Atractivos de Agrelo

Atractivos de Agrelo

Este distrito de Luján de Cuyo es, sin duda, una de las zonas más bellas de Mendoza y, cuando se piensa en visitar bodegas, se proyecta como un sitio insoslayable. 

Ese tramo de la calle Cobos que afortunadamente queda sin asfaltar, el que nace en la Ruta 7 y se topa con la finca de Chakana; esos escasos dos kilómetros, son de los sitios más inspiradores de Mendoza. Incluso, cuando uno está allí, piensa que del mundo entero.

Es que el marco que logran las fincas, los álamos altos, los viñedos en espalderas y sus lomas suaves, con la cordillera como telón de fondo es realmente magistral; demasiado complejo como para describir con palabras toda esa potencia pictórica. Lo mismo ocurre con el chillido de los teros, con el silbido del viento sacudiendo los árboles y hasta con el aroma que tiene la zona alta de Agrelo, especialmente en noviembre, cuando se cosecha el ajo y la brisa suave arrastra su esencia.

Así parece haber sido desde siempre. El distrito de Agrelo, uno de los más grandes del departamento de Luján de Cuyo, es una zona de fincas bien tradicional, especialmente de viñedos. Tiempo atrás, era toda una sola finca inmensa, propiedad de los Funes, una familia de viejo arraigo, cuyo campo se extendía desde la actual Ruta Provincial 15 hasta las primeras estribaciones de la cordillera e incluía casas, caballerizas, canchas de tenis, pileta y hasta una pista de aterrizaje.

En aquellos años de principios del siglo XX, la construcción del Dique Cipolletti en 1910 cambió el panorama al permitir derivar el agua del deshielo a las fincas. Allí realmente se colonizó Agrelo, y apellidos como Baldini o Furlotti se hicieron fuertes en la zona con varios cientos de hectáreas, gran parte de las cuales eran de viñas.

Aunque su fisonomía se ha visto modificada por la silueta de las múltiples bodegas que allí se instalaron, el centro del pueblo continúa teniendo la eterna dinámica de cualquier pueblo rural, siempre inmutable. Salvo que en vez de una plaza hay un boulevard, y que no hay iglesia ni municipalidad. Un almacén, una carnicería y una verdulería hacen las veces de centro urbano, no más. Después de eso, sólo hay viñedos y detrás las montañas; todo un paraíso.

La llegada de las bodegas

La zona de Agrelo es un abanico aluvional que se formó a partir de la sedimentación de la carga sólida transportada por corrientes fluviales de la cordillera, que termina en lo que se llama “los cerrillos de Lunlunta”. Esa parte baja, aproximadamente 800 metros sobre el nivel del mar, es lo que bien podríamos llamar la barda de Agrelo. La parte alta, más hacia el oeste, supera los 1.000 metros de altura.

Si bien es cierto que desde siempre, en esta parte cool de Agrelo (la más alta), bodegas tradicionales como López, Norton, Pulenta, Giol, Benegas o Esmeralda tenían extensas fincas plantadas con uvas finas, a principios de los ’90 las lustrosas bodegas que se yerguen hoy día no tenían lugar ni en la ciencia ficción.

Más allá de que en la entrada del distrito (parte baja) en 1959 se empezó a levantar Chandon, la pionera en instalarse en la zona, la fundación del Agrelo moderno, tan de moda en los últimos tiempos, empieza en 1993, cuando Manuel Mas comienza a construir una pequeña bodega para producciones limitadas de vinos de alta gama. Era un viñedo bastante salvaje, al que bautizó Finca La Anita en honor a su madre.

Tras la apertura de La Anita, la sucesión de bodegas que se establecieron en la zona fue constante y aún no ha terminado. Dolium abrió sus puertas en 1998, la pirámide de Catena Zapata en 1999, Séptima en 2000, Pulenta Estate en 2001, Chakana y Ruca Malen en 2002, Tapiz y Domino del Plata en 2003, y Melipal en 2007. Luego llegaron Belazco de Baquedano, Piattelli, DeCero, Bodegas Huarpe, Bressia, Navarro Correas Agrelo, Trapezio y Budeguer.

La seguidilla fue interminable, y todas nacían con una arquitectura e importancia soberbia, como haciendo gala de la zona en la que estaban. Paralelamente, la apertura del Cavas Wine Lodge significó una bisagra para el turismo no sólo en el distrito, sino también en la provincia, sumando una completa gama de servicios como alojamiento, restaurante, spa, excursiones, todo de primer nivel.

¿Cuáles fueron los motivos de esta revolución que vivió Agrelo? La cercanía con la ciudad, las condiciones topográfícas y climáticas excepcionales y, lógicamente, su entorno. No hace falta aclarar entonces que los precios de la tierra en Agrelo no son los mismos que hace años. Hoy, la hectárea en una finca en producción es prácticamente imposible que baje de los u$s 50.000 o u$s 60.000. Así y todo, son muy pocos los viñedos en venta.

Los vinos de Agrelo

Lógicamente, vinos con uvas de Luján de Cuyo pueden encontrarse de muchos estilos diferentes. Así y todo, en términos generales puede decirse que la gran mayoría va por el lado de la mermelada, de la fruta y, en algunos casos, de un toque goloso. Difícilmente las cepas tradicionales en Luján tengan problemas para madurar, y a veces eso ha jugado en contra, especialmente por la falta de acidez que se percibe en algunos tintos y blancos. Afortunadamente, los ejemplares de alta gama de la llamada Primera Zona (Maipú y Luján de Cuyo) han modificado bastante esa densidad mediante distintos métodos (diferentes puntos de cosecha, manejo de viñedos, agregado de ácido tartárico).

En este marco, Agrelo, que también cuenta con ejemplares de los más diversos estilos, es uno de los pocos terruños donde, por lo general, los vinos logran cierta agilidad en boca, cierto paso fresco, evitando así el aspecto goloso. Es que Agrelo es una zona fría pero de mediana altura (entre los 800 y los 1.050 metros) y sus suelos, al ser aluvionales, están formados por capas de arcilla, arena, etcétera. Esa heterogeneidad permite una variabilidad importante en el crecimiento de la planta, lo que luego se traduce muchas veces en complejidad; en, justamente, capas de sabores.

Por otro lado, el hecho de que muchas bodegas que se instalaron en la zona se abastecieran únicamente de sus propios viñedos hizo que, con mención explícita en la etiqueta o no, se elaboraran varios single vineyards.

Otro rasgo que puede percibirse de este terroir, incluso en tintos de estructura marcada, son los taninos redondos, algunas veces dulces. Además, el malbec, en algunos sectores altos, suma una nota similar al té, que algunos identifican con un cierto especiado vegetal. En general, y sin que suponga esto algo positivo, allí son vinos más dóciles, redondos y con menos aristas que, por ejemplo, los del Valle de Uco.

Parecería, a veces, que los blancos y tintos que aquí nacen son capaces de lograr la armonía del paisaje de Agrelo. Un paisaje y un entorno que ojalá no modifique en mucho su semblante tan celestial, tan de paraíso terrenal con cordillera que, por sus vinos y su entorno, inspira como pocos sitios en el mundo.

 

Fuente: Cronista.com/3dias, por Giorgio Benedetti

 

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