Se construyó en 1788 y fue la primera obra de derivación de agua de la provincia. Nació entre sospechas de corrupción, funcionó poco tiempo y hoy está sucia y olvidada.

Uno de los puentes de la obra, a la que hoy se accede atravesando alambrados y muchos yuyos.

“Si va para allá, tenga cuidado”, dice un policía un par de kilómetros antes. Luego aparece una tranquera, con tela de alambre a los costados y un cartel que reza “Cerrado el ingreso”, aunque el acceso permanece con las puertas abiertas. Ya en el lugar se ve el abandono en su máxima expresión: hay bolsas de residuos, botellas de todo tipo, piedras quemadas por el fuego y muchas huellas de asados.

La Toma de los Españoles, primera obra de derivación de agua para Mendoza, fue construida en Luján de Cuyo en el año 1788 y desde 1986 tiene la declaración de Monumento Histórico Nacional. Lo cierto es que por incapacidad y “falta de fondos” de parte de la dirigencia política municipal, provincial y nacional, las piedras utilizadas hace más de dos siglos para su construcción sirven hoy para amoldar la parrilla de quienes se acerca al lugar a comer un asado de día.

“Aguante el Tomba” se puede leer en uno de los tantos graffitis pintados con aerosol sobre la estructura que en su momento de esplendor sirvió como puente para el ganado que tenía como destino Chile.

A lo largo de los años se idearon algunos proyectos para resguardar la zona, incluso -recuerdan desde el Gobierno- se destinaron fondos que cubrían la mitad del costo de la puesta en valor, pero aseguran que la mitad que le correspondía invertir a la Municipalidad de Luján durante la administración de Omar Parisi, nunca se concretó y el préstamo fue devuelto a la Provincia.

El panorama no ha cambiado en la actualidad, lo que se pone allí se lo roba la maldad humana y si bien es un “deseo” del municipio, de la Provincia y de la propia delegada local de la Comisión Nacional de Museos y Monumentos Históricos, el pedazo de historia de Mendoza sigue abandonado, sumiendo en el olvido un pedazo de nuestra identidad.

 

Una historia de película

En 1788, el Cabildo llamó a licitación y la obra de la toma fue adjudicada al arquitecto Josef Comte, quien presupuestó 6.000 pesos para la construcción. La obra consistía en un murallón triangular en medio del río, con sus caras laterales en ángulos rectos de casi tres metros de largo, y se respaldó con un muro unido que sirvió de estribo para darle mejor salida al agua de las compuertas. Constaba de aproximadamente dos metros y medio de espesor.

La estructura del mismo se realizó con cal y piedras que se sacaron del lugar. Se aseguraron con abrazaderas de hierro emplomado que se emplearon en la construcción de dicho murallón. A la estructura se le agregaron dos compuertas, una que daba a la ciudad y la otra que despedía el agua del río.

La obra se proyectó para siete meses, pero se demoró mucho más. Entre otros detalles, en ella trabajaron algunos reclusos. Aunque las compuertas alcanzaron a contener y distribuir el agua hacia los canales durante un tiempo, el rigor del río terminó destruyendo parte del dique. En 1792, la toma fue totalmente abandonada y aunque parezca mentira, 221 años después el panorama es aún más desolador.

Hasta allí la cronología formal de los hechos, a la que hay que sumarle muchos datos novelescos. Es que se habló de que el constructor se robó parte de los fondos, que hubo una pelea con el fiador de la obra, quien tuvo que vender dos de sus esclavos para recuperar el dinero y una docena de decisiones equivocadas en cuanto a lo técnico para su construcción.

“No se hizo nunca nada, lo único poner una tranquera. Todo es difícil si a los monumentos no le das uso. Deberían ponerlo en valor con información histórica para que la gente tome verdadera dimensión de su importancia. Para que la gente entienda, estamos hablando de la única obra colonial que nos queda a los mendocinos, junto a Las Casuchas en la cordillera, camino a Chile, aquellos refugios que se usaban para la gente cuando cruzaba.

Históricamente Luján es un municipio que no se hizo cargo de las cuestiones patrimoniales”, cuestionó el arquitecto Jorge Ricardo Ponte, investigador del Conicet.

Lo cierto es que al ser Monumento Histórico Nacional, la Toma de los Españoles debería recibir fondos para su puesta en valor de parte del Gobierno Nacional. “Se ha intervenido varias veces, pero los proyectos tienen que pasar por varios estamentos. Hasta que no coloquen una estructura con alguien que cuide del lugar se van a seguir robando todo, como ocurrió con los 250 árboles que colocaron”, agregó Omar Giunta, subdirector del Museo Americanista de Luján.

En diciembre del año pasado, Graciela Moretti asumió su cargo como delegada en Mendoza de la Comisión Nacional de Monumentos Históricos. Al dialogar con ella se nota el cariño que la funcionaria tiene por la obra y su deseo de resguardarla por su importancia para el ADN mendocino. Sin embargo, sin el apoyo y la decisión política detrás, el corazón siempre pierde ante el desinterés.

“La que destina presupuesto en la Comisión es la Dirección Nacional de Arquitectura, que depende del Ministerio de Planificación General, la cartera de De Vido. Yo he estado algunas veces en el lugar y la puesta en valor está en una lista de prioridades”, aseguró Moretti.

Mientras tanto, el lugar sigue olvidado, siendo escenario de asados de amigos de día y de refugio para parejas en las noches. Allí donde la historia debería volverse presente, no hace más que quedar en el pasado, como un abuelo sabio abandonado en un geriátrico.

Los Andes: sábado, 06 de abril de 2013

 

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