[banners_zone id=102]

 

Un paseo por tierras sanjuaninas practicando un poco de carrovelismo en la Pampa del Leoncito, trekking en la Quebrada del Zona, para luego paladear sus productos naturales más codiciados: vinos y aceites de oliva.

Por las tardes de sol y alamedas, San Juan se me vuelve tonada en la voz. Y las diurnas acequias reparten el grillo de mi corazón”. En una de las paradas en el cerro Alcázar, la combi se detiene y cada uno de los pasajeros busca su mejor vista en esas caprichosas formas del triásico. La canción llega a la memoria como una obviedad preciosa, que la mirada reconocerá en el recorrido por el departamento Calingasta, con sus ríos, valles, los picos nevados de la Cordillera de los Andes y, claro, los deliciosos vinos. O en un paseo por Pocitos y otras regiones de la provincia. Acá va entonces un recorrido por esos paisajes que tanto cautivaron a los poetas Ariel Ramírez y Armando Tejada Gómez. Un viaje por estas tierras que fueron distrito minero y casa de la cultura ansilta, un pueblo aborigen que habitó la región.

Barreal Blanco es su nombre formal, pero todos conocen esa planicie que mira al cielo como Pampa del Leoncito. Acá no hay arbustos. No hay montículos ni nada. Sólo tierra arcillosa quebrada en pedazos poligonales. De fondo, a lo lejos, se ve como telón el cerro Mercedario, de 6770 metros de altura, uno de los grandes picos de la imponente Cordillera.

Pararse aquí es tener una extraña sensación de infinito, que sólo es interrumpido por la montaña.

Un paisaje que en algún momento fue una cuenca lacustre y hoy es el escenario elegido para la práctica de deportes poco convencionales. Al llegar, vemos a alguien que carga una camioneta con los elementos necesarios para el carrovelismo. Un piso duro, plano y resistente constituye el terreno ideal para la práctica del deporte, con un carro a vela de tres cuerdas. Y, claro, el viento, un persistente fenómeno natural que, después del mediodía, sopla con violencia hasta alcanzar 80 kilómetros por hora.

La ruta del olivo

El nombre de San Juan remite a los buenos vinos, a la Cordillera y a esa maravilla llamada Valle de la Luna. Pero también produce uno de los aceites de oliva más exquisitos del país. En su Ruta del Olivo, ubicada en el departamento Pocitos y los alrededores de la capital, se pueden visitar los establecimientos, aprender sobre la elaboración y, claro, probarlos con picadas y buen vino. Almazara, una empresa familiar dedicada a la producción de aceite de oliva, funcionó primero como una bodega.

Allí los visitantes ven todo el proceso de elaboración de este líquido, que cada vez gana más adeptos en el país, aunque todavía estamos lejos de los grandes consumidores del mundo.

 

[banners_zone id=103]

 

Primero se conoce el patio de lavado, donde se reciben los camiones con aceitunas de febrero a mayo. Luego llega la molienda, en la que se separa el aceite del alperujo. Y, finalmente, llega la decantación natural en tanques de acero inoxidable.

“Se debe consumir antes de los dos años de elaboración. Mientras más joven, mejor será el sabor. La preparación es sencilla: hacemos jugo natural de aceitunas, como quien hace jugo de naranjas”, explica la guía. Todos deseamos que llegue la degustación, que se realiza abajo de un olivo de 150 años. Recomiendan probarlo como quien toma el vino, pero la mayoría moja el pan y siente lo intenso de ese sabor de aceitunas arbequina y coratina. Y también acompañan el banquete una picada de fiambres. Olivos del Sol y Seis Marías, en Pocitos, son otros de los establecimientos que forman parte de la ruta.

 

Caminata al pie de los cerros

Por la ruta provincial 12 se llega a la Quebrada Juan Pobra, un escenario a la medida del trekking, ubicado en la Quebrada de Zonda (Departamento Rivadavia). La caminata se extiende poco más de cuatro kilómetros con apenas 250 metros de desnivel, pero si seguimos viaje podríamos llegar hasta debajo de la cumbre del cerro Parkinson. Por momentos, el sendero se vuelve cerrado y la mirada se detiene en las formas que fue tallando la erosión durante millones de años. Con paciencia, se puede ver un zorro en un precioso paseo a sólo 20 kilómetros de la ciudad de San Juan. Al final de la quebrada, se llega a un mirador natural, desde donde se pueden ver la Picada de Maradona, las Sierras Azules y otros cerros de la Precordillera. Todos los guías recomiendan no intentar escalar esas rocas.

 

Vino de exportación

“Si viene el vino, viene la vida”, canta Horacio Guarany. Y San Juan, segunda provincia en producción del país y también destacada en la producción de uva para consumo fresco, es un escenario fantástico para disfrutarlo. Aunque el syrah se da muy bien en esta tierra, también se producen excelentes vinos malbec, cabernet sauvignon y bonarda. Los recorridos por las bodegas pueden llegar a ser iguales; todos cuentan la cantidad de hectáreas de uvas, muestran el proceso, los tanques de acero y las barricas de roble francés o americano. Pero la diferencia comienza al descorchar una botella.

 

La gloria llega cuando probamos el premiado vino Mil vientos de la bodega Merced del Estero del departamento  de Rivadavia.

 

O los vinos jóvenes de la bodega boutique Entre Tapias (Barreal) y el syrah premiado de Las Marianas (Pocitos). También es un goce escuchar a Juan Patricio Vilanova, de Alta Bonanza de los Andes, contar los secretos de un buen vino.

El viajero que piense que San Juan sólo tiene el maravilloso Valle de la Luna se llevará una sorpresa. Todavía faltan tomar clases de kitesurf en el Lago Cuesta del Viento, hacer una cabalgata entre viñedos con cielos diáfanos o animarse a la extrema aventura del cruce sanmartianiano (ver recuadro). En algún momento del viaje, cuando llegue la hora de regresar, quizá aparezcan los versos del poeta. Volveré, volveré a tus tardes San Juan, cuando junte el otoño melescas de soles allá en el parral.

 

[banners_zone id=104]

 

Si te atrapó este relato de viaje, comunicate con nosotros, tenemos la excursión ideal para vos, partiendo de Mendoza te llevamos a recorrer y degustar todo lo que has leido. Te estamos esperando.

Fuente: Clarín

 

Artículos Relacionados