San Rafael, en el sur de Mendoza, presenta todos los atractivos para entretenidas vacaciones.

“La carne a la masa fue declarada plato patrimonial. Históricamente se hacía en las fincas con carne vacuna macerada en vino y condimentos como ajo, ají molido y orégano. Luego se envolvía en el cuero del animal -reemplazado más tarde por la masa-, y se cocinaba 3 a 4 horas en horno de barro. Era frecuente cocinarla para festejar y recibir porque rinde mucho y mantiene el calor”, cuenta la cocinera Ana Paula Gutiérrez en la sala de visitas de Bodegas Bianchi, en San Rafael, Mendoza.

El pastel, que tiene su propia fiesta regional, se abre por la tapa con un cuchillo como un regalo y muestra, orondo, la carne blanda y húmeda de vino. Se supone que la masa se tira pero no conviene: envuelve la lujuria de la carne. Resulta perfecto para acompañar un Chardonnay del año: los expertos señalan esta tierra como la cuna ideal de esta cepa.

En cambio para Silvio Alberto, enólogo de la añosa bodega que sigue en manos de sus fundadores, la familia Bianchi y sus primos Stradella, San Rafael es perfecta para desarrollar enjundiosos Cabernet Sauvignon como el tradicional Bianchi Particular 2017, entre otras etiquetas.

La bodega, que se puede recorrer en bicicleta y desde este verano también a caballo, es una de las posibilidades enoturísticas de San Rafael, con más de 40 establecimientos abiertos a los visitantes.

 

Una buena manera de perderse

Se trata de una ciudad mucho más chica que la capital del vino pero igual de atractiva ya que conserva el aire íntimo y la cordialidad de sus habitantes, sin desdeñar las montañas, los ríos Atuel y Diamante y sus embalses. Como el Dique Los Reyunos y la belleza de su enorme espejo de agua sobre el cual se puede practicar tirobangi, entre otros deportes náuticos.

Aun San Rafael guarda tesoros escondidos como el Laberinto de Borges, paseo detenido en el tiempo, homenaje de la familia Aldao, construido en su estancia Los Álamos, lugar donde el escritor disfrutó largas temporadas de descanso.

En la sala de tertulias de la bella casona de 1830 -¡con 17 habitaciones!-, Nacho Aldao cuenta la historia del laberinto, de trazos místicos. “Mi tía Susana Bombal y Jorge Luis Borges se hicieron amigos en un casamiento en Buenos Aires. La ligazón fue profunda gracias a su pasado en común: familias anglófilas con lecturas parecidas y crianzas victorianas”, dice.

Randoll Coate, entonces secretario de prensa de la Embajada Británica, fanático del autor de cuentos maravillosos como Ema Zunz, también frecuentó a Susana. Gracias a ella pudo conocer a su autor favorito. Cuando culminó su carrera diplomática volvió a Londres y se convirtió en el mayor diseñador de laberintos de los castillos de Europa.

En 1979 Coate sueña que Borges muere, cinco años antes de su muerte real. En el sueño pensaba homenajear al autor y realizar un monumento sin nada frío de piedra o metal: tenía que ser un laberinto. Dibuja su idea y le envía una carta a su amiga argentina contándole su visión onírica. “¿Será en Recoleta, será en San Isidro? No sé, pero en el sueño estabas vos.”, decía en la misiva.

Cuando muere Susana, entre sus cosas Camilo Aldao encuentra la carta y el dibujo. Conmovido -era su sobrino nieto dilecto-, piensa que es un mensaje y una misión que debe cumplir. “Decide viajar a Londres para ver a Randoll. Fascinado, el inglés se entusiasma y decide donar su trabajo”, cuenta Nacho entre fotos viejas y cuadros originales de Soldi y Basaldúa en una casa de ensueño perpetuada en el tiempo.

María Kodama estuvo de acuerdo: durante diez años intentaron hacer el laberinto en la ciudad de Buenos Aires sin éxito. Hasta que recién en 2003 se concretó en San Rafael gracias a Camilo, Carlitos Thays (sobrino-nieto de Charles) y tres amigos, Mauricio Runno, Andrés Ridois y Javier Mortarotti, que lo ayudaron en la tarea, entre otros colaboradores como Oscar Rinckeisen.

Vale perderse entre los 2500 m de senderos que se bifurcan, formados por 8000 plantas de buj (boxus supervivens) que moldean las letras de Jorge Luis Borges y María Kodama doblemente, ya que se reflejan en un espejo imaginario. O hundirse en la O que se vuelve reloj de las arenas del tiempo, o en la S que se convierte en signo de pregunta, perplejidad y asombro: todos los grandes temas del autor del Aleph están contenidos en la simbología del laberinto. O asomarse por la ligustrina y descubrir el lugar donde descansan las cenizas del verdadero mentor de este lugar, Camilo Aldao.

Las letras y formas mencionadas se visualizan desde la torre del mirador o en la maqueta del museo donde se exhibe un documental con toda la historia: Jardín de Sueños (2014) de Alejo Yael y Javier Tanoira, disponible en YouTube.

En la cercana Pulpería se ofrece la carne a la masa pero dentro de una empanada (“la única empanada de carne con vino del país, con más de 150 gr”, dice Nacho), asado y otros platos self-service para llevar a las mesas bajo los árboles en coquetas canastas con vinos de la bodega Bombal y Aldao. Está abierto todos los días del año aunque conviene llamar porque el camino de tierra, si llueve se complica.

Para alojarse en esta tierra de viñedos se puede optar por los hoteles del centro de la ciudad o las cabañas más cerca de la naturaleza en lugares como Villa 25 de Mayo, a sólo 15 minutos del centro. 25 de Mayo surgió en 1805 y fue el primer asentamiento del departamento. Su fuerte fue recuperado en forma reciente y declarado Monumento Histórico Nacional.

 

Paseos

Laberinto de Borges. Abre de lunes a domingos de 9 a 22.30. Calle Bombal s/n cuadro Bombal, Cuadro Nacional. 0260 15 463-8780, info@laberintodeborges.com.

En el dique Los Reyunos. De 15 a 20 minutos, tirobangi. Apto para todo público, incluyendo personas en sillas de ruedas. Se ofrecen canoas con capacidad para 3 personas y parribalsas, curiosas embarcaciones que incluyen una parrilla para hacer el asado y pasar el día en el agua. Muy cerca, el predio de la Universidad Tecnológica Argentina tiene dormis para pasar la noche a precios muy accesibles.

 

Tour entre viñedos

Bodegas Bianchi. Ruta 143 y Calle Valentín Bianchi, Las Paredes. Abre de lunes a sábados de 9 a 17.30 Enero y febrero, todos los días. Se ofrecen distintos tipos de visitas guiadas: degustación clásica, verticales, viñedos, picadas con los ahumados de Secretos del Monte.

Alfredo Roca. Ruta P. 165 esq. Calle La Pichana, Cañada Seca. Lunes a viernes de 7.30 a 16.30. Ofrecen picnics y degustaciones.

Bodega Goyenechea. Calle Sotero Arizu s/n, Villa Atuel. Horarios de visita: lunes a sábados y feriados de 10 a 17.30 hs. Visita y copa de degustación sin cargo. Picadas y degustaciones.

Bodega y restaurant Familia Ibarra. Cubillos 3550, Rama Caída. Pequeña producción de vinos cuidados a cargo del enólogo Edgardo V. Ibarra. Restaurant en estilo gourmet. Conviene reservar.

Bodega Jean Rivier. H. Yrigoyen 2385. Lunes a viernes de 8 a 12 y de 15 a 19; sábados de 8 a 12. Picadas y degustaciones.

Finca Paru. Jensen norte. Lunes a sábados de 9 a 19. Productos elaborados con ingredientes orgánicos.

Pulpera de San Rafael. Excelente y novedosa pulpa deshidratada de tomate, durazno, damasco, membrillo, ciruela D’Agen y Santa Rosa, pera, entre otras frutas, sin conservantes, espesantes ni edulcorantes. Para visitas y compras llamar previamente. Barcala 725, San Rafael.

 

Fuente: La Nación por Silvina Beccar Varela

Artículos Relacionados