La Cruz de Paramillos, a 3000 metros sobre el nivel del mar, ruinas jesuíticas, minas desactivadas, profundo silencio y una gran vista de los Andes.

Una visita a las afueras de Mendoza permite conocer el pasado de colonización y explotación minera de la región. Es uno de los tantos paseos que hay, sí, pero tiene un valor agregado al recorrer la carretera que parte de Mendoza hacia Villavicencio y se une al valle de Uspallata, casi siempre con la impronta de la precordillera de los Andes.

El paisaje empapa al visitante de belleza natural. En particular a la altura de Villavicencio, con un camino de caracoles y precipicios. Ese camino señala la dirección a la Cruz de Paramillos, monumento que fue levantado en memoria de la obra de misioneros jesuitas en ese territorio.

Está ubicada a 3000 metros sobre el nivel del mar, y es el punto ideal para hacer un alto y disfrutar de la enorme belleza que impone la cordillera frontal. Ese mismo sitio ofrece además una fantástica vista del cerro más alto de América, el Aconcagua (de 6962 metros).

Restos del pasado

Al descender unos pocos kilómetros hacia el valle de Uspallata comienzan a vislumbrarse aquí y allá las minas de Paramillos. Y entre ellas, la llamada Ciudad Fantasmal, nombre artístico que hace honor a las ruinas de un caserío, una antigua población minera.

Asoman restos de viviendas que pertenecieron a quienes trabajaban en el lugar y construcciones de piedra, que por sus características arquitectónicas presuntamente correspondieron a asentamientos jesuitas, aunque no se tienen datos demasiado precisos.

Se estima que estos misioneros descubrieron, a principios del siglo XVII, que los suelos de la zona eran ricos en minerales y comenzaron su explotación allá por 1640. Después de ser expulsados de América, el trabajo quedó en manos de los españoles, siendo sus continuadores los inversores ingleses que, más tarde, con el comienzo de la Guerra de Malvinas, dejaron la Argentina.

Las minas fueron desactivadas hasta que comenzó a promoverse el turismo minero, con un interesante paseo por los túneles.

Entre rocas y minerales, con cascos y linternas, los guías llevan al visitante hacia un mundo de pasadizos laberínticos que recorren trayectos de vías, carros y pozos, siguiendo las huellas de los antiguos obreros.

Excursión a la Ciudad Fantasmal

Un guía acompaña a los turistas que se animan a traspasar el límite hacia el interior de la montaña. Cuentan que en un futuro no muy lejano está previsto realizar aquí lo que algunos llaman turismo aventura minero, es decir aprovechar los pozos, las paredes y las vías de los carros con los que se transportaban minerales, para practicar actividades como escalada, paseo y rappel, además de pasear en los trenes.

Cobre, zinc, plata, plomo, entre otros, eran los minerales que se extraían durante los días de la explotación minera. No es fácil detectarlos, pero aún persisten en algunas partes de las paredes de estos pasajes.

El turismo minero ha ido cobrando auge y acá en Mendoza tenemos una opción para aprovecharlo. Conectate con nosotros, tenemos toda la info que te puede interesar…

Fuente: La Nación

 

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