Los pioneros descubrieron su potencial hace 20 años, pero es ahora cuando el Valle de Uco se empieza a revelar.

Tim Atkin MW (Master of Wine) viajó a la región donde muchos creen que nacen los mejores vinos del país: «Puede que Buenos Aires sea la capital de la Argentina, pero el centro del negocio del vino se encuentra a 1.050 kilómetros al oeste, en Mendoza. Sin agua de deshielo no habría industria ni agricultura para producir vino en estas condiciones casi desérticas», destacó el experto británico.

 

A la altura de Bordeaux, Firenze y Napa, Mendoza se desarrolla como principal polo vitivinícola de Sudamérica integrando las grandes capitales mundiales del vino y siendo la única de Latinoamérica. 

 

Varietales

En poco tiempo el Valle de Uco se convirtió en una atractiva región de la Argentina y es una de las más conocidas del hemisferio sur. Allí se elaboran los mejores Chardonnays y Sauvignon Blancs del país, y también algunos de los tintos más sobresalientes. En pocas palabras, le ha otorgado una nueva dimensión al Malbec argentino, produciendo vinos de altura que se destacan por su color intenso y perfume, como también una acidez fresca, profunda fruta negra y taninos suculentos.

 

Esta potencialidad vitivinícola supo amalgamarse bien al encanto natural de la zona donde el Cordón del Plata ofrece una postal única en que cientos de inversionistas supieron ver y potenciaron no sólo el vino argentino sino también el turismo. En los últimos años, este turismo ha tomado diferentes formas y ha ido descubriendo las necesidades del visitante. 

 

El Valle de Uco se convirtió en el lugar más glamoroso de la vitivinicultura mendocina donde más 100 bodegas se abren al mundo con inversionistas locales e internacionales junto a proyectos que no tienen nada que envidiar a Napa o Bordeaux y donde llegan visitantes de todas partes del mundo.

El Clos de los Siete fue un verdadero ejemplo en la década pasada y actualmente es un imperio digno de ser visitado donde se puede almorzar o compartir una copa de vino ante un óleo natural. Lo cierto es que las bodegas apostaron a la inversión en la zona por sus cualidades de suelo y la potencialidad en sus vinos y fueron sorprendidos por la necesidades de los visitantes de quedarse a disfrutar del paisaje y el aire valletano. Así estas cavas abrieron al turismo y en cada temporada suman servicios de gastronomía, alojamiento y actividades turísticas relacionadas o no con el mundo del vino.

 

Enoturismo deportivo

El golf y el polo encontraron su lugar en el Valle de Uco y allí se quedaron. Atamisque y Tupungato Winelands ofrecen la posibilidad de disfrutar del golf a la vera de los viñedos degustando vinos de altura mientras se recorren los campos de golf. Inclusive el torneo internacional “Golf por los Caminos del Vino” ha incluido el Valle de Uco en varias de sus ediciones.

 

Dormir entre viñas

Pasar el día recorriendo fincas, cosechando uvas, degustando vinos y compartiendo gastronomía de muy buen nivel puede que no alcance en una sola jornada por lo que existe la posibilidad de quedarse y despertar entre viñedos, con el sonido de los pájaros, algún arroyo de deshielo golpeando rocas y un desayuno casero con dulces de frutas, recientemente hechos.

 

En los últimos años, el Valle de Uco se ha preparado para recibir a turistas y ha desarrollado emprendimientos hoteleros que permiten quedarse en viejas casonas, casas residenciales preparadas especialmente con servicio de alto nivel.

 

Algunas ya son muy conocidas: Posada Salentein, Tupungato Wineland, el novedoso hotel del vino Fuente Mayor, O Fournier, entre otras.

 

Fuente: Ambito

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