Conocer en detalle el auge y caida del hotel de Villavicencio es un viaje al pasado vinculado a los distintos avatares económicos y politicos de esta provincia aregentina. Su arquitectura normanda, que contrasta con el estilo neocolonial de su capilla, las sucesivas propuestas frustradas de reactivación y su final feliz como coronamiento de la Reserva Natural que propone un turismo responsable.

 

 

Tal vez la imagen del frente del hotel Villavicencio sea muy conocida ya que hace muchos años la botella de agua mineral, que lleva su nombre, ilustra su etiqueta con su imagen. Pero posiblemente pocos saben, sin embargo, que ese lujoso edificio de estilo normando, que hace casi cuarenta años que está abandonado, es protagonista de historias y leyendas que siempre vale la pena conocer!

El Gran Hotel de Villavicencio era pequeño, comparado con otros de su época, ya que sólo tenía treinta pequeñas habitaciones con baño privado y agua termal en cada una de ellas. Poseía muebles rústicos, las arañas de los grandes salones se hicieron con ruedas de carretas y las camas tenían respaldos de hierro. Los pisos eran de tablones de roble americano y las puertas de las habitaciones también fueron construidas con maderas de calidad.

Las paredes lucían acuarelas, óleos y grabados de artistas plásticos argentinos y extranjeros. También contaba con un piano y una orquesta. El clima interior rezumaba calidez sin ostentación, adecuada a la concepción de hotel de montaña.

Lo destacable es que tenía una gran profusión de ambientes comunes. Esto se debe a que, además de albergar a los turistas, recibía a los mendocinos que iban al hotel a almorzar y a tomar el té. Ofrecía un gran salón comedor, salones de baile, un salón de té y en la parte baja tenía una galería cubierta donde se podía hacer deportes como ping pong y minigolf. También había una sala de juegos infantiles. Esos ambientes especiales tendían a jerarquizar el hotel.

Además, tenía una cancha de tenis y de bochas, a las que en los ´60 se sumó una modesta piscina de natación.

La arquitecta explica que “el estilo era de lenguaje europeo y remitía a la arquitectura alpina, normanda. Se ve en los techos inclinados de gran pendiente, los muros blanqueados a la cal, los muros cruzados por maderas. El uso de la madera, de la teja, de las arquerías, de los balcones era de inspiración alpina. Se buscó darle esa impronta porque como enclave, con los cerros rodeándole y la profusa vegetación, Villavicencio remitía a un escenario alpino”.

La capilla y el estilo de Ramos Correas

“En cambio, en el edificio de la capilla se advierten elementos del lenguaje neocolonial, éste es un estilo que remite a nuestro pasado de los siglos XVI, XVII y XVIII. Pero en el caso de la capilla de Villavicencio, Ramos Correas le suma al estilo neocolonial el mission style, que era el de las misiones franciscanas de California”, destaca la especialista.

El mission style fue el lenguaje arquitectónico colonial de California, Estados Unidos, puesto que en toda la costa californiana no hubo misiones jesuíticas sino franciscanas.

Para refrendar esta influencia, al entrar a la capilla se ven grabados de misioneros franciscanos con el típico atuendo de esta orden religiosa.

El mission style se ve en el uso de las arquerías, de espadañas, de balcones y escalinatas de madera, de la volumetría de muros blancos, de masa fuerte. La capilla tiene una habitación que funciona como terraza y desde allí se divisa todo el paisaje. Ramos Correas eligió este estilo para la capilla de Villavicencio y para la de Chacras de Coria, que es una versión similar sólo que ésta tiene una torre campanario”.

Lo importante en Villavicencio es la relación de los edificios con el paisaje. “Se trata de volúmenes extrovertidos, en los cuales todo el aventanamiento está disfrutando del paisaje, diferente de las arquitecturas introvertidas en las que los edificios rodean espacios cerrados. En este caso se trata de volúmenes que miran el paisaje porque querían darle al turista, luego de tomar el baño termal o de pasear por las terrazas ajardinadas con desniveles y de las canchas de tenis o de las piletas, disfrutar de la relación con el entono natural”, analiza la arquitecta.

 

Auge y caída

“El hotel estuvo en funcionamiento desde 1940 hasta 1978. En el cierre influyó mucho el trazo de la nueva Ruta 7 y la apertura del Túnel Internacional. Hasta los años ´50 la ruta que pasaba por el hotel era al que se usaba para ir a Chile por Uspallata. Cuando se pavimenta la Ruta 7 y se cambia su trazado haciéndola pasar por Potrerillos, ésta pasa a ser la Ruta 52, con la consiguiente disminución del tránsito”, nos relatan.

Conserjes, mucamas, maleteros, cocineros, mozos, guías, médicos y profesores de tenis pululaban entre los pasajeros del Gran Hotel Villavicencio. La experta en Patrimonio destaca que “trabajaban alrededor de cien personas. Era un turismo de alto nivel, venía gente de Buenos Aires que a veces ni pasaba por Mendoza. Tomaban el tren en Retiro, paraban en la estación Mendoza y de ahí se los conducía a Villavicencio. Estaban acostumbrados a un turismo estilo europeo. Se trataba de pasajeros que en invierno iban en barco a Europa y en verano venían a Villavicencio a descansar”.

“Tenían la pileta de agua normal y los baños termales dentro de las habitaciones. La diferencia con las aguas termales de Cacheuta es que éstas eran muy calientes, mientras que las de Villavicencio lo eran menos. Esto a veces era un desventaja, pero sí era muy efectiva en cuanto a sus poderes curativos. Hasta Galileo Vitali señala en su libro las potencialidades de las aguas de Villavicencio”, alega la arquitecta 

El nuevo trazado de la ruta 7 y el desarrollo del Ferrocarril Trasandino generó el decaimiento del hotel a nivel económico, puesto que con el tren la gente empezó a irse a veranear al mar.

La clase social alta que iba en busca de descanso en vez de quedarse en Cacheuta o en Villavicencio comenzó a viajar a Chile.

A lo que agrega que “a la larga, la suma de varios factores hizo que el negocio del hotel no fuera rentable desde el punto de vista económico. Sí lo fue como imagen de la empresa de agua termal”, razona la representante de Danone.

 

Compras y ventas

La sociedad Termas de Villavicencio fue comprada a los herederos de Ángel Velaz por el Grupo Greco en 1979. Con la transacción adquirió tanto la línea de agua mineral como el hotel.

“El Grupo Greco decidió hacer una gran inversión y ampliar el hotel hasta unas 150 habitaciones. Este proyecto fracasó por la demanda del recurso hídrico y del recurso energético para dar servicio a tantas habitaciones. La cantidad de agua es muy grande necesaria y el negocio central nunca dejó de ser el agua. Los directores del Grupo Greco deben haberlo analizado y lo descartaron. Pero si alcanzaron a trabajar en la planta baja donde estaba el área de servicios y demolieron las duchas y baños del personal y la lavandería. También se empezó a trabajar sobre lo que era la recepción del hotel y la cocina”, detallan.

Estos trabajos se hicieron después del Mundial ´78 y luego se cerró. A propósito del encuentro deportivo y el Gran Hotel Villavicencio, la arquitecta Graciela Moretti señala que “es un mito que la selección de Holanda se haya hospedado en Villavicencio; los jugadores se hospedaron en el Hotel de Potrerillos; de hecho se construyó allí una cancha para que practicaran los deportistas”.

Con la quiebra del Grupo Greco en 1980, el Estado intervino el hotel hasta 1992.  “Entonces  aparece el Grupo Cartellone que compra la empresa, retoma la actividad, construye la planta de fraccionamiento del agua en Canota y trata de buscar un proyecto nuevo para revivir el hotel. Pero los proyectos con respecto al hotel fracasan por las dificultades combinadas respecto de los costos de energía eléctrica, de los problemas de comunicación –actualmente estamos comunicados a través de radios-, por la seguridad porque se trata de kilómetros y kilómetros de rutas solitarias que hoy son controladas y cuidadas por Danone y por la demanda del recurso hídrico para asistir a tanta gente”, explica Silvina Giudici.

A comienzos del año 2000 se formalizó la compra de Termas de Villavicencio por parte de la firma Aguas Danone de Argentina.

Ésta adquirió toda la zona que suma 72.000 hectáreas, incluyendo el patrimonio arquitectónico y el natural, creando la Reserva Natural Provincial de Villavicencio, la cual es zona protegida.
Patrimonio Histórico Provincial

El hotel Termas de Villavicencio fue declarado Monumento Histórico Nacional por decisión presidencial en el año 2013, aunque todos los mendocinos consideran al hotel un patrimonio propio, casi familiar desde sus comienzos.

“Por la envergadura de sus instalaciones, por la historia tangible e intangible merece el rango de Monumento Histórico Nacional. Es un bien único, incomparable”, subraya la arquitecta. “En este caso podría ser declarado monumento histórico no sólo el edificio sino todo lo que contiene y su entorno, es decir, la capilla, los espacios verdes, las casas de los trabajadores, la posada y demás”, enfatiza.

Y agrega que “tanto el hotel con su entorno como la capilla están registrados como un bien del patrimonio de la provincia. El hotel tiene el registro número 156 y la capilla el registro 681. Es decir, son de los primeros inmuebles que se registraron como bienes patrimoniales provinciales”.

“Esto no inhibe al propietario de hacer uso de su derecho a restaurarlo, venderlo, hacer alguna inversión sino que es un valor agregado que se le incorpora al edificio. Reconociendo siempre legalmente el valor arquitectónico, histórico, ambiental y paisajístico. Lo arquitectónico forma parte del ambiente”, argumenta la arquitecta de la Dirección de Patrimonio.

La Reserva Natural y el turismo responsable

La Reserva Natural de Villavicencio ya tiene una ley provincial de Medio Ambiente que la protege. Entonces cualquier intervención queda amparada por esta ley. Siempre la zona ha estado protegida integralmente como reserva natural donde se destaca el cuidado por la flora y la fauna, hay un centro de interpretación en el cual se cuenta la historia del lugar y un registro de todo el patrimonio ambiental y natural”.

“Danone tomó la decisión de no explotar comercialmente, no vender y no separar las 72.000 hectáreas de la reserva que comprende la zona, tomarlas como un todo”, aseveran.

La reserva cuenta con cuatro guardaparques, 14 hectáreas de jardines de las que se ocupan tres jardineros y es visitada por 500 a 900 personas por día. Dentro de la Reserva Natural de Villavicencio se llevan a cabo diversas investigaciones científicas que involucran disciplinas diferentes como la arqueología, la zoología, la biología, la botánica y hasta la astronomía y el estudio de rayos cósmicos. Los equipos de científicos llegan desde toda Argentina y de distintos países del mundo. 

Lo importante es que la gente comprenda qué es una reserva natural.

“Danone tomó la decisión de comprometerse con el medio ambiente desde la preservación, la conservación y la investigación. De ahí, la necesidad de concientizar a las personas que visitan la reserva”, enfatizan.

La experta subraya las dificultades que enfrenta el equipo a su cargo a la hora de que los visitantes entiendan que no pueden arrojar basura, que no deben hacer fuego porque eso no sólo provoca incendios sino que destruye los vestigios arqueológicos y  que no se puede cazar fauna silvestre, entre otros problemas.

“La gente debe comprender que Villavicencio no es un lugar para hacer un asado ni ensuciar el Monumento de Canota. Insistimos en procurar un turismo responsable y que su comportamiento debe ser acorde con lo marca la legislación para las reservas naturales protegidas”, finaliza.

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Fuente: MDZol, por Patricia RodónPrincipio del formulario

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