Si de tradición en el vino argentino hablamos, Familia Zuccardi es sinónimo. Es por ello que en un recorrido por Mendoza no se pueden dejar de visitar las bodegas Santa Julia ni la Casa del Visitante, pionera en enoturismo dentro de la región.

 “Hoy es un día atípico. Está nublado”, dice el enólogo. Es que Mendoza es una región de días soleados. “Hay unos 300 días de sol por año”, agrega.

En Mendoza nada es casual. Ni el sol, ni la tierra, ni el clima semiárido. Todo cumple una función en lo que se ha vuelto uno de sus principales motores: la producción de más del 70% del vino que se elabora en la Argentina.

En esta provincia de 148.827 km2 (solo 9.000 km2 menos que la superficie de Paraguay) encontramos tres grandes regiones vitivinícolas: la Región Centro, entre los 650 y 1.050 metros sobre el nivel del mar; la Región Sur, que se alza entre los 450 y los 800 msnm, y a mayor altura, el Valle de Uco, a más de 850 hasta alcanzar los 1400 msnm.

En la Región Centro está el departamento de Maipú, el más cercano a la ciudad. Allí se ubica la bodega Santa Julia de la Familia Zuccardi, a donde el remís que me lleva tarda unos 40 minutos en llegar, sin necesidad de mayores especificaciones. El camino lo conoce.

Zuccardi es uno de los nombres más importantes que suenan en Mendoza y esta bodega, una de las más visitadas, tanto que al restaurante y las atracciones turísticas que lo rodean los han bautizado como Casa del Visitante.

“Esta fue la primera bodega que abrió al público y fue la primera que abrió un restaurante dentro, aquí en Argentina”, me cuenta el guía durante la visita.

También me comenta que allí hay capacidad de 25 millones de litros y se producen hasta 30 millones de botellas Santa Julia por año. En Valle de Uco, donde se encuentra la bodega Zuccardi, destinada a los vinos de alta gama (e inaugurada un día antes de nuestro encuentro), se alcanzan otros 900 mil litros; 600 mil de producción y 300 mil de almacenamiento.

Cosa de familia

“Las zonas vitivinícolas son oasis en medio de este gran desierto que es Mendoza”, sintetiza el enólogo. Como casi todas las zonas más importantes que producen vino, está pegada a la montaña; en este caso, a la cordillera, la cual “actúa como una especie de muro que impide que la humedad que viene del Pacífico pase a Mendoza; es un clima semiárido”. Entonces, sin irrigación artificial no se puede hacer nada.

“El clima propició el nacimiento de esta bodega”, explica y enseguida añade: “El clima y la pasión del fundador: Alberto Zuccardi”. Este ingeniero civil vino de Tucumán debido a su empresa de construcción, la cual comenzó a desarrollar un sistema de irrigación que deseaba vender a los agricultores mendocinos.

Como buen vendedor, compró 16 hectáreas en donde pudiera probar sus productos. Allí, plantó viñedos, durazno y ciruelas. El éxito fue total. Pero además, fue el inicio de una pasión por la viticultura que en la actualidad alcanza a tres generaciones con el mismo apellido. La decisión de instalar una bodega la tomó en el 68.

Hoy, Alberto ya no está pero su apellido es un imperio catalogado como el tercer exportador del país en su rubro, que comprende la marca homónima, la de Santa Julia con los espumantes Alambrado y los vinos fortificados Malamado. El legado lo continúan su hijo José Alberto, actual director general de la bodega; su nieto, Sebastián, elegido el Mejor enólogo de 2016 por el crítico inglés Tim Atkin; su otra nieta, Julia (sí, de allí el nombre de Santa Julia), a cargo de la rama de turismo y restaurantes, y su esposa, Emma, responsable de la galería de arte que funciona en la bodega.

“Se maneja exactamente como se maneja una bodega familiar en pequeñito: todas las decisiones las toma la familia, toda la familia vive y trabaja en Mendoza. Eso hace que, a pesar de ser tan grande, se siga manteniendo la esencia. Todos los días vas a ver alguien de la familia acá”, destacan.

De la uva, a la botella

De las mil hectáreas que posee la Familia Zuccardi en Mendoza, 180 corresponde a la Finca Maipú. En nuestro recorrido por este lugar, claro está, conocí en primera persona el proceso de elaboración de la bebida de Baco desde que se cosecha la uva, pasando por los procesos de fermentación y maceración hasta llegar a las barricas.

En el camino, mi acompañante me ayudó a derribar una serie de mitos en torno a lo que hace la calidad del vino; por ejemplo, creer que un vino de rosca es malo simplemente por eso o que la forma de la botella o la barrica son factores determinantes per se.

“La calidad del vino te la define la calidad de la uva”, sentencia el enólogo. “Si tú tienes buena uva, vas a tener un buen vino; si tienes mala uva, así traigas a los mejores enólogos del mundo y la mejor tecnología, no vas a poder hacer vino. En Mendoza, tienes una buena parte del trabajo asegurado por la calidad de la uva”, continúa.

En Zuccardi dan valor a ese origen, es por eso que a diferencia de la tradición norteamericana de destacar la variedad de la uva en la etiqueta (Malbec, Merlot, etc.), en los vinos de alta gama se hace referencia a la tierra (Valle de Uco).

Y si de variedades hablamos, la tierra de Messi es sinónimo de Malbec. “El Malbec va a seguir siendo el pasado, presente y futuro de la viticultura en Argentina”, enfatiza el enólogo pero defiende también la importancia de encontrar otras que sirvan como compañeras. En ese sentido, recomienda el Bonardacomo un buen acompañante que, además, no tiene una gradación alcohólica tan alta.

Lo más interesante, estaba, por supuesto, al final del destino, que culmina con una degustación de cuatro variedades en la galería de arte que hace a la vez de recepción.

Empezamos con un Chardonnay de Zuccardi Q y seguimos con el Alambrado Extra Brut. De los tintos, probamos el Bonarda de Alambrado, y para endulzar el paladar, el Malbec de Malamado, que como mencionaba antes, es la marca de vinos fortificados.

El día no pudo culminar mejor con un almuerzo en el restaurante Casa del Visitante, ubicado en medio de los viñedos. Disfrutamos del menú regional, donde la estrella es la carne asada, las empanadas hechas al horno de barro y las verduras grilladas procedentes de la huerta. Por supuesto, cada plato maridado con el vino perfecto.

De regreso, queda el sabor en el recuerdo y la frase final del guía: “El vino es una bebida social. Hay muchos mitos que lo alejan de la gente; pero finalmente, el objetivo es compartirlo y disfrutarlo”.

Casa Del Visitante

La experiencia para los turistas que llegan a la Finca Maipú va mucho más allá de la degustación o el almuerzo en el restaurante.

Cursos de degustación; paseos por los viñedos en bicicleta, autos antiguos y hasta en globo aerostático; cocinar los propios platos, e incluso, cosechar aceite de oliva (que también se produce allí), son solo algunos de los innumerables atractivos que se ofrece en este lugar, no en vano bautizado como Casa del Visitante.

Además, un segundo restaurante en la finca –Pan y Oliva– se enfoca en una gastronomía sencilla, basada en tapeos, pastas, ensaladas y productos de elaboración poco compleja, frescos y de estación, en los que el aceite de oliva se destaca como el ingrediente principal. Mientras, en otoño se habilitan también las tardes de té. El acceso a los restaurantes es con reserva.

Aprovechá tu próximo viaje a Mendoza para conocer esta bodega, pionera y modelo para el enoturismo local.Dale, venite, que te llevamos!

Fuente: La Nación, Por: Jazmín Ruiz Díaz Figueredo
29/09/2017

 

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.