lechuzos que al salir volando por la puerta de ingresos hacían suponer que las mujeres brujas definitivamente se habían transformado en aves.

 

Fuentes: MendozaPost y Los Andes

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