La encuesta de La Agencia de Viajes con más de medio millar de empresarios y funcionarios del sector revela una mejoría en el ánimo de la actividad. Pero el promedio oculta las flojas evaluaciones de 2017 y las expectativas más débiles de cara a 2018 por parte de los operadores receptivos. Un contraste notable respecto a la euforia de los que dependen del emisivo. Lo que une a todos en un mismo frente es el reclamo frente a la mochila fiscal y la baja rentabilidad.

La encuesta a más de medio millar de protagonistas de la actividad realizada por La Agencia de Viajes con motivo de su 29° aniversario es un valioso aporte para medir el humor sectorial cumplido ya medio mandato de Cambiemos.

Una mirada superficial a la foto de familia devuelve un 57% de sonrisas, muchas más que el año pasado a la hora de evaluar 2016 (46%). Incluso, casi la mitad cree que 2018 será un poco o mucho mejor.

Pero se puede caer en un espejismo si se intenta definir sobre esa base el acontecer y las expectativas de los diversos segmentos de la actividad, ya que sabido es que “en el promedio se ahogan los enanos”. Y justamente la encuesta de La Agencia de Viajes muestra lo heterogéneo que han sido los resultados de los últimos dos años, donde claramente hay vencedores y vencidos.

LOS PRISMAS DE 2017.

El cristal de 2017 brilla más que el del opaco 2016. De hecho, sometido a la luz uniforme de los 540 encuestados, los resultados de 2017 para las empresas/destinos son positivos para la mayoría. Un 46% lo calificaron como un año bueno y otro 11% como muy bueno. En el medio, un 31% lo definió como regular y sólo uno de cada 10 dijo que fue un mal ciclo (para el 2% fue directamente muy malo). Ese promedio es muy similar al de las 275 agencias minoristas que respondieron a la convocatoria, de las cuales un 56% le subió el pulgar al año que se fue.

Claro que la luz que refleja el prisma de 2017 es muy diferente cuando es sometido al punto de vista de un empresario que trabaja el segmento emisivo que cuando lo hace uno receptivo.

Para graficarlo, el 68% de los operadores turísticos receptivos calificó a 2017 de regular a malo y apenas 3 de cada 10 lo valoró como bueno o muy bueno. En cambio, para la treintena de organismos, representaciones y/o hoteles de destinos extranjeros que participaron de la muestra el año tuvo luz propia: 40% dijo que fue muy bueno (solo para el 3% de los hoteles nacionales y operadores receptivos mereció idéntica calificación) y 33% bueno.

A nadie puede sorprender semejante contraste de humores si tenemos en cuenta que en los últimos ochos años la salida de argentinos al exterior vía Ezeiza y Aeroparque creció un 96%, mientras que los arribos de extranjeros suben con el freno de mano puesto.

MEDIO LLENO.

A la hora de medir los índices de confianza en 2018 se nota un moderado optimismo en todos los segmentos: un 38% considera que será un poco mejor que el pasado y un 9% se anima a vaticinar uno mucho mejor. Un 38% espera que se mantenga estable y un 14% considera que será incluso peor que 2017.

 

Nuevamente, los datos generales no definen con precisión el ánimo de los actores, sino que es con el análisis de cada segmento donde se transparenta el espíritu.

En este sentido, se repite la historia: el humor más sombrío proviene de aquellos que trabajan en turismo receptivo. Por ejemplo, la mitad de los operadores receptivos esperan que la situación sea neutra (35%) o empeore (12%), mientras solo el 3% de los organismos, representaciones y/o hoteles de destinos extranjeros esperan una desmejoría respecto a 2017 (un 23% cree que mejorará mucho y un 30% un poco).

EL NACIONAL VIVE.

Pero no todo es el yin yang entre emisivo y receptivo. La recuperación del turismo interno en 2017 (superó levemente el récord de viajeros y pernoctaciones de 2011) se evidencia en el ánimo de los hoteleros y prestadores de servicios en destinos nacionales. No sólo porque más de la mitad calificó el año pasado como bueno o muy bueno, sino porque además están entre los más optimistas de cara a 2018. Seis de cada 10 prestadores y la mitad de los hoteleros creen que habrá una mejoría en sus negocios.

SON LOS IMPUESTOS, ESTÚPIDO.

La reversionada frase del expresidente Bill Clinton bien aplica a la hora de entender que, por sobre cualquier otro problema, la mayor preocupación de los empresarios turísticos son los impuestos.

Para más del 70% de las 275 agencias de viajes minoristas los costos internos y su hermana la mochila fiscal es uno de los dos principales fantasmas del negocio. De hecho, para el 43% el principal. De todos modos, no habría que desdeñar que para 3 de cada 10 agencias la preocupación número uno es la caída del consumo a partir de la competencia de las web extranjeras o la venta directa. Ambas pesadillas se reflejan también en los operadores turísticos.

Pero donde el problema de la carga tributaria y la caída de la rentabilidad gozan el monopolio entre todas las problemáticas es en los que trabajan en los destinos. Para el 66% es la principal cuestión a resolver por parte de las autoridades, mientras que para los prestadores desvela a seis de cada 10.

En el caso de los organismos públicos nacionales es la caída del consumo (59%) el principal riesgo, mientras que para para más de la mitad de los hoteles y representantes de destinos extranjeros el miedo es la volatilidad cambiaria y económica del país.

Fuente: Ladevi
06/03/2018

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