Puerta de entrada a Mendoza por la ruta 7, El Desaguadero no ofrece la imagen que debiera tener el lugar que constituye la primera impresión que tienen muchos viajeros que visitan nuestra provincia.

Suele escucharse, con justificada razón, que la primera impresión es la que queda. Eso pasa en todos los órdenes y quizá, a modo de ejemplo, podríamos remitirnos a lo que sucede cuando alguien quiere vender su auto usado. Lo lava, suele lustrarlo y lo coloca en la calle a la espera de los potenciales compradores. Otro tanto podría decirse de los hechos comunes, hasta en detalles como la limpieza de la vereda, ya que “demuestra”, en parte, el modo de vida de quienes habitan la vivienda. Si trasladamos esa situación al ámbito general, cabría recordar que Mendoza tuvo el orgullo, durante muchos años, de ser considerada la “Ciudad más limpia del país”, distinción que se intenta recuperar apelando a la conciencia de los mendocinos.

Los turistas que nos visitan recorren las bodegas, que se han ambientado para captar turistas ofreciendo una amplia gama de actividades, en todos los casos con el cuidado correspondiente en lo que a limpieza y calidad se refiere.

Sin embargo, todos esos aspectos positivos que se advierten en esta parte de la provincia -el sur provincial y el Valle de Uco aportan lo suyo también de manera valiosa- se diluyen cuando observamos lo que sucede en la puerta para ingresar desde el Este a Mendoza: el Arco del Desaguadero. Allí la situación es diametralmente opuesta ya que quien concurre a la provincia a través de la ruta 7 se encuentra, durante más de 200 kilómetros que corresponden a San Luis con una doble vía, muy bien señalizada, con canteros centrales cuidados, con banquinas mantenidas con excelencia y con iluminación en todo su recorrido. Es más, a la última estación de peaje, a sólo dos kilómetros de la frontera con Mendoza, se le ha adosado una serie de edificios que contemplan, en un período cercano, el funcionamiento de un restaurante, oficinas de servicios y hasta un cine para favorecer el descanso de los automovilistas.

El problema se plantea cuando, superado el puente del río, se ingresa a Mendoza a través del Arco Desaguadero, que se ha convertido en una verdadera postal. El lugar se mantiene igual que hace décadas, porque no se han producido cambios y aparece la antigua hostería, la pequeña capilla y dos o tres edificaciones humildes en los alrededores. Hubo, a lo largo del tiempo, infinidad de anuncios sobre posibles mejoras del Arco Desaguadero, pero sólo quedaron en anuncios, sin obras concretas. No se trata aquí de echar culpas a determinada gestión gubernamental, sino que la desidia alcanzó y alcanza a gobiernos de distintas extracciones políticas. Se adujo, en su momento, que uno de los problemas más graves se centraban en la carencia de agua potable. Para solucionar ese inconveniente, se construyó, hace años, un acueducto de 40 kilómetros de extensión que partía de la villa cabecera. Algunos residentes aseguran que la obra no alcanzó los objetivos buscados en razón de que se produjeron conexiones clandestinas que se internan en los campos, en muchos de los casos para destinar el agua al consumo de los animales.

En ese marco, entonces, los habitantes de Desaguadero -un total de 900- no cuentan con un servicio adecuado, mientras la hostería del lugar muchas veces no puede ofrecer el baño a sus clientes. Ese panorama desértico y la carencia casi absoluta de infraestructura suele hacer más tediosa la espera que deben enfrentar los viajantes cuando, durante las vacaciones o los fines de semana largos, deben soportar colas de varios kilómetros, ya sea por el control vehicular como por la tareas que, a algunos centenares de metros, realiza el Iscamen para evitar el ingreso de plagas que podrían afectar a nuestra agricultura.

En numerosas oportunidades las autoridades municipales de La Paz han manifestado su interés por mantener y recuperar la zona de El Desaguadero y la Provincia debería hacerse eco de ese pedido. Tal como lo señalamos, se trata de una importantísima puerta de entrada a Mendoza y ya desde allí el visitante debería ir reconociendo las bondades turísticas que Mendoza ofrece.

Fuente imagen: Editorial Diario Los Andes
22/05/2015