En el Departamento Las Heras, provincia de Mendoza, se encuentra el Parque Provincial Aconcagua.

El Parque Provincial Aconcagua fue creado en 1983 con el fin de salvaguardar a los glaciares como reserva hídrica, proteger la vegetación y fauna autóctona y dar un marco propicio al andinismo. Ocupa una superficie de 71.000 hectáreas y a él se accede desde ruta 7, a la altura de Puente del Inca. Al ingreso, en el Centro de Visitantes, se exige como trámite obligatorio registrarse.

 

El parque, como área natural, está en la cordillera de Los Andes, en el llamado piso alto andino, donde se erige el cerro Aconcagua, el más alto de Sudamérica, e importantes glaciares, fuente de vida de gran parte de la población de Mendoza.

 

La mayor superficie del parque es árida, pero se pueden identificar cuatro pisos de vegetación, que se diferencian por la altura.

Se contabilizan 200.000 visitantes anuales al circuito Horcones, de los cuales unos 8.000 realizan trekking y ascienden al Aconcagua, uno de los principales atractivos naturales de la provincia.

 

Ascenso al Confluencia

El grupo se concentró en el lugar llamado Horcones, a 2.800 metros sobre el nivel del mar, y desde allí partió poco después del medio día. Cada integrante carga sus enseres (abrigos, alimentos y agua) sobre sus espaldas.

 

Los primeros dos kilómetros se hacen por una calle que finaliza en el Centro Operativo de Guardaparques, donde se desarrolla el circuito Interpretativo laguna Horcones de aproximadamente una hora, la versión más corta y accesible a todo público. 

 

A continuación el trayecto es por un sendero zigzagueante de montaña, que comienza a subir a la vera del valle del río Horcones. La vegetación se reduce a muy pocas especies, el pasto coirón, rayitos de sol y un arbusto espinoso de flores amarillas llamado “cuerno de cabra”, pero en las tierras bajas el verde se multiplica por la presencia de vertientes.

La larga caminata sumada a la disminución del oxígeno, demanda cada vez mayor esfuerzo, la respiración se agita y cada paso exige mucha concentración y los bastones son fundamentales.

Tras una hora de marcha llegamos al puente colgante que cruza el río, primer descanso de la travesía.

 

A pesar de las dificultades que encontramos al andar, los comentarios son de admiración por las postales que se observan: los colores de los minerales en la roca, el contraste de texturas, el enorme espacio que nos encierra en el valle y al fondo, nuestro objetivo.

 

El trayecto avanza por la ladera, una huella angosta con piedra suelta, que encolumna a los caminantes. Casi no se habla, porque el aire es vital, sólo se escucha el golpe de los bastones en la piedra. La subida es constante y a lo largo de 10 esforzados kilómetros, la altura afecta a varios al plantar límites.

A medida que trepamos a la distancia se ve una bandera argentina que el viento mantiene desplegada; luego, la casilla de los guardaparques y el campamento. Parece que está al alcance, pero cuesta llegar, el cartel en el ingreso al campamento marca “Confluencia 3.400 metros sobre el nivel del mar”. Hasta ese punto ya caminamos cuatro horas y media.

 

Campamento

El campamento Confluencia (nombre por la unión de los ríos Horcones, Superior e Inferior), está en una pampa rodeada de montañas y es lugar de paso y descanso en el camino hacia Plaza de Mulas y Plaza Francia. Cuenta con agua potable, espacio para armar carpas y distintas empresas brindan servicios de alojamiento, sanitarios y gastronomía.

Grandes domos de colores albergan a los comedores y carpas cilíndricas sirven de dormitorios y cocinas.

Nos alojamos en carpas colectivas, para 10 personas, pero otros optan por la privacidad y alquilan carpas con capacidad para dos e incluso algunos llevan las suyas.

Llegan arreos de mulas cargadas, todo un oficio al servicio del abastecimiento o el traslado de equipo, para aquellos que van dispuestos a hacer cumbre.

Son las mulas con las que se puede llegar hasta los 4.300 metros sobre el nivel del mar y con una carga de 60 kilogramos.

En un primer momento la sombra de los cerros vecinos oscurece el campamento, luego llega el frío y la noche con un cielo inimaginable. El esfuerzo de la caminata y el silencio del lugar invitan al descanso.

 

A Plaza Francia

La luz es un factor transformador del paisaje. El atardecer ilumina ciertas caras de la montaña y el amanecer otras. Para obtener una nueva vista del lugar, salimos de la carpa con las primeras luces y vemos que las formaciones rocosas llamadas “gendarmes” custodian el valle con su cabeza iluminada de sol; el resto, sombras profundas.

Todo es silencio aunque el viento no da descanso a la bandera y comienzan a llegar los arreos. El campamento despierta. Hay grupos que se preparan para subir y se escuchan voces en otros idiomas. Una escenografía cambiante que amerita ser espectador.

Un buen desayuno nos prepara para la larga jornada hacia Plaza Francia.

Con dirección norte avanzamos hasta otro curso de agua que por la mañana es cristalino y por la tarde los deshielos lo pintan rojizo.

Después de 10 horas de caminata, una bifurcación de caminos indica a la izquierda Plaza de Mulas, y a la derecha Plaza Francia.

Comenzamos a trepar con el corazón agitado y transitamos por los bordes del glaciar Horcones Inferior. Una vega deja fluir una vertiente del agua más pura.

Con el correr del tiempo, la tierra desvela sus entrañas de hielo, que se desplazan al derretirse con el sol. El movimiento del glaciar nos toma por sorpresa, arrastra tierra y rocas. Es una masa inabarcable que parece viva y se extiende hasta la pared sur del cerro Aconcagua.

 

Objetivo cumplido

Superamos los 4.000 metros sobre el nivel del mar con un gran esfuerzo, durante el cual cada caminante bucea en su interior, animado por la montaña que provoca una introspección.

 

Pasadas las 14 arribamos al “mirador”, donde una bandera argentina se defiende del viento. Quedamos frente al Aconcagua, llamado el “Centinela de Piedra” y la posición nos permite dimensionar su verdadero tamaño. La pared que enfrentamos es equivalente a unas 30 cuadras de altura.

 

Descansamos protegidos del viento en un refugio formado por enormes piedras y allí compartimos el almuerzo. Renovado el aire por la pausa, se animan las conversaciones en general reducidas a calificativos del Aconcagua.

También hay quien cuenta que hay escaladores que superaron la enorme pared sur, entre los que se destaca un argentino que lo hizo en solitario y le demandó 32 horas.

 

De nuevo en marcha

Nos queda el último tramo. Un sendero que se dibuja sobre el glaciar, baja y sube incontables veces, entre tierra, hielo y rocas.

Después de una intensa hora de marcha arribamos a Plaza Francia, a 4.100 metros sobre el nivel del mar tras 12 kilómetros de recorrido.

El cerro concentra todas las miradas. Roca y hielo. El escenario se completa con la pared sur; un enorme playón plano de tierra por abajo, y el glaciar al oeste, que se recuesta en el cerro y se alimenta de nieve y hielo. “Valió la pena”, nos decimos unos a otros.

 

Algunos desprendimientos de roca y nieve producen gran estruendo, cuando emprendemos el regreso. Nos encaminamos con rumbo sur y dimensionamos todo lo que subimos. El paisaje cambia totalmente desde esta perspectiva. El Aconcagua queda a nuestras espaldas y bajar exige mucha atención.

Al atardecer llegamos a Confluencia. Son las 19 y recorrimos 24 kilómetros de paisajes andinos. Para no perder el calor del cuerpo cambiamos la indumentaria en las carpas. Por la altura y el intenso viento de la noche, la temperatura baja por debajo de cero grado.

Es entonces cuando el domo comedor se llena de los participantes, agotados pero felices, y surgen las anécdotas y experiencias del día vivido frente a la montaña.

 

Las actividades de la jornada finalizan con un ritual de agradecimiento a la Pachamama, con ofrendas entregadas por cada uno. Entendemos que después del acercamiento al Aconcagua ya nadie será igual. La montaña deja marcas. 

 

Regreso

Al irnos a descansar, algunas nubes tapan las estrellas y en esa duermevela, escuchamos un repiqueteo en la carpa. ¿Lluvia o nieve? Me asomo y observo copos de nieve y pequeñas astillas de hielo.

Por la mañana el paisaje es otro. Ya no se ve el Aconcagua por la densa niebla y los cerros próximos están pintados de blanco.

El grupo se reúne junto al mástil y comenzamos a desandar los 10 kilómetros hasta el ingreso.

 

Sin apuros y disfrutando de la naturaleza, bajamos lentamente y a la altura de la laguna Horcones dos cóndores nos hacen un vuelo de despedida. 

 

Llegamos al Centro de Visitantes minutos antes de las 13 y cumplimos con los trámites de registrar la partida.

 

Algunos datos básicos

Toponimia. Aconcagua en quechua significa “centinela de piedra”, y en lengua aymara “monte nevado”.

Ubicación. El Parque Aconcagua se encuentra a 165 kilómetros de la ciudad de Mendoza, y a 75 kilómetros de Uspallata, por ruta nacional 7.

Pionero. El primero en intentar llegar a la cima fue Paul Güssfeldt, explorador alemán, descubridor de la montaña, proyecto que no pudo concretar por una gran tormenta que se desató en ese momento. El suizo Matthias Zurbriggen logró la cumbre el 14 de enero de 1897.

 

Altura. La medición del Aconcagua más utilizada en Argentina, fue la realizada por satélite en 1989, que arrojó un total de 6.962 metros sobre el nivel del mar.

Circuito. El cerro Aconcagua forma parte del circuito de Seven summit, que recorre las siete cimas más altas de los seis continentes (incluye la Antártida).

 

Lo que hay que saber

  • Trekking laguna Horcones: Circuito de una hora de caminata cercana al acceso.
  • Trekking corto: tres días, dos noches: Horcones/ Confluencia (de cuatro a cinco horas); Confluencia / Plaza Francia (a 4.200 metros de altura) cinco horas.
  • Trekking largo: siete días, seis noches: Horcones / Confluencia (de 4 a 5 horas); Confluencia / Plaza de Mulas, 4.260 metros (de siete a 11 horas). Dificultad media.
  • Cumbre: se necesita contratar guía e insume entre 10 a 15 días. Se considera de dificultad media, pero tiene exigencias físicas por la altura.

 

Recomendaciones: llevar ropa para distintos tipos de climas, porque la amplitud térmica entre el día y la noche es muy amplia. Puede llegar a 10 grados bajo cero.

Es imperiosa la hidratación permanente. Las comidas deben ser livianas.

Se puede contratar servicios de alojamiento, transporte y comida para Confluencia y Plaza de Mulas.

La agencia de turismo para gestionar el permiso abre a las 8.

Temporada de visita: se extiende del 15 de noviembre al 15 de abril.

 

Fuente: Voy de viaje, por Gustavo Rebord

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