Unidades coquetas recorren las arterias más comerciales y acercan a los mendocinos a los negocios. También lo utilizan los turistas para mirar la ciudad desde sus ventanillas.

En la ciudad de Mendoza circula el Tranvía Urbano de Compras, un servicio de pasajeros muy particular que recuerda a los viejos tramways del siglo pasado.

Los vimos pasar por la avenida Las Heras mientras realizábamos un paseo. Nos llamó la atención su fachada externa pintada de amarillo, con detalles de fileteado y hasta la parrilla metálica delantera habitual en los viejos vehículos. Aún se recuerda en Mendoza el paso del tranvía por las calles céntricas hasta los años 1960.

 

El Tranvía de Compras recorre las avenidas San Martín, Colón, Belgrano y Las Heras en un recorrido fijo que se completa cada media hora y que rodea el microcentro durante las horas diurnas.

 

Se han tenido en cuenta muchos de los detalles que tenían los coches históricos y si no fuera porque estos no ruedan sobre rieles sino que se desplazan sobre neumáticos, los hubiéramos confundido. En su interior, las luces, las ventanillas, la cuerda para avisar al chofer que se desea bajar tienen el estilo de los antiguos coches. Circulan a baja velocidad, tienen paradas fijas y paran cada diez minutos. Son tres colectivos diseñados especialmente: las unidades son de color amarillo, tienen una capacidad para 24 personas, asientos de madera, campanilla y son conducidas por un motorman -hombre o mujer- que está vestido como los viejos choferes de tranvía, pero con un toque de glamour: una gorra con visera, saco, corbata, pantalón gris y unos modernos lentes de sol.

Es claro que con la implementación de este servicio se rescatan ciertas tradiciones que forman parte de un pasado que no debe olvidarse.

El tranvía sobre ruedas, con su estética del ´60, llama la atención. En sus años dieron identidad a la vida de Mendoza y se intenta tomar conciencia de ello. A los actuales tranvías se les ha incorporado la comodidad del aire acondicionado.

 

El tranvía de las compras funciona entre las 8 y las 22 y pasa cada 15 minutos. En cada cuadra hay una parada identificada con un cartel especial. El circuito completo es de aproximadamente 25 minutos, dependiendo por supuesto del día y la hora en que uno viaje.

 

Abordamos el tranvía, abonamos el pasaje y nos dejamos llevar por ese aire de nostalgia que nos permitió recordar cuando el guarda y el motorman nos picaban el boleto. En Mendoza, desde hace un tiempo, los paseos de compras se hacen en tranvía.

Quisimos experimentar y descubrir en carne propia el recorrido de este transporte que ya es un clásico de la Ciudad. ¿El objetivo? Comprar en el camino objetos y productos con los cuales nos presentaríamos ante los demás en cualquier parte del mundo, cosas “bien nuestras”. Y disfrutar, claro, del paisaje urbano mendocino y de las particularidades de viajar con muchos de los pasajeros habituales del tranvía.

Nuestro punto de partida fue la parada que se encuentra en calle Belgrano, casi Las Heras. Desde allí se vislumbran la Estación Mendoza del metrotranvía, el Paseo Municipal de Artesanos y la Estación Cultural Ciudad.

A lo largo de calle Las Heras, encontramos algunos viejos hoteles y comercios vinculados al turismo, a las actividades outdoor -camping, pesca- y a los deportes como el esquí, el motocross o el ciclismo -entre otros-.

También hallamos algunos tradicionales locales que tientan nuestro sentido del gusto… una sucursal de la pizzería De un Rincón de la Boca, la entrada al patio de comidas del Mercado Central, un café Havanna, uno de los más antiguos locales de la heladería Soppelsa, la chocolatería Tartufo…

 

Pero lo más característico de esta calle son los locales que venden artículos regionales. El clásico de calle Las Heras. Donde acudimos cuando necesitamos desde productos de cuero, mates, bombillas, ponchos, platería y cuchillos con elaborados mangos,  hasta alfajores y dulce de leche.

 

Primer objetivo cumplido: ya tenemos algunos de nuestros productos típicos argentinos. Un equipo de mate -con bolso de cuero incluido-, un cuchillo de asador con mango de hueso tallado, un poncho, un cinturón de cuero de carpincho curtido y un par de alpargatas.

Un cuadrado casi perfecto de 8 x 8 cuadras con la plaza Independencia justo en el medio, a modo de corazón, o mejor dicho de pulmón. Eso es lo que veríamos si miráramos desde arriba la ruta que dibuja el tranvía de las compras. Un paseo quizá inimaginable, que con algo de paciencia y cariño recomendamos experimentar.

Nuevamente en el tranvía de las compras, comenzamos a circular por la avenida San Martín, la más importante de Mendoza. Calle con clásicos hitos como la esquina donde estuvo la confitería Colón; el diario Los Andes, fundado en 1883; el Pasaje San Martín, que data de 1926; el Ministerio de Turismo; las galerías Bamac, Caracol, Tonsa y Piazza; el pub Liverpool; el famoso “Kilómetro Cero” -donde se juntan firmas, se organizan protestas y hasta se regalan abrazos-; el comienzo de la Peatonal Sarmiento; el Automóvil Club Argentino -ACA-… entre los más importantes.

En el viaje por estas ocho cuadras de avenida San Martín que recorre el tranvía nos percatamos de la gran cantidad de zapaterías y de locales de indumentaria deportiva que encontramos al paso. Qué mejor que bajarnos a cumplir con un segundo objetivo: comprar la camiseta de la selección argentina de fútbol. Quizá hasta encontremos alguna con el nombre de Lio Messi… También decidimos comprar un libro en la tradicional librería García Santos. Elegimos “Misteriosa Buenos Aires”, el segundo libro de cuentos de uno de nuestros autores argentinos preferidos: Manuel Mujica Láinez.

En San Martín y Colón nos encontramos con la Iglesia de los Jesuitas -inaugurada en 1908- y pegado a ella un colegio que vive el espíritu de esa orden religiosa, San Luis Gonzaga. Enfrente, el edificio del Correo Argentino y la Secretaría Electoral, y la Universidad de Congreso. Indudablemente, ¡una cuadra con mucho movimiento!

Sobre esta importante arteria mendocina se mezclan los cafés tradicionales con los “modernos”, los viejos con los nuevos; el concurrido Believe Irish Pub y el peculiar Migaja’s -por ejemplo-, un restaurante que ofrece cena – show; un súper de origen francés y uno chino algunas cuadras más adelante… En la variedad está el gusto, dice un conocido refrán.

Nuestra parada en avenida Colón fue para comprar unos tradicionales alfajores. Si bien esta delicia es una herencia de los españoles -difundida en América durante el período colonial-, en Argentina el alfajor es uno de los dulces más populares, lleva elaborándose más de 130 años y cada región le da su toque distintivo. Tercer objetivo cumplido: una caja de alfajores Balcarce, empresa marplatense fundada en 1958.

El tramo final de nuestro viaje correspondía a la avenida Belgrano, cuya fisonomía cambió en el último tiempo gracias al metrotranvía, y cuyo trayecto coincide con parte de la traza del antiguo Ferrocarril General San Martín. Elegantes restaurantes, tradicionales heladerías, distintos hospedajes -desde un lujoso hotel cinco estrellas hasta un coqueto hostel- son algunos de los atractivos locales que ofrece esta calle. Edemsa, Aguas Mendocinas, el Consulado de Chile y la escuela adventista Víctor Ampuero Matta completan el aspecto variopinto de esta vital arteria.

 

Fuentes: Welcome Argentina, por Mónica Pons y Eduardo Epifanio; Dondeirmendoza, por Jimena Fernández Arroyo

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