El turismo, otra víctima del terrorismo

Terrorismo en Paris

Este año se han multiplicado los atentados. El turismo en los países que fueron blanco del terrorismo lo padece. París todavía no se recupera, Túnez cuenta de a millones las pérdidas y la ciudad egipcia de Sharm el-Sheij soporta la suspensión de vuelos. Los grandes operadores globales hablan de un momento muy delicado. Mientras, Estados Unidos lanzó un alerta mundial a sus viajeros y en Europa se replantea la libre circulación interna.

Tras los atentados de París un alto funcionario de la Organización Mundial del Turismo (OMT) había planteado que lo sucedido marcaría “un antes y después en las medidas que los países deben tomar para la protección de las personas que viajan, como sucedió con el 11 de septiembre”. Pero la “Ciudad Luz” es sólo un mojón más en una larga cadena de atentados del terrorismo a lo largo de 2015, de los cuales otros enclaves turísticos también fueron víctimas.

Por sólo nombrar dos, la ciudad egipcia de Sharm el-Sheij padece una sangría de visitantes luego de que varias aerolíneas suspendieran sus vuelos tras el derribo de un avión comercial ruso el 31 de octubre. Y Túnez sufrió la semana pasada el tercer ataque yihadista del año, dos de los cuales tuvieron como blancos atractivos turísticos.

REACCIÓN EN CADENA.

Antes de entrar en qué significa en números para los destinos el incremento de la actividad terrorista, veamos cómo están reaccionando los gobiernos y los grandes jugadores de la industria.

Por un lado, Estados Unidos emitió la semana pasada una “alerta mundial de viaje” para sus ciudadanos por el incremento de las amenazas terroristas. Lo habitual es que el Departamento de Estado revise la situación en cada país, o a lo sumo realice advertencias por regiones. Pero esta vez la alerta rige para todo el orbe, ya que “la información actual sugiere que el Estado Islámico, Al Qaeda, Boko Haram y otros grupos siguen planeando ataques en múltiples regiones”. De hecho, la alarma, que rige hasta el 26 de febrero próximo, no puntualiza en destinos, sino en actividades habituales para un viajero: “ejercer la vigilancia en lugares públicos o en el uso del transporte público, evitar las grandes multitudes y los lugares concurridos durante sus viajes”.

Mucho más que valor “simbólico” tiene en cambio lo que se está discutiendo en Europa, que básicamente pasa por ver cómo se refuerzan las fronteras. Lo que está en juego es nada más ni nada menos que la continuidad del acuerdo Schengen, que hoy permite a 400 millones de residentes moverse libremente a través de las fronteras interiores del Viejo Continente. Además, implica que los viajeros de otros continentes que obtienen la visa Schengen hagan lo propio durante sus estadías en Europa. Una marcha atrás en esta política iniciada en 1985 significaría reinstalar los controles fronterizos también para los turistas, con las múltiples demoras que ello implicaría en la tramitación de las visas en el país de origen y luego en el destino.

Cierto es que, por ahora, los pedidos no llegan a ese extremo y las suspensiones del acuerdo Schengen son circunstanciales y temporales. Pero Francia, por ejemplo, está muy firme en el pedido de que haya un refuerzo mucho más estricto de los controles a los viajeros cuando atraviesan las fronteras exteriores de Europa.

¿Son los gobiernos y los países directamente afectados los únicos preocupados? Para nada. “Lamentablemente, vivimos en un mundo que está amenazado en cualquier lugar y en cualquier momento. No es bueno que ningún país busque atribuirse etiquetas, por encima de los demás, de ser más seguro que los otros”, dijo días atrás el director ejecutivo de Relaciones con los Miembros de la OMT, Carlos Vogeler.

Y esa sensación de inestabilidad está empezando a golpear los nervios (y también los bolsillos) de los grandes jugadores del mercado turístico global. Sin ir más lejos, la semana pasada el consejero delegado del operador Thomas Cook, Peter Franhauser, planteó lo inédito del reto que afronta el sector: “En mis 30 años de trabajo, nunca había experimentado nada como esto. Estamos operando en momentos inciertos, aunque sabemos que cuando el consumidor quiere viajar reconoce la seguridad que operadores como nosotros les podemos ofrecer”. Thomas Cook debió cancelar en junio sus paquetes a Túnez tras el atentado en una playa de Susa y hace un par de semanas afronta el impacto económico de la suspensión de los vuelos a Sharm el-Sheij.

HERIDAS ABIERTAS.

Tras el atentado de la semana pasada en un autobús de la capital, la ministra de Turismo tunecina, Selma Elloumi, explicó que los tres ataques que sufrió el país africano en lo que va del año han afectado gravemente a la economía.

Recordemos que el 18 de marzo el ataque contra el Museo del Bardo se saldó con 22 víctimas, y el 26 de junio el tiroteo en un hotel de Susa concluyó con 38 muertos, muchos de ellos extranjeros. “Inmediatamente después de los atentados en Susa el turismo se desplomó. Desde Europa llegan un 50% menos de visitantes y han cerrado 70 hoteles”, relató la funcionaria a la cadena española RTVE. En números, las pérdidas en 2015 superan los US$ 500 millones y los dos millones de pernoctes hoteleros.

Tampoco a la capital del principal país receptor del mundo le está siendo fácil cerrar las heridas de los atentados del 13 de noviembre. Las cifras oficiales hablan de un descenso del 15% en la afluencia de visitantes. Pero los museos arrojan números aún peores: el Louvre y el de Orsay cortaron un 30% menos de tickets y el Pompidou acogió la mitad de los turistas que venía atendiendo en las semanas previas.

Fuente: Ladevi
04/12/2015