Son muchos los que eligen realizar este deporte, por salud o placer, aprovechando los escenarios naturales de la montaña y la seguridad de las rutas de la zona. La mayoría arranca en los 30 años.

Incentivada por una amiga, Irupé Montaño (30) se levantó un día a las 6 y se subió a una bicicleta para recorrer los Caminos del Vino. Era pleno verano y recién amanecía. Por eso recuerda lo placentero que fue sentir el aire fresco mientras pedaleaba y miraba todo a su alrededor: los viñedos, la montaña, una que otra bodega asomando con su estructura a la orilla de la ruta 89. “Dije: ¡guau!, qué lindo. Quizá uno caminando o en auto no observa todo esto, no escucha el ruido de los pájaros, ahí arriba sentís todo eso y dije sí, andar en bici es lo que quiero, me encanta”, describe esta tupungatina.

Como la de esta joven, son muchas y cada vez más las historias personales que han llevado a que los últimos años se haya convertido en tendencia la práctica del ciclismo de montaña o mountain bike en el departamento. Las razones que motivan a realizar este deporte son variadas y van desde la búsqueda de beneficios para la salud hasta el placer de tenerlo como hobby pasando por usarlo para descomprimir el estrés de la rutina y el entrenamiento que tiene como meta la participación en torneos provinciales y nacionales, en los que varios tupungatinos han obtenido importantes logros.

Más allá de las diferentes búsquedas individuales, todos lo que lo practican coinciden en que Tupungato ofrece un escenario ideal para pedalear, gracias a sus paisajes inigualables y a la seguridad de sus circuitos naturales y sus rutas.

“Hay una tendencia importante de crecimiento de quienes se suben a la bici, sobre todo por lo recreacional. Hay muchos adultos o gente mayor de 30 años que se está sumando. Es que más allá de lo que aporta como deporte a la integridad física o estética, tiene beneficios en lo mental. Cuando entrenás te vas poniendo objetivos que vas buscando cumplir, que se aplica a cómo uno se va desarrollando en la vida”, dice Rodrigo Santana (36), uno de los referentes del mountain bike a nivel local, acerca de lo que, asegura, se convierte con el tiempo en un estilo de vida.

Durante los últimos años algunos amateurs han acudido a él solicitándole guías o rutinas de trabajo para poder llevar una disciplina de entrenamiento. Al momento de definir qué hace falta para practicarlo, este premiado deportista afirma: “Iniciativa y ganas, pero en lo físico es fundamental considerar la hidratación y evitar las grandes ingestas de alimentos. Después, las rutinas dependen de los microobjetivos que cada uno se vaya planteando”. Es que si bien esta actividad requiere cierta resistencia física, su práctica en un grado moderado de intensidad es apta para casi todos.

“Es como un vicio. Cuando empezás a andar no querés bajarte más y cada vez querés entrenarte más y te vas proponiendo nuevas metas hasta para poder competir”, cuenta Leandro González (28), uno de los jóvenes que se introdujeron en la familia del mountain bike hace poco más de un año, tras una lesión que lo dejó inactivo por varios meses. Esto lo llevó a cambiar hábitos como el de la ingesta de bebidas alcohólicas y a mantener una dieta alimenticia para sentirse mejor físicamente.

“Desde el momento en el que subís es un sufrimiento, tenés que poner esfuerzo pero te genera una adrenalina y un gusto que te hace seguir haciéndolo. Si no tuviera la bici no sé qué haría”, sostiene Alberto Miranda (38), uno de los compañeros de ruta de Santana. Usó la bicicleta por la necesidad de contar con un medio de movilidad y terminó practicándolo a nivel competitivo junto a su esposa, la reconocida corredora Sofía Caram, fallecida hace un año.

Más allá de lo saludable de la actividad, todos los que practican ciclismo de montaña dicen que el auge que ha tenido sobre todo durante los últimos 10 años se debe también a que el escenario natural es ideal.

“Estamos tocados como por una varita mágica. Acá tenés para hacer cross country, rally o subidas. Esto no se ve en otros lados. Además de la seguridad para andar, que no ves en otros lados, donde tenés que tener cuidado de que no te atropellen”, agregó Miranda.

Los Caminos del Vino y el Corredor Productivo; Los Cerrillos, el Cristo Rey, el dique Las Tunas y el camino a La Carrera son algunos de los parajes más elegidos por los ciclistas, por la tranquilidad y la seguridad.

La salud, sin dudas, es otro de los alicientes para su práctica. “Para mí ha sido una solución. Venía andando pero justo me descubrieron que tenía diabetes de tipo 1 y la doctora me lo recomendó. Para mí ha sido lo mejor”, expresa Daniel Tous (46), quien debe inyectarse insulina tres veces al día y que contrarresta las consecuencias de su enfermedad con las salidas en bicicleta día por medio.

El auge de este deporte llevó a que surgieran espacios para su enseñanza, destinados a niños y jóvenes. Así fue como se creó la escuela municipal de mountain bike Franco Giuliani, en la que cerca de 40 niños de entre 6 y 14 años se instruyen durante todo el año en la zona del camping municipal, con actividades iniciales y recreativas y accediendo también a competencias a nivel provincial.

Andar en bici no sólo permite tonificar los músculos y quemar calorías, sino que mejora habilidades de coordinación y equilibrio, aumenta la capacidad pulmonar, mejora el sistema inmunológico y segrega endorfinas, que actúan a nivel cerebral provocando bienestar. También fomenta la práctica en grupo, mejorando el trabajo en equipo.

 

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Fuente: Diario UNO, Alejandra Adi

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