Una guía simple y básica para descubrir y sorprenderse por lo que cada vino puede despertar en nuestros sentidos. El fascinante ritual de la degustación.

¿Preparados para catar un vino? Hasta los más expertos aseguran que cualquier persona puede catar un vino y que definitivamente no es algo exclusivo de especialistas en la materia.

Basta con entregarse a su fascinante mundo y dejarse llevar por todo lo que nos ofrece cada etiqueta degustada. El entrenamiento y práctica constantes favorecen a nuestra capacitación en la degustación; es cierto. Sin embargo, cualquier momento es bueno e indicado para animarse a incursionar y sorprenderse por lo que cada vino puede despertar en nuestros sentidos.

 

En el mes del Malbec -el 17 de abril se celebra el Día Internacional del Malbec y en Mendoza hay muchas actividades en torno a honrar esta cepa-, repasamos unos sencillos pasos para ir un poquito más allá del simple disfrute que provoca beber una copa. 

 

 

Para apuntar y practicar

La nariz, una de las fases de la cata.

Antes de comenzar el ritual de una cata, bien valen algunas consideraciones a tener en cuenta como: el cuarto donde se realice la cata sea luminoso y ventilado, justamente para que no haya olores fuertes o extraños. Por eso, también es conveniente que ninguno de los catadores use perfume.

Por otro lado, es muy importante tener tantas copas como vinos se caten. De lo contrario, es fundamental contar con servicio de agua. La copa siempre se toma por el tallo o pie para no influir en su temperatura antes de comenzar la cata.

 

Ahora sí, comenzamos la experiencia distinguiendo tres etapas: visual, olfativa y gustativa. 

 

VISTA: se inclina la copa sobre un fondo blanco para observar desde arriba a través del líquido. La finalidad de esta primera fase será evaluar aspectos como:

nitidez: proporciona información sobre cualquier defecto que pueda tener el vino. Se puede encontrar vinos, turbios, brillantes. El vino debe estar limpio.

intensidad: viene marcada por la cantidad de color que tiene el vino.

color: abarca diferentes gamas y tonalidades. En vinos blancos se encuentran tonos pardos, amarillentos, verdosos. En rosados, tonos que van desde el rosa frambuesa, rosa salmón. En vinos tintos, los tonos más habituales son púrpuras, rojo picota, granate, rubí o violáceos.

lágrimas: son las gotas que quedan en la superficie de la copa. Las lágrimas están ligadas a la concentración de alcohol, a su graduación. Si al mover la copa las lágrimas caen lentamente, nos indica que su densidad es alta y por tanto su graduación es mayor.

 

NARIZ: aquí se identifican, en primer lugar, los aromas primarios que proceden de las uvas, de la naturaleza, frutales, del terreno, etc. Luego, de esta primera acción, se agita la copa para que el vino se ponga en contacto con el oxígeno y se desprendan los aromas secundarios, esos que se producen durante la fermentación de la uva o en los distintos procesos de vinificación.

Al agitar nuevamente, aparecerán los aromas terciarios o bouquet, que se desarrollan durante y después de su crianza y suelen ser aromas florales, frutales, de frutos secos, vegetales, roble, entre tantos otros.

 

BOCA: el momento tan esperado. Sólo hay que sorber un poco y pasarlo de un lado a otro para que llegue a todas las partes de la boca y advertir así, todos los sabores a través de la lengua (dulce, ácido y amargo). Un vino es redondo cuando existe un equilibrio perfecto entre esos sabores.

 

Fuente: Guarda 14, por Florencia Da Souza

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