El Tunduqueral, un enigmático cerro ubicado muy cerca de la Villa de Uspallata, amerita una caminata para descubrirlo.

El Tunduqueral es un cerrito pequeño en medio de un amplio valle, y en ese cerro hay hermosos grabados que, sobre la cobertura oscura de las piedras (la pátina del desierto), hicieron los antiguos habitantes del lugar, los pueblos originarios.

Fue para la cultura Huarpe un lugar sagrado donde se realizaban ceremonias, peticiones y agradecimientos a sus tres dioses: el sol, la tierra y el aire. Allí también las mujeres celebraban rituales femeninos.

Estos rituales quedaron plasmados a lo largo del tiempo a través de numerosos petroglifos, figuras grabadas en las rocas con más de 1000 años de antigüedad.

Los grabados son magníficos. Mensajes del pasado que aún tenemos que descifrar.

Allí se puede apreciar una serie muy variada de figuras antropomorfas, dos con apariencia de avestruz; hay un rostro con grandes ojos; hombrecillos simples, peces, líneas ondulantes. También podemos apreciar un dibujo de claro pero desconocido simbolismo: una línea horizontal de la que parten tres verticales hacia arriba, terminadas en sendas circunferencias con punto central.

En otra roca hay dos antropomorfos que hacen recordar al “hombre lagarto” de otras zonas; una representación que semeja un hipocampo; quizás una gran serpiente asociada a una figura antropomorfa que parece sostenerla. En otra pared rocosa observamos un ave de rapiña con las alas desplegadas.

En la parte más alta del cerro se destaca una “mujer con trenza” que podría ser considerado como un chamán guerrero con una prolongación en la cabeza. Uno de los elementos figurativos considerado como más importante del Tunduqueral es una figura que se encuentra aislada en una roca, a la cual los estudiosos llaman “cabeza mascariforme”.

Juan Schobinger, el gran maestro estudioso de nuestro pasado, interpretó este tipo de imagen como la manifestación religiosa de una experiencia chamánica documentada por las actuales investigaciones de la arqueología, que sugieren que el chamanismo era una técnica espiritual conocida por el hombre prehistórico. Allí se juntaban nuestros antepasados para hacer celebraciones, tal vez para adorar, tal vez para pedir.

El Tunduqueral era, sin lugar a dudas, un lugar de culto, un sitio donde los que creían lo que creían, hacían ceremonias para aproximarse a sus dioses.

Se debería entrar en el lugar con unción, con respeto, como se entra a una iglesia. Sin embargo le faltamos el respeto con el desenfado de la sinrazón. Los grabados son endebles, frágiles, están hecho sobre rocas fácilmente depredables y eso hemos hecho: los hemos depredado. Algunos bloques de rocas con mensajes han sido arrancados de cuajo y deben estar ahora adornando el jardín de algún imbécil, otros imbéciles han escrito (lo siguen haciendo) sus nombres sobre los grabados.

Un pueblo que no cuida su pasado mal podrá atender su futuro.

Se llama “El Tunduqueral”, está a pocos kilómetros de la Villa de Uspallata, y a miles de kilómetros de nuestro interés. No nos damos cuenta de que el sacrilegio, a veces, suele vestirse de ignorancia.

Olvidabamos comentar que el nombre de este cerro tiene su origen en el “tunduque” que es un ratoncito de campo que suele hacer agujeros en la tierra de esa zona, y es peligroso caminar por sus dominios dado que los pozos no siempre son visibles.

Visitar los valles cordilleranos de Mendoza repara agradables sorpresas de todo tipo, desde vestigios arqueológicos como el Tunduqueral, o testigos del paso de los incas o de las tropas sanmartinianas, siempre en paisajes de deslumbrante majestuosidad. Venite a Mendoza y recorré la Alta Montaña!

Fuente: Jornada

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