Cerca de San Rafael y su circuito de bodegas, el Cañón del Atuel es ideal para el rafting, canopy y trekking.

En el sur de Mendoza, San Rafael tiene un menú para cada paladar.

El que llega puede perderse en el mundo del vino, en una ciudad que tiene unas 90 bodegas que organizan visitas guiadas, degustaciones y otros placeres sensuales de ese estilo.

Se puede también disfrutar de veredas arboladas durante un paseo en bicicleta o visitar una fábrica de aceite de oliva y probar típicos platos cuyanos.

Otros prefieren mirar de cerca las montañas, navegar los ríos, subirse a los árboles o tirarse por cables de acero, a 90 metros de altura. Para ellos, San Rafael es un pequeño paraíso. A 30 kilómetros de la ciudad hacia el sudeste –camino a General Alvear–, Valle Grande es el centro neurálgico natural para practicar estas actividades. El viaje comienza bastante antes de llegar. Por la ruta 173 que conduce hacia el Cañón del río Atuel, se atraviesa la localidad de Rama Caída, viñedos y un paisaje de sol y cielo despejado, con pocos días de lluvia anuales.

Jugando en las alturas

En el km 25, el Bosque Aéreo Euca, inaugurado en 2009, ofrece 45 juegos aéreos, divididos en cuatro niveles de dificultad.

Luego de una corta charla técnica y de seguridad, es hora de calzarse casco, arneses, mosquetones y cuerdas y volcarse a la aventura de escalar árboles de entre 2 y 10 metros de altura, usando puentes de soga o madera, trapecios en altura y tirolesas.

La actividad del parque puede ser sólo una excusa para demorar el juego y quedarse quieto escuchando de fondo el arrullo del río Atuel. O para sentir cómo se mueven las hojas de un álamo, un olmo y los sauces criollos. Al bajar de los juegos, también es un placer charlar con la administradora Sandrine Muller, una francesa con la tonada más mendocina del mundo. “Se aprende a fuerza de vinos y mates”, explica riendo.

En el kilómetro 35 comienzan a aparecer los prestadores de rafting, una de las principales atracciones de la zona. En el ambiente de ese deporte, los ríos se califican del 1 al 6, de acuerdo a la dificultad de navegación.

El Atuel está en el rango 2, lo que lo convierte en accesible para la familia, con algunos rápidos para dar emoción al trayecto y tramos de remanso, ideales para abandonar la embarcación y darse un chapuzón. 

Los operadores ofrecen recorridos cortos de 6 kilómetros que duran una hora, intermedios y extensos, de 16 kilómetros y alrededor de dos horas de travesía.

Antes de subir al gomón, los guías e instructores se encargan de repartir cascos, salvavidas y remos y se dan instrucciones muy sencillas. La voz de mando ordena primero a remar hacia adelante; sigue con un “descanso, chicos”, “un poco hacia atrás porque ahí hay una roca” y “ahora, todos al suelo del gomón”.

Así, todos nos vamos mojando; aunque el viaje es relajado, en los rápidos la adrenalina sube aceleradamente y genera un vacío en el estómago.

El rafting es sólo una opción para lanzarse río abajo. El doki es una canoa inflable para un guía y un pasajero, que hace aún más intensa la experiencia; hay servicios de kayak (se requiere hacer un curso) y de col river, botes individuales acompañados por guías.

Un salto al vacío
El paisaje no puede ser mejor: las montañas del Cañón del Atuel, en un recorrido de 14 plataformas que combina canopy con tramos de trekking. En algunos saltos se recorren hasta 240 m, a 40 km por hora y a casi 100 m de altura. “¿Estás listo?”, pregunta un instructor. “Bueno, largate entonces”, desafía, como si fuese fácil el salto al vacío.

Por momentos, el vértigo es sólo una anécdota ante tanta belleza, agua turquesa, montañas y la brisa que acaricia, cuando uno está suspendido en el aire.

Arriba sólo se siente el zumbido de los cables de acero y los gritos de los aventureros, que descargan energía mientras vuelan por filos, montañas y mucha agua.

Luego de tanto esfuerzo, bien vale regresar a San Rafael para cenar. O quedarse en un hotel o en una de las cabañas de Valle Grande, copa de vino en mano, sintiendo el manto suave del Atuel. El cielo estrellado anuncia que mañana habrá, otra vez, sol y buen clima.

Adrenalina, remansos y vinos, esta es la propuesta que te hacemos hoy. Prendete a la emoción…aventúrate en Mendoza!

Fuente: Clarín Viajes

 

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