En el último tiempo Barreal se ha transformado en el destino sanjuanino predilecto de visitantes que llegan desde los cuatro puntos cardinales ¿Cuál es la magia que encierra este pueblo? Nos aventuramos a descifrarlo.

Barreal cautiva por su belleza austera. Atrapa su sencillez. Enamora que no se sepa tan linda y en ello reside el encanto de este árido paraíso. Doscientos treinta y ocho kilómetros separan a la capital mendocina, nuestro punto de partida, de este pequeño pueblo en el corazón del Valle de Calingasta. Poco a poco el camino se abre, la ruta se vuelve un fino trazo que se pierde en el llano y a nuestra izquierda se perfila un espejo blanquecino: la Pampa del Leoncito.

 

Entre la pampa y la Cordillera 

Conocida también como Barreal Blanco son 14 kilómetros cuadrados los que componen esta pampa que supo ser una laguna, hoy seca. La compacta arcilla que posee su suelo no permite que ningún arbusto crezca, su forma resquebrajada por el sol imita un mapa que se extiende eterno. En el horizonte se delineada la Cordillera de los Andes caprichosamente manchada por la nieve. 

 

El paisaje invita a la contemplación. Sin embargo, este liso territorio es el escenario donde amantes de la velocidad practican carrovelismo. Para aquellos que lean la palabra por primera vez, esta actividad consiste en un pequeño auto a vela de tres ruedas, que admite un máximo de dos pasajeros. Su pequeño volante permite trazar la dirección que dicta el viento, aquel que sopla todavía más fuerte cuando empieza a caer la tarde en el Barreal Blanco, y a veces alcanza hasta más de 80 kilómetros por hora. “Es como volar al ras del suelo” dicen quienes lo han practicado.

 

A pocos kilómetros a la derecha, el Parque Nacional el Leoncito posee una serie de miradores que ofrecen una panorámica vista del Barreal Blanco y la Cordillera de la Ramada, donde descansa la impetuosa figura del Mercedario, que con 6.720 m.s.n.m es la cumbre sanjuanina más alta. 

 

Senderismo por el “Paisaje del agua”, un recorrido de una hora donde se pone de manifiesto la importancia de este elemento en el territorio, trekking por el cerro El Leoncito que lleva alrededor de cuatro horas o una caminata de veinte minutos con destino a la cascada “El Rincón” son algunos de los atractivos que nos recomienda el guardaparque.  Las alamedas delimitan el camino, que se puede realizar tanto a pie como en auto, queda librado al tiempo y las ganas de los visitantes.

 

Manto de estrellas

“Comenzaremos por Marte y Saturno. Tómense el tiempo necesario para verlas. Nadie los apura. Guarden la imagen en la retina”. Esa es la recomendación de nuestro guía de la visita nocturna en el observatorio Dr. Carlos U. Cesco en El Leoncito.  Luego, con un puntero láser, nos indica el resto de estrellas que observaremos, a lo largo de la visita, con el telescopio. Es una noche sin luna y las estrellas fugaces no se hacen esperar. Encandilados por la belleza, nadie puede quitar los ojos del cielo.

 

Con casi trescientos días despejados al año, Barreal se caracteriza por un cielo diáfano difícil de encontrar en otros sitios y al cual le debe que en sus tierras se encuentren dos observatorios de fama internacional y la reserva astronómica más importante del país: CASLEO y, el ya mencionado, Carlos Cesco. Las visitas pueden ser tanto diurnas,  donde se conocen las instalaciones, como nocturnas. Si se acude de noche, dos recomendaciones: hacer reserva y llevar abrigo. 

 

Posada Paso de los Patos

Para el que viaja siempre está la fantasía de dejarlo todo y mudarse a aquel lugar que nos enamoró. Muchos lo añoran, menos son los que lo llevan a cabo. Sin embargo, las hermanas Cristina y Claudia Parenti, y sus respectivos maridos Alejandro Gowland y Aurelio Martín convirtieron ese sueño en realidad.

Luego de un viaje en el que recorrieron varias provincias, se enamoraron de Barreal. “Vinimos de turistas” cuenta Alejandro. “Teníamos ganas de hacer algo propio y nos enamoramos de este lugar”. Tras dos meses de intensa búsqueda compraron un terreno privilegiado a orillas del río y al pie de Los Andes. Dejaron sus trabajos en Buenos Aires, le comunicaron la decisión a sus hijos: “A ellos les gustó la idea. Les pareció que estaba bien tener nuevos proyectos” relata.

Así comenzó esta aventura que culminó con la construcción de lo que hoy es la Posada Paso de los Patos, un complejo de once cabañas cuyo nombre homenajea la travesía sanmartiniana de liberación. Techos altos de caña, paredes revestidas de adobe, galerías, inmensos ventanales, un gran patio seco que da la bienvenida y la sensación de que cada detalle ha sido pensado es el resultado final. Quince días atiende la posada un matrimonio y quince días otro. Esa es la fórmula perfecta para estos cuatro porteños que reparten su tiempo entre Barreal y la Capital.

Anfitriones que hacen sentir a sus huéspedes como en casa es la receta de esta hostería. Cristina nos ofrece scons recién sacados del horno y yogur casero en el desayuno mientras entabla conversación con las distintas mesas del comedor.

¿Qué tal el nuevo comienzo? “La verdad, no hay quejas”. Sentencia Alejandro.

 

Fuente: Los Andes

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