Para todo aquel que recorrió Mendoza seguramente tuvo una parada casi obligatoria en sus muchas bodegas famosas y no tanto… pero acá te recomendamos una muy particular.

Seguramente en Mendoza todos hayan conocido varias bodegas recorriendo sus famosos Caminos del Vino, pero no creo que muchos hayan tenido el gusto de ir a una pequeñita bodega tan maravillosa como esta y me refiero a la “Finca Mariñata” de Jorge Rebudero.

Esta bodega no solo ofrece un vino muy rico, sino que tiene una atención envidiable, un compromiso con cada persona que ingresa de brindarle un grato momento con un trato muy personalizado. 

A tan sólo 34 kilómetros de la ciudad de Mendoza, Lavalle invita a vivir su propia aventura, a armar el día de acuerdo a sus preferencias y así vivir experiencias inolvidables en un entorno sin lujos, con autenticidad.

Así se podrá formar parte de la producción agrícola y artesanal con sus métodos de cultivo, la crianza de los animales, las técnicas ancestrales de elaborar artesanías autóctonas, la elaboración familiar de vino casero, aceites de oliva, mieles, dulces, conservas en un paisaje rural que traslada a los recuerdos de una antigua Mendoza y, entre tanto, mates, meriendas campestres y sabores regionales.

Este tipo de turismo se practica en áreas rurales y pequeños poblados del interior, espacios en los que el viajero se siente tranquilo y seguro, en el lugar que visita.

La bodega Alma Pura, que se encuentra en el departamento de Lavalle, es una bodeguita artesanal de propiedad de una pareja muy dulce, que en cada oportunidad que se acerca un visitante lo atienden como si fuera un familiar.

La Finca Mariñata es un emprendimiento familiar planteado desde la integralidad, donde olvidarse de todo y descansar, es posible.

En este predio de 7 hectáreas con plantaciones de vid, olivos y árboles frutales hay cabañas, una pequeña bodega (Alma Pura) donde se elaboran vinos caseros y fábrica de dulces artesanales. Se hacen degustaciones y se recorre la bodeguita. Tiene la particularidad de una cava bajo la superficie, con paredes de gaviones y fardos de pasto, con techo vivo (hoy seco por fuera de temporada). Las degustaciones son sin cargo.

También se puede ir a comer, con reserva previa y el menú incluye carnes asadas y pastas.

Nosotros tuvimos la suerte de ir a conocerla en diciembre del 2015 lo cual al no ser una temporada alta del lugar nos permitió tener un contacto mucho más personal con su dueño. Este nos abrió las puertas de su bodega, de su hogar y hasta de su familia, ya que nos presentó a su bella esposa y su preciosa nieta Flora.

Nos invitó a degustar su vino, pero no con el afán de vendérnoslo sino con la idea de entablar una conversación de amigos, nunca sentimos tanta calidez en ninguna otra bodega.

Nos contó que era del Tigre (provincia de Buenos Aires) y que decidió realizar este emprendimiento familiar debido a que le gustaba el vino y la tranquilidad que ofrece un lugar así. Además nos dijo que era psicólogo, lo cual nos llevó a entablar una conversación acerca de variados temas por más de 3 horas.

Primeramente nos presentó la bodega, que para ser pequeña no tenía mucho que envidiarle a ninguna otra grande. Luego de horas de charla nos contó que ese día volvía su hija de viaje así que la estaba esperando con unos pollos a la parrilla a lo cual no dudó ni por un segundo en invitarnos a almorzar.

Tanta amabilidad en un solo lugar solo pueden tener como resultado un grato momento.

Es un lugar sumamente recomendable que además de ofrecer vinos artesanales, mermeladas caseras y alojamiento con desayuno, brinda al visitante calor humano que uno solo encuentra en un amigo. 

Fuente: Blog “Viajes al aire libre”

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