Durante los últimos meses, los espacios que combinan gastronomía y el momento de esparcimiento con arquitectura histórica y agradables paisajes han proliferado en Mendoza. Y cada vez más mendocinos optan por descubrirlos y festejarlos.

El año 2020 y lo que va del 2021 no ha sido un año del todo bueno para el rubro turístico y gastronómico que digamos. De hecho, si hubiese que hacer un balance general, probablemente la aguja se inclinaría para el otro lado. Y es que la falta de turistas extranjeros y la baja de visitantes argentinos ha sido considerable, sumado a las restricciones que han llevado a que las reuniones sociales entre mendocinos y mendocinas hayan mermado. Sin embargo, no todo ha sido tan oscuro, sobre todo si se intenta mirar el vaso medio lleno, como suele decirse.

Dentro de las buenas noticias y esta mirada más positiva, vinculada con la reactivación, durante los últimos meses se ha evidenciado una tendencia que va en crecimiento dentro de lo que tiene que ver con la gastronomía local. Y son en aquellos restaurantes, bistrós, salones y cafeterías que tiene su sede en históricas y casi centenarias casonas mendocinas y que han sido recuperadas para tal fin.

Bodegas centenarias, casas coloniales o de estilo español y construcciones con imponentes fachadas son solo algunos de estos espacios que han sido refuncionalizados y disfrutan por estos días de la fascinación de mendocinos y mendocinas. “Hay que tener en cuenta que la pandemia nos ha dejado cosas muy malas, pero también otras buenas, como ha sido para la gente de un lugar descubrir lo que teníamos a la vuelta de la esquina y no conocíamos. A ello se suma que, por lo general, las casonas son espacios que cuentan con un jardín grande y no están tan encerrados quienes las visitan. Todo lo que sea espacio amplio y abierto atrae a la gente en este contexto”, destacó la chef española Nadia Harón, responsable de La Casona 1891, ubicada en la calle Rawson de Maipú.

“Por lo general, la gente no viene solamente a comer al lugar; sino que es todo parte de una gran experiencia. La gente valora mucho la ambientación, la arquitectura y todo el paseo; que incluye distintos mercaditos y un jardín en el corazón de la manzana para disfrutar de la tranquilidad y el aire libre en medio del centro”, agregó a su turno Valentina Cortijo, encargada del Patio Lorenza, ubicado en calle San Lorenzo de Ciudad y en una imponente casona centenaria ambientada y adaptada.

“Creo que es toda una movida a nivel mundial, en todo el mundo hay una revaloración de las estructuras viejas y vintages, un poco como contrapartida y que logra el equilibrio con lo industrializado. Se evidencia toda una tendencia social en la gente a retomar las viejas casas y que tienen historia. Puede verse como una respuesta a la falta de contenido que hay en todo lo que tiene que ver con la actualidad, donde se instala una estructura liviana en cualquier lado. Pero la gente se engancha en la historia también”, destaca a su turno Jorge Galea, uno de los responsables de Flora B, un bistró que inauguró recientemente en calle Tucumán, de Godoy Cruz y en una histórica casona de más de cien años.

Atractivo

Tantas semanas de confinamiento y la imposibilidad de salir del país desde el inicio de la pandemia de coronavirus llevó a que una gran cantidad de mendocinos se inclinara por visitar distintos rincones de Mendoza, algunos de ellos clásicos del turismo interno y muchos de ellos desconocidos. Con los bares, cafés y restaurantes ocurrió algo similar, sobre todo luego de las flexibilizaciones que se aplicaron en Mendoza hace un año y que le permitió a estos locales reabrir al público (con protocolos).

Desde entonces, las alternativas que combinan el momento de esparcimiento con el paisaje, la arquitectura antigua y el aire libre asomaron como una alternativa, y se fueron sumando algunos más. “Oficialmente, abrimos en marzo del año pasado, pero cuando se dio el brote de la pandemia debimos cerrar. Y luego reabrimos en julio de 2020, por lo que hace unos días cumplimos el primer aniversario”, destaca Valentina Cortijo, de Patio Lorenza, una de las osadas emprendedoras que inauguró su espacio en plena pandemia.

Ubicado en calle San Lorenzo al 351, este espacio incluye distintos locales comerciales de emprendedores mendocinos (desde ropa hasta objetos y productos de diseño y autóctonos) y tiene su culminación en un café y restaurante con un espacioso y atractivo jardín en el corazón del centro mendocino. “La casa es una de esas casonas españolas. Fue construida en 1923 por el arquitecto Alberto del Castillo con materiales traídos directamente desde España. Eso es algo que impacta a la gente, que ve herrería que no es tradicional, mayólicas, pisos, carpintería de medio punto, madera gruesa y herrajes que no son comunes”, resume Cortijo sobre la arquitectura del lugar. Y es este precisamente el principal magnetismo del lugar, el que atrae a los habitués en una primera instancia.

Antes del inicio de la pandemia –la primera inauguración coincidió con el brote-, Valentina estuvo trabajando intensa y arduamente en la refacción del lugar, poniéndolo a punto para el paseo en el que se ha convertido. Y más allá de lo difícil de los primeros meses, en el último año pudieron trabajar de forma ininterrumpida y a buen ritmo.

“El atractivo principal es la arquitectura, sin dudas. Es distinta y la ambientación de la casa te hace sentir que estás en otro lado. Además, el mercadito está atendido por los propios emprendedores y eso también le otorga una muy buena energía”, agrega.

Aunque inicialmente la idea era hacer del restaurante un nicho temático en lo que tiene que ver con tapas, la misma pandemia y el día a día los llevó a adaptarse. Por esto mismo es que actualmente el lugar apuesta a tres momentos importantes: brunch, almuerzo y after (cierra a las 19:30). Y mantiene sus clientes fijos, de esos que van 2 o 3 veces por semana. “No hacemos delivery en lo que es cafetería, porque lo que ofrecemos es la experiencia de venir al lugar, disfrutar la arquitectura y volver, eso es casi todo. La gente se instala en el jardín y disfruta”, destacó Cortijo, quien resaltó que –incluso- de cara al comienzo de la primavera y con la llegada de los días más cálidos, están con intenciones de ampliar el mercadito.

Aunque no funciona como un restaurante abierto regular, La Casona 1891 (ubicado en calle Rawson de Maipú y en el predio de El Torreón) desde hace 5 años también combina la imponencia de una casona antigua y sus detalles arquitectónicos con una propuesta gastronómica. De hecho, y aunque desde el comienzo funciona como un salón para eventos puntuales y específicas, su responsable –Nadia Harón- reconoce que no descarta convertirlo en una alternativa de rutina para quien quiera acercarse.

“El atractivo del lugar no es solo la casona, sino todo el entorno. Está dentro de un parque que fue diseñado por Carlos Thays, el paisajista (el mismo del Parque General San Martín). De hecho, todo el desarrollo urbanístico y paisajismo mantiene la misma línea, es todo un desarrollo integral”, destacó la chef internacional.

Desde el primer momento, La Casona 1891 funciona como salón de eventos privados, por lo que ha sido reservado desde para reuniones de pocas personas (7 u 8) hasta otras de 300 o 400 personas (bodas, cumpleaños), todo antes de la pandemia. Pero el coronavirus los llevó a adaptarse en 2020. “El año pasado hicimos delivery de platos tradicionales cocinados por mí y distintos postres. E iba desde grandes pedidos –cuando se permitían reuniones hasta 10 personas- hasta pedidos particulares. Mucha gente pedía la comida de varios días (croquetas, por ejemplo) para dejarla congelada”, siguió Harón.

De cara a la primavera, y justamente con este magnetismo evidente del mendocino por disfrutar de los espacios que combinan arquitectura histórica con gastronomía, la responsable de La Casona 1891 se entusiasma para lo que viene. “De a poco se han ido reactivando los eventos y, con la llegada del buen tiempo en septiembre, estamos pensando en ofrecer una propuesta para convocar al público en general, eventos más generales y que no sean tan puntuales”, concluyó.

En el barrio Bombal, más precisamente en calle Tucumán al 300 (Godoy Cruz), sobresale una vistosa casa. En ella funciona actualmente el Colegio María Reina y comparte estructura y arquitectura con el flamante Flora B, que abrió hace apenas algunos días.

La casona data de 1916 y perteneció a la Federación Agraria de Mendoza. Cuando salió a remate a mediados del siglo XX fue adquirida por la familia Raganato. Más acá en el tiempo, la Fundación Saber instaló el Colegio San Francisco Javier en el lugar, hasta llegar a la actualidad y la sede del mencionado Colegio María Reina en el lugar.

“El colegio quedó atrás y Flora B está en el antiguo salón de actos. Es una estructura de más de cien años, con piso de pinotea y se ha reservado la estructura y arquitectura”, destaca Jorge Galea, quien junto a su esposa Soledad Álamo son los encargados de Flora B en el lugar. Y aunque el proyecto integral data de junio de 2019 en Chacras de Coria, con otra sucursal especializada en la cocina mediterránea y saludable, hace poco más de una semana abrieron su nuevo espacio en esta histórica estructura godoicruceña.

“Pudimos sobrevivir a la pandemia y encontramos este lugar que perteneció a la familia Raganato y es patrimonio histórico de Godoy Cruz. Logamos tomarlo como un lugar particular y son 120 m2 para el disfrute de la gente, del lugar y la historia”, resume Galea.

 

El Este también se destaca

La Tebaida es una zona con historia en el departamento de San Martín. Allí se encontraba la quinta en la que se instaló el libertador José de San Martín en sus años en Mendoza, y allí se encuentra el molino y es precisamente el nombre del hotel rural que se instaló en la actualidad en la zona. En una de las alas del hotel se encuentra el María Paz Restó, uno de los espacios que también es parte de esta tendencia.

Aunque la casa no es tan antigua como otras (data de entre las décadas del 50 y del 60), la arquitectura -fue construida por la familia Argerich- y todo el entorno lo convierten en algo muy vistoso y atractivo para los mendocinos y visitantes. “Es una casa muy bonita, con un patio en el medio y mucha vegetación. Hay palmeras y árboles añosos que se respetaron desde el comienzo y hasta un algarrobo viejo y un aguaribay. El entorno remite a la gente a una zona alejada del ruido, por más que esté todo a dos cuadras”, destaca la responsable de María Paz Restó, Irene Viggiani.

En 2015, Irene y un grupo de socios entraron en escena para abrir el restó. En ese momento, el turismo extranjero era muy fuerte, y la alternativa del hotel rural los atraía como moscas a la miel. Sin embargo, el contexto cambió y actualmente no solo que el turismo internacional no llega, sino que los ex socios de Irene siguieron sus propios caminos. “En cierto punto, la pandemia nos favoreció. Porque hubo mucha gente de Mendoza que descubrió San Martín y este lugar, por un lado; pero también porque desde hace ya tiempo la gente del Este vio que existe un lugar para ir a comer algo rico y casero sin necesidad de tener que ir a Chacras o al Valle de Uco”, explica la responsable del lugar, quien además es contadora.

El lugar cuenta con menú a la carta y se va renovando en cada estación. En verano apuntan toda la actividad y movimiento para la cena, pero en invierno y primavera también habilitan los almuerzos el María Paz. “Tenemos un público fiel y muchos son fijos. Pero todavía hay gente que viene por primera vez, y muchos del Gran Mendoza. De hecho, hay personas que vienen a comer y se quedan a hacer noche en el hotel. Y aunque la casona no es tan vieja como otras, el lugar es muy acogedor: un lindo comedor, un patio amplio y añoso y mucha vegetación que da tranquilidad”, concluye Irene.

Fuente: Los Andes – Por Ignacio de la Rosa
30/07/2021