Salir a descubrir nuevas tierras, o la propia, implica envolvernos con el aire característico de un pueblo, su cultura, su gente. 

La fascinación por el campo muchas veces nos impulsa a introducirnos en una tierra y apreciar su paisaje, la flora, la fauna, la arquitectura, la gastronomía regional, el folklore y las tradiciones orgullosamente preservadas por una comunidad.

Esta forma de disfrutar del tiempo libre se conoce en nuestros días como turismo rural.

Se trata de una actividad innovadora que, en nuestra provincia, adquiere especiales características, precisamente porque Mendoza es un oasis y sus espacios rurales han sido posibles gracias al esfuerzo del hombre, que ideó un adecuado sistema de riego artificial en una zona desértica.

En Mendoza se han diseñado varios circuitos de turismo rural que atraviesan casi todos los departamentos de la provincia, ofreciendo un amplio abanico de atractivos para conocer.

En esta oportunidad nos detendremos en un circuito de montaña, el Valle de Potrerillos, ubicado a 65 km. de la ciudad de Mendoza, por el Acceso Sur hasta la Ruta Nacional Nº7.

En Potrerillos nos encontramos con un sitio de descanso, dueño de interesantes vistas y de las aguas color esmeralda del imponente dique.

Circuito Potrerillos
El Cortijo del Torreón. Hospedaje con spa. Restaurante. Casa de té. Actividades rurales y recreativas.
Jerome. Elaboración artesanal de cerveza. Gastronomía Típica. El Salto. Potrerillos.
Vivero Pinar del Cerro. Plantas autóctonas y exóticas. Juegos infantiles. Snack bar.
El Rincón de los oscuros.
Cabalgatas. Guías especializados. Programas familiares, diarios o semanales. Av. Los Cóndores. Las Carditas. Potrerillos.

El Gran Hotel Potrerillos, recientemente reinaugurado tras 15 años de inactividad, es una fantástica opción de alojamiento o la excusa para una media tarde con gran variedad de pastelería, para los más glotones.

 

Dique, cordillera o bosque son tres alternativas de paisaje que se pueden apreciar desde los ventanales del Gran Hotel Potrerillos.
Sobre hospedajes y confort
Potrerillos nos sugiere visitar El Cortijo del Torreón, una hostería que dispone de un conjunto de espacios en el cual se pueden desarrollar las más variadas actividades pensadas especialmente para los visitantes.

Cada lugar recibe la denominación correspondiente a las “cuatro estaciones”, precisamente por estar ambientados de acuerdo a los colores que identifican las distintas épocas del año.

En los interiores encontramos los dormitorios, el baño y el estar-cafetería, con el mobiliario adecuado según la cantidad de huéspedes, música funcional y servicio de mucama. No hay que llevar más que los efectos personales y, eso sí, muchos deseos de disfrutar de unas vacaciones en la montaña.

Cualquier momento del día se presta para las actividades al aire libre. En deportes de aventura hay para todas las edades y niveles de destreza: mountain bike, senderismo, cabalgatas, además de excursiones de agroturismo especialmente programadas.

Después de un día agitado, bien vale la pena recargar las energías. El restaurante, cálidamente decorado, nos espera con su exquisita gastronomía. En un marco montañés, podemos optar entre una variada carta: menúes típicos, truchas y lenguados al horno o a la parrilla.

Y si en alguna oportunidad nos apetece algún break, entonces podemos ir al Bar de Tapas, ubicado en el área de la piscina climatizada, y probar los sabrosos bocados de la cocina española, tragos y jugos naturales.

Bajando por la escalera caracol, descendemos al sótano, donde se encuentra la cava del Cortijo. Un simpático lugar para reunirse con amigos a disfrutar de un buen vino acompañado de jamón casero y el pan de horno de barro. Quizás un mazo de cartas haga más agradable el encuentro y lo extienda hasta altas horas de la noche, con sabrosos coloquios mediante, por supuesto.

Especial atención merecen los jardines, portadores de una gran sensación de paz y tranquilidad. Una añosa arboleda y eternos prados de césped nos invitan a sumergirnos en la naturaleza, escuchar el canto de los pájaros, leer un libro, charlar con los amigos o simplemente contemplar el lugar en silencio.

En las frescas noches del valle, diferentes rincones nos regalan momentos apacibles para nutrir el espíritu. Así, recostarnos en una reposera, con mucho abrigo, y admirar el cielo de Potrerillos, densamente cubierto de estrellas, puede ser una de las experiencias más placenteras durante nuestra estadía.

Los aficionados a la astronomía también tienen su espacio, ya que pueden hacer sus observaciones o avistar una nova con guías especializados.

Un buen asado al pie del punto de observación puede estimular este inédito programa.

Quienes sean afines al canto tienen la oportunidad de demostrar su habilidad en un fogón. Así, entre canciones y guitarras podemos distendernos con chistes o el recuerdo de anécdotas. Tal vez, en alguna ocasión, se acerque algún criollo del pago que, acompañado de una pareja de bailarines, reafirme las costumbres de nuestra tierra.

Una cervecera al pie del glaciar
Al pie del Cordón del Plata podemos beber una auténtica cerveza artesanal y degustar platos típicos centroeuropeos.

La cervecera Jerome, creada en 1998, custodia el secreto de un viejo cervecero europeo que, desde Checoslovaquia, legó su antigua receta a la familia Maccari. Primero nació como un hobby, más tarde fue la excusa para el encuentro con los amigos y hoy está instalada en el mercado con importantes volúmenes de producción, distribuidos en distintos puntos del país.

Recientemente ha conquistado el sector de la Patagonia, donde los principales bares eligen Jerome para su selecta clientela. Así, a pesar de la existencia de muchas fábricas de cerveza, se inclinan por un producto de calidad, de origen naturalmente mendocino.

El toque mágico de la cerveza reside exclusivamente en su elaboración, ya que es la primera cerveza fina realizada con agua de glaciar, única en el país por su calidad y pureza.

En la antigüedad, las fábricas de cerveza se instalaban junto a un arroyo, en tierras altas, para asegurarse agua pura en forma permanente. Actualmente, después de más de ochocientos años, Jerome continúa imitando la metodología de aquellas cerveceras, para garantizar un producto genuino, libre del cloro residual de las aguas de las ciudades y del exceso de minerales.

Después de un cuidadoso proceso de elaboración, Jerome nos presenta tres perfiles: la cerveza rubia, suave al paladar, de amargor delicado y equilibrado sabor a malta. De color dorado intenso, con brillos límpidos, espuma cremosa y final de vainilla en boca. Ideal para degustar con todo tipo de entradas frías y pizzas.

Su cerveza roja tiene un marcado carácter, con amargor pronunciado y fuertes notas a caramelo tostado. Con final largo, picante y frutado en boca. De color ámbar oscuro a carmín, con espuma suave. El complemento adecuado para acompañar con fiambres y carnes rojas.

Finalmente, la cerveza negra, con sabor a frutas secas y pasas, un dulce bouquet a café, trufas y chocolate. De gran cuerpo y acabado suave a la vez. De color negro perlado y espuma cremosa, se presta para disfrutarla con pescados, mariscos y postres de chocolate.

Cabe destacar que el esfuerzo de esta empresa familiar ha sido reconocido a escala internacional. En 2004, Jerome fue la única cerveza artesanal premiada en el certamen “Terra Madre”, realizado en Turín, Italia.

Entre lo exótico y lo autóctono

Emprender el recorrido de montaña y no detenernos en el Vivero Pinar del Cerro o en El Rincón de los Oscuros puede frustrar nuestro viaje. Es que encontrar lugares como estos, a 2.000 metros sobre el nivel del mar, en la impasible Cordillera de Los Andes, no parece cierto.

El Vivero Pinar del Cerro nos invita a dar un paseo entre sus flores y pinos, y recorrer caminos impregnados de agradables fragancias y cargados de un vivaz colorido.

Podemos observar plantas típicas de nuestra región, pero también otras que son características en otras zonas. Sin embargo, todo se conjuga en un espacio único, en donde tampoco podían estar ausentes los animales. Por ahí merodean, en la Granja del Cerro, conviviendo unos con otros en el parque o en el estanque.

Y en medio de este ecosistema, lo autóctono: el Rincón de los Oscuros nos ofrece más de cien caballos mansos para realizar un paseo por los alrededores de Potrerillos. Guías especialmente capacitados pueden acompañarnos en nuestras andanzas y descubrir los hermosos lugares que esconde esta especial montaña.

Paisajes increíbles nos sorprenden en cada cabalgata, con cascadas naturales y los cóndores típicos de nuestra región volando muy de cerca.

A través de distintos recorridos, por montañas o sembradíos, podemos entonces involucrarnos con una región e interactuar con ella, con su forma de vida, con su actividad laboral, con la naturaleza misma.

 

Un fin de semana en el Valle de Potrerillos es un programa que entusiasma a cualquiera, en invierno propone nieve y en verano brinda aire fresco de montaña y actividades náuticas en su hermoso embalse, no querés venir a disfrutarlo con nosotros?

 

Fuente: Los Andes

 

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