Se trata de uno de los tesoros que guarda en su interior la ciudad de San Rafael. Aguas calmas y rodeadas de un paisaje paradisiaco, invitan al turista a practicar todo tipo de actividades recreativas. Destaca la amabilidad de los locales.

A escasos 30 kilómetros de la ciudad mendocina de San Rafael, los turistas tienen le posibildad de descubrir uno de los destinos de turismo aventura más destacados de la provincia: el Lago Reyunos.

 

Desde el embarcadero, a un costado del dique del mismo nombre, las lanchas y catamarans se preparan pare Ilevar a los visitantes por aguas calmas ante un paisaje de parades rocosas pintadas con el verde de los chañares y las jarillas. En el lago se pueden practicar todos los deportes náuticos imaginables: canoa, kayac, buceo, esqui acuático, paseo en lancha y muchas otras opciones más. 

 

También, y como parte de las diversas actividades que se ofrecen, se puede realizar tirobangi, rapel, trekking, y un sinfín de otras prácticas que conjugan a la perfección con el entorno natural.

Para recorrer los 15 kilómetros de largo y 750 hectáreas de superficie del lago, nada mejor que hacerlo en una lancha guiada por el titular de la Cámara de Turismo de San Rafael (CAT) y propietario del apart hotel «Los Reyunos», Cristian Draghi.

«En estas aguas no hay correntadas, lo que facilita la práctica de estas actividades. Toda la formación rocosa es parte del macizo o bloque de San Rafael, que es más antiguo que la cordillera y la precordillera», explicó.

«Es que forma toda esta serrania y el cañón del Atuel, y emerge en Tandil, en la Sierra de la Ventana. Es todo la misma formación», agregó Dragui, quien hace de la cortesía, una práctica constante, que permite un acercamiento familiar con el turista.

 

La lancha parte del embarcadero, que pertenece a un prestador turístico, hacia el oeste y se interna en el lago alejándose del dique y adentrándose entre un largo desfiladero rocoso — paredes de hasta 70 metros de altura- de origen volcánico. 

 

«El dique es de materiales sueltos, es decir, se hizo con roca compactada sacada de la zona. Además, es una central de bombeo, la primera de Sudamérica en su tipo. Esto quiere decir que en los momentos de mayor consumo genera electricidad y en lo de menor consumo gira al revés, chupa el agua y la manda de vuelta al lago», explicó Dragui.

El vaivén del motor moviliza a un grupo de cisnes de cuello negro que remontan vuelo y se recortan contra el cielo azul. Arriba, en lo alto de las formaciones, se adivinan los nidos de cóndores.

 

Mientras la lancha va recorriendo los rincones del lago, los viajeros hacen rodar su imaginación. Las rocas toman formas determinadas y hasta han sido bautizadas dependiendo de quien las haya visto: cabeza de King King, Snoopy, y hasta la infaltable forma erótica que se adivina en alguno de los recodos.

 

“El nombre los Reyunos viene porque en toda esta zona había mucho ganado sin marca, sobre todo caballos, entonces la palabra se forma en referencia a Atila, Rey de los Hunos, unos nómades. Entonces, como eran muchos animales sin marca, era la zona de los animales del Rey», contó.

El lago es alimentado por el río Diamante, uno de los cuatro más importantes de Mendoza. Tanto el Diamante como el Atuel pasan por San Rafael, aunque el último tiene un desarrollo turístico más avanzado. «El Diamante es un proyecto a largo plazo que es el desarrollo del Cañón del Diamante», nos dicen a modo de explicación.

 

La lenta marcha zigzaguea por entre recodos hasta llegar a una curva, pasada la cual, emerge a los ojos del visitante una de las postales más lindas del lago Reyunos. Sobre una ladera, diversas construcciones dibujan el contorno del club náutico.

 

El complejo está compuesto por unas 100 casas de fin de semana, 3 camping con dos piletas, un complejo de cabañas y un apart hotel, todo construido con un estilo parejo y amigable con el ambiente.

Al lugar también se puede llegar por carretera, dependiendo del gusto del viajero, pero ambos caminos —por tierra y por agua- son un lujo para los sentidos.

°El agua del lago, que tiene unos 100 metros de profundidad, puede llegar a los 20 o 22 grados en el verano. Aunque es muy escarpado y no hay playas de arena, los visitantes pueden igual disfrutar del agua. Nosotros en verano ponemos una pileta de fibra de vidrio que se llena con agua del lago. Parece que flotara», precisó Dragui.

El regreso al embarcadero después del paseo en lancha —que también se puede hacer en catamarán- sorprende por el cambio que significa la luz más tenue sobre el paisaje, mostrando una serie de variaciones maravillosas.

Los visitantes tienen que tener en cuenta que la temporada se estira desde principios de diciembre hasta semana santa, inclusive. Unas vacaciones diferentes para toda la familia.

 

Fuente: Telam, por Alejandro San Martín

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