Similitudes y diferencias de Napa Valley californiano con sus primas sureñas de Tunuyán, Tupungato y San Rafael.

En el imaginario colectivo, Napa se presenta como una vasta región vitivinícola del estado de California, hogar de las mega bodegas americanas y desde donde sale todo el vino de los Estados Unidos. Nada más alejado de la realidad. De acuerdo a la prestigiosa International Food and Wine Society, Napa produce sólo el 4% del vino californiano y en proporción sólo aporta el 0,4% de todo el vino del mundo. Tampoco hay bodegas gigantescas, de hecho, el 95% de las mismas son emprendimientos familiares y el 67% de ellas sólo produce 5,000 cajas al año.

El Valle de Napa tiene un área de sólo 241 km2 y, junto con Sonoma (Valle de la Luna, de acuerdo al dialecto nativo aborigen) y el distrito de Mendocino County, forman la elite del tridente ofensivo californiano que dará batalla en cada rincón del planeta en donde haya una degustación.

Ahora bien, ¿qué es lo que hace a la pequeña Napa tan especial?. Empecemos por la composición del terroirEn esta diminuta franja de territorio se pueden encontrar la mitad de los tipos de suelos existentes en el mundo. Por si fuera poco, Napa posee un clima mediterráneo seco, sólo presente en el 2% del planeta e ideal para la producción vitivinícola. Sin embargo, esa combinación privilegiada no fue lo que hizo de Napa lo que es hoy. Veamos lo que ocurrió.

Las primeras vides fueron plantadas en 1838 y la primera bodega se estableció recién en 1861. Pasaron 100 años de un lento crecimiento en las sombras hasta que en 1960 empezaron los emprendimientos más grandes y conocidos, dando lugar a las 430 bodegas que habitan hoy el valle napeño. Sin embargo, el punto de quiebre ocurrió en 1976 cuando se celebró el “Decisorio de Paris”, una competencia internacional de expertos bajo el método “blind-tasting” o cata a ciegas. Un cabernet sauvignon y un chardonnay se llevaron todos los honores, hasta ese entonces sólo reservados a los vinos de Bordeux y Burgundy. Ahí, en ese preciso momento, esta pequeña región cambió su destino para siempre.

La experiencia Napa

“Cuando uno visita Napa se palpita esa sensación confusa y agradable que sentimos en aquellos lugares que no conocíamos, pero que sin lugar a dudas, nos son muy familiares. La riqueza paisajística de Napa tiene postales de TunuyánTupungato y San Rafael. Existe una comunión de olores, colores y sabores que inmediatamente nos transportan a lugares que ya hemos visitado alguna vez. La ruta del Vino de Napa se entrecruza en algún punto con las de Tupungato y Tunuyán. Existen similitudes arquitectónicas y algunos diseños faraónicos (o directamente bizarros) que también hemos visto en algunas bodegas mendocinas”, asegura el mendocino Valentin Bourguet, un mendocino afincado hace 10 años en Napa.

Valle de Uco, un paisaje similar al de Napa.

Es verdad que a diferencia de las regiones mendocinas mencionadas, Napa ha abusado un poco del confort y la practicidad, asfaltando todo lo que se pudo asfaltar. Ese detalle, le quita ese rasgo de rusticidad que tan bien congenia con la industria del vino. Napa sería todavía más bella si se hubiesen mantenido algunos caminos de tierra tal cual hicieron con sus antiguos puentes de piedra.

Por otro lado, siguiendo la vanguardia tan estadounidense y en contraste de lo que ocurre a nivel local, Napa ha potenciado su desarrollo al máximo. Para empezar, en 1968 se logró la ley de suelos protegidos, otorgando exenciones impositivas a aquellos que destinaran sus tierras a la producción vitivinícola. Eso tuvo un impacto directo en el crecimiento de la producción y en la preservación de sus mejores tierras.

Esta pequeña región aporta a la economía americana U$S 50.000.000 por año, de los cuales U$S 13.000.000 tienen impacto local. De acuerdo a la Asociación de Viñateros de Napa (NVV, por sus siglas en inglés), la industria del vino y las actividades asociadas generan 46,000 empleos locales y 300,000 a nivel nacional.

En Napa se puede constatar lo que es el trabajo en equipo entre distintos privados y el gobierno local, estatal y federal respectivamente. Por si se olvidaron, esta región sólo produce el 4% de todo el vino estadounidense, haciendo su logro todavía más remarcable. 

Napa Valley, inversiones millonarias en infraestructura

“A modo de ejemplo, vemos la sinergia creada entre bodegas y restorantes de primer nivel, lo que normalmente llamamos industrias complementarias. No existe otra región vitivinícola en el mundo que tenga tantos restaurantes con estrellas Michelin como Napa, donde ya hay más de 100 restaurantes de primer nivel. Ni siquiera Buenos Aires puede competir con la pequeña Napa en este concepto….”, explica Borhuet, quien asesora comercialmente a bodegas argentinas que quieren comenzar su experiencia en esta notable zona vitivinícola estadounidense.

Por su parte, y deteniéndose en el negocio gastronómico, los amantes de la buena mesa encuentran en Napa el lugar de sus sueños, dada la diversidad y concentración de restaurantes de primer nivel. Además, por supuesto, quieren conocer y deleitarse con sus vinos y paisajes. Los amantes del vino llegan atraídos por las bodegas y claro está,  también quieren disfrutar algún restaurant mundialmente premiado.

Eso hace que el Enoturismo traiga 5 millones de personas por año a esos 241 km2, los cuales llegan en autos, buses, trenes y aviones. Todo señalizado, nunca te perdés en la ruta del vino. Hoteles temáticos y almacenes de productos artesanales acompañan e integran el paisaje. Todo genera riqueza en armonía, de la mano de una estética cuidada y uniforme.

 

A modo de reflexión, el propio Bourguet, se anima a dar algunas pautas que a su criterio serían interesantes: “Mendoza, en su conjunto, debería implementar algunas de estas recetas. Para empezar con una meta alcanzable, grupos de bodegas vecinas podrían juntarse con sus correspondientes municipios para crear y diseñar una estética asociada con el vino en sus respectivas zonas. Se podrían remodelar los caminos del vino, mejorar su señalización y fomentar más otras actividades asociadas a la industria, como la gastronomía y el comercio de productos integrados al vino. Un mejor desarrollo atraería más turistas a más bodegas, es más, ¿por qué no soñar con un tren del vino?

 

Al fin y al cabo, las regiones vitivinícolas mendocinas ya tienen los activos más importantes, es decir, los colores (paisajes) y los sabores (vinos). Ahora falta potenciar el resto”.

Fuente: Guarda 14

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