Una de las tantas actividades que podemos hacer cerca de Barreal es mountain bike.

Martín nos está esperando al costado de la ruta con sus bicicletas, especiales para recorrer este terreno de piedras y arena. Cada uno con su casco, nos disponemos a pedalear en una superficie que no resulta nada fácil.

La promesa de llegar hasta una gran piedra repleta de petroglifos y el entusiasmo del grupo hacen que nos pongamos en marcha y tomemos ritmo. El lugar es increíble.

No caben dudas de que uno de los mayores cuidados del parque tiene que ver con el cielo. Muchos factores pueden atentar contra ello, por eso la información y la cartelería hacen referencia a su cuidado y la responsabilidad del visitante. La pasión se percibe en cada gesto de Mónica Sosa, la guardaparque que ya lleva más de cinco años en el lugar y que nos recibe con una amplia sonrisa. Nos acompaña por los senderos mientras cuenta la historia de este parque, que comienza con la estancia que le da el nombre.

 

Hay manzanares históricos, de más de cien años, con unas quince variedades de la fruta y cuatro de peras que pertenecían a la antigua finca. Desde el Mirador del Manzanar se aprecia en todo su esplendor del cordón de Ansilta, el cerro Mercedario y el cordón Del Plata. La nieve y los glaciares descargan sus aguas durante el deshielo en el río Los Patos. 

 

Adentro del parque hay sector de camping, miradores y senderos autoguiados, como el de la cascada El Rincón, Paisajes de Agua o el sendero al Cerro El Leoncito, cuyo recorrido tiene unos siete kilómetros y llega a los 2.519 msnm. La vista desde allí es maravillosa. Valió la pena el esfuerzo de unas horas de caminata, en la que se pudo observar la adaptación de las plantas al árido terreno y la inmensidad que se extiende bajo el cielo nítido hasta tocar la cordillera.

Luego de un descanso para contemplar el paisaje desde la cima, el grupo emprendió el regreso con la mira puesta en comer un rico asado con la promesa de probar el corte de carne emblema de la provincia y próximo a postularse como patrimonio de la humanidad, según bromas de los anfitriones: la famosa punta de espalda, según dicen, tiene la forma de la provincia… Luego de probar este exquisito corte, asado con impresionante maestría, llego a la conclusión, según mi veredicto y amplio conocimiento en el tema, que posee todos los méritos para ser declarado patrimonio de la humanidad… aunque por ahora sea patrimonio de San Juan. Por lo que es imprescindible no dejar de probar semejante atractivo gastronómico cuando se visite la provincia.

 

En las sierras del Tontal, en Calingasta y en las cercanías del parque, sorprende el cerro Alcázar. Sus formas y color blanquecino, que contrasta con el azul del cielo, hacen que se lo compare con un gran castillo medieval. Algunas leyendas también contribuyen al romanticismo del paisaje, que es paso obligatorio para tomar fotografías sorprendentes. 

 

Muy cerca se encuentra la localidad de Tambería, que se caracteriza por sus tapiales de adobe. El municipio está rescatando esta característica y poniendo en valor su personalidad. La escuela, el cine, la antigua cárcel del pueblo y su pasado de adobe. El noble material con el que se construyen sus casas, da abrigo en invierno y aislación en el verano. La idea es recuperar las técnicas de construcción antiguas, las comidas típicas y su forma de cocción. Para ello fue necesario convocar y entrevistar a los pobladores más antiguos de la zona, haciendo de parte de San Juan un circuito ideal para recorrer admirando un paisaje que es realmente un viaje  hasta las estrellas.

 

Fuente: Weekend, por Patricia Mogni

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