Una bruma de vapor envuelve el andén, se siente el crepitar de los vagones que arriban a la estación de San Fernando, el sonido del silbato llama a los pasajeros que emocionados suben al tren. En el interior, acomodados en los asientos de madera y suave pana roja, envueltos en la cálida luz de las tulipas, observan un paisaje de viñedos y casonas que asoma a través de las ventanillas.

El “Tren del Vino” de Colchagua, una antigua locomotora a vapor (conformada por tres vagones de primera clase y un comedor) importada a Chile en los años veinte desde la fábrica Linke-Hofmann y que ha sido reacondicionada para preservar sus detalles originales, comienza su viaje por el valle pasando por las antiguas y modernas bodegas de la zona. En la misma, que se encuentra a 200 kilómetros al Sur de Santiago, maduran las uvas que dan el sabor y aroma a distinguidos vinos que pertenecen a tradicionales marcas como: Bisquertt, Casa Silva, Lapostolle, Cono Sur, Jacques & François Lurton, Laura Hartwig, Montes, MontGras, Selentia o Viu Manent.

En el recorrido de 40 kilómetros, los pasajeros pueden apreciar cómo se conjugan las modernas y ancestrales tradiciones: las antiguas haciendas con sus mansiones albergan equipos tecnológicos de última generación. Mientras se deleitan con una selección de los mejores varietales y vinos maridados con los exquisitos quesos de Colchagua, que significa Valle de pequeñas lagunas y fue tierra de aguerridas tribus mapuches, pueden apreciar los campos de viñedos que fueron adquiridos por las familias más tradicionales del país, luego de que Chile iniciara su proceso de independencia de España en 1810. Estas tierras de grandes extensiones conservan las maravillosas mansiones y haciendas, tal como fueron construidas en los siglos XVIII y XIX.

En la región, el clima mediterráneo con estaciones muy marcadas, oscilaciones térmicas y un régimen de lluvias y altitud asegura una tierra fértil y apta para la agricultura, especialmente para el cultivo de la vid. Junto con el valle de Cachapoal y de Maipú, compone la zona vitivinícola por excelencia de Chile. Eso se suma al uso de tecnología de vanguardia y a la incansable creatividad del hombre, lo que ha impulsado una pujante industria vitivinícola, que ha alcanzado un impresionante desarrollo con la producción de vinos con los mejores estándares mundiales que abastecen el mercado local y se exportan a otros países.

Además el viajero puede encontrar en el Valle de Colchagua hoteles temáticos de gran categoría; el Museo de Colchagua, un recorrido histórico para conocer la cultura de pueblos indígenas originarios como los mapuches, los aymara y las tribus de la Isla de Pascua; la primera y más organizada Ruta del Vino creada en Chile; y las bodegas de la zona que ofrecen visitas guiadas para conocer en profundidad la elaboración del vino.

Pero, sin lugar a dudas, la experiencia de subir al “Tren del Vino”, que con su locomotora a vapor recorre las tierras de sol y viñedos, es una experiencia que transporta a los pasajeros a otro mundo y otro tiempo.

 por Gabriela Marcucci