La principal riqueza de este departamento esteño es la vitivinicultura. Paisajes soñados y sitios históricos son las bondades que este lugar mendocino tiene para ofrecer.

Cada emprendimiento turístico del departamento atesora relatos caros a otros tiempos. Un paseo por un mundo de recuerdos, de nuevos encuentros que despiertan los sentidos.

Junín se ubica al este de Mendoza Capital. Su nombre recuerda la Batalla de Junín, librada el 6 de agosto de 1824, en las Pampas de Junín del Alto Perú. Deriva de la voz del dialecto quechua “suni” o “sunin”. El 18 de enero de 1859 se reconoce como la fecha de creación del departamento de Junín. En  1980, ante su progreso, adquiere el rango de Ciudad.

La vitivinicultura es la principal riqueza del departamento de Junín. Otras actividades son el cultivo de olivo, frutales y verdura. Su patrona departamental es Nuestra Señora del Rosario. Junín cuenta con las celebraciones departamentales Fiesta de la Pisada de Uva, en el Molino Orfila; la Fiesta de la Melesca y la Fiesta Nacional de la Danza.

Los lugares para visitar en Junín son Los Barriales, el Solar Histórico del Molino Orfila, el dique Gobernador Tiburcio Benegas, la Pirámide, el Olivo Histórico, el Monumento del General San Martín, la capilla San Cayetano y la Posta del Retamo.

Llegamos a Junín por la mañana. La pequeña ciudad sin embargo estaba despierta, a ritmo puebleril con el encanto de los asentamientos urbanos que conservan los “buenos días” a cada paso; el ritmo tranquilo y la cordialidad a flor de piel. 

Desde hace algún tiempo el departamento se propuso darse a conocer al turismo y no es que con anterioridad le hayan faltado bellezas; sólo las mantenía a la vista de los atentos. Por esta razón decidimos descubrir para ustedes algunos rincones que valen la pena conocerse.

En la calle principal una piedra recuerda la Posta del Retamo. En un perímetro de más de una cuadra de la actual Avenida Mitre se hallaba hacia 1700 ese paso obligado de carretas que integraba el Camino Real. Nuestra anfitriona, se apura en asegurar que un 6 de setiembre allá por 1814 el General San Martín descansó allí en su viaje a la provincia cuando fue nombrado gobernador de Cuyo. Se enamoró del lugar y prometió volver. Las cosas de la agitada vida del militar y de la convulsionada política de los años posteriores hicieron que la promesa no se cumpliera. Sin embargo el hombre no se olvidó de esta parte tan propia de Mendoza; se preocupó por ella y realizó obras en su beneficio.

Hablamos concretamente del molino harinero, más conocido como Molino de Orfila. En aquellos tiempos los transportes no eran demasiado rápidos ni eficientes y la zona que comprende la actual ciudad de San Martín y Junín necesitaba medios de subsistencia propios. Por tanto el general dispuso la instalación de un molino para la molienda de trigo para aprovisionar de pan a los alrededores. Su funcionamiento era en base a la fuerza producida por una cascada que provocaba el llamado Canal o Acequia de la Patria, comúnmente denominado canal matriz San Martín.

Si bien el molino en sí no puede visitarse, se puede conocer la casona que servía para las tareas de molienda que ha sido rescatada para beneplácito de todos los que llegamos a desentrañar ese pedacito de historia. Las solariegas galerías del más típico estilo mendocino, con piso de ladrillos e importantes puertas y ventanales de rejas, mantienen su color terroso junto a tantos elementos que se utilizaban cotidianamente en tiempos remotos.

En un ala se halla el museo de la familia Orfila, plagado de recuerdos, fotos, objetos varios y una historia tan viva de vitivinicultura y esfuerzo, que necesariamente identifica a la provincia. Es impactante ver los vigorosos muros de adobe y madera atados con sunchos de cuero, tan fuertes como cualquier construcción antisísmica. Típicamente colonial con los techos de caña, ambientes oscuros y frescos, la casona retrotrae a su época de esplendor.

Damajuanas, barriles, un filtro de pasta, un destilador de ácido volátil, algunos fuelles, enormes vasijas, conviven con los recuerdos de la familia, sus fotos y las mejores anécdotas.

El predio de la denominada Villa Orfila contiene, entre sus límites, a la conocida capilla de San Cayetano, que donara Enrique Orfila en 1929 a la que cada 7 de agosto acuden miles de fieles en procesión de antorchas. También la fábrica de aceite de oliva hoy en desuso, la casa patronal y las viviendas, que en alguna época habitaran los empleados de la casa de vinos, entre otras edificaciones, y el criadero de caballos peruanos a la vera del canal matriz.

Bodega Benedetti
Los turistas pueden conocer el lugar de lunes a sábados y empaparse con la cultura del vino. El recorrido por las instalaciones seguramente traerá añoranzas, aquellos días en que Próspero Benedetti y su esposa, Palmira Arboit, idearon el emprendimiento que hoy es un referente en Junín.

Cuenta una de las nietas, Carolina, que su abuela lavaba las damajuanas con esmero, una a una y junto a otras mujeres embotellaba el elixir. “Eso era trabajar” dice con su sonrisa intacta y la convicción del esfuerzo de aquellos días. No sabemos si se parece a su pariente, pero algo en su mirada recuerda esos tiempos.

La bodega se fundó hacia 1948 y la tradición familiar es la que la mantiene. En la actualidad producen, elaboran, fraccionan y exportan, todas las fases de la vitivinicultura en un mismo lugar. Y cada una de las áreas es explicada por quien guía el recorrido. Es una visita excelente para aprender algo más sobre esta industria.

Santa Eugenia es la línea de varietales, y también comercializan mistela, moscato y mosto concentrado y arrope a granel.

El arrope es utilizado para endulzar diversas bebidas, entre ellas el Marzala, en tanto el moscato diluido en soda con una naranja exprimida es un excelente refresco, aseguran.

Color oliva
Otra propuesta del departamento es hacernos conocer una fábrica de aceite de oliva emplazada: entre los árboles que posibilitan el óleo y antiguos viñedos.

Tres generaciones de Libanti han trabajado en la empresa netamente familiar pero que no por eso desdeña los modernos métodos de elaboración. De hecho la originalidad del emplazamiento es que se ubica en una bodega. Allí recubrieron las piletas de cemento con acero inoxidable para almacenar el aceite -200 mil litros- y las maquinarias de última generación son otro detalle a tener en cuenta.

La visita comienza en la zona de bodega; luego se pasa a las plantaciones de olivos para conocer las características del fruto y más tarde se arriba al lugar en que descargan los camiones. Allí el lagar recibe a las aceitunas luego de ser pesadas y una cinta transportadora las eleva hacia la deshojadora.

El próximo paso automatizado es el de la lavadora que extrae los últimos residuos. Luego cae la producción en una tolva y finalmente en la amasadora. El decanter es el encargado de separar el orujo por un lado y el primer aceite por otro. Una última bomba centrífuga extrae el resto de agua que pueda quedar separándola del óleo.

La máquina continua puede moler 30 mil kg de aceitunas diarios de los cuales extraen de 5 a 6 mil litros de aceite. En poco tiempo los turistas, además de conocer la elaboración de aceite, podrán ver el proceso de las aceitunas en salmuera ya que la familia trasladará a Junín la fábrica que en la actualidad se encuentra en San Martín.

Si hasta aquí quedamos encantados es porque todavía no llegábamos a la sala de degustación.

Con la misma línea del edificio de la bodega, sobre una encantadora mesa de madera se dispone de diversos sabores para probar el aceite: jarritas con oliva virgen, extra virgen, tostadas, ajos, tomates deshidratados, manzanas verdes y variedad de quesos, la degustación cierra con un vino de la zona, no podía ser de otra manera afirman Alejandro y Cecilia, los hermanos que oficiaron de anfitriones.

Junto a la fábrica se encuentra una casona añosa que se ha transformado en hospedaje. Un parral da la bienvenida, como en cualquier hogar mendocino y unos plátanos orientales, rebuscadamente doblados, son la antesala. De ambientes amplios y despoblados cuenta con capacidad para 10 personas. Un hermoso jardín con flores, olivos y vides dan el marco a la piscina.

 

Si te interesa recorrer la historia disfrutando una copa de buen vino, consultanos, es nuestra especialidad.

 

Fuentes: MDZol y Los Andes

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