El «Pop Up» de Tegui en Tunuyán logra destacar en cada plato lo mejor de la gastronomía local. Con qué te vas a encontrar.

El Cordón del Plata, los viñedos del Valle de Uco y la tranquilidad de ver un atardecer bien mendocino, bien podrían ser los elementos de una tarde noche soñada. Así es la experiencia que se vive de la mano del chef Germán Martitegui en Pop Up al aire libre de Tegui, en la bodega Super Uco.

 

Con 11 pasos, 10 vinos y una sidra: paso a paso, plato a plato, así se vive la experiencia Tegui en Mendoza. Es que el restaurant, que el año pasado fue reconocido por la revista británica «Restaurant», como uno de los 50 mejores del mundo, trajo a la provincia lo mejor de su “savoir faire”.

 

Desde la huerta, detrás las mesas para cenar.

Desde que uno llega a Super Uco, rumbo al Manzano Histórico por la ruta 94, y camina entre los viñedos dispuestos en círculo se sumerge en un ambiente único. Allí, luego de atravesar la bodega octogonal de los hermanos Michelini se llega al restaurante al aire libre del reconocido chef Germán Martitegui.

 

La cocina dispuesta sobre los viñedos.

Una estructura de tablones y troncos, dispuesto justo al lado de la huerta circular, con el Cordón del Plata como telón de fondo y un entretejido de cuerdas que dejan ver el cielo como techo.

A la hora indicada y cada uno a su tiempo, el equipo de Tegui -que vive desde hace unos 40 días en Tupungato- presenta su plato, mientras el sommelier sirve el vino adecuado para maridar con los productos regionales.

Pistachos, tomates Florentino sembrados y cosechados especialmente para cada cena, higos, cebollas, flores de zucchini, manzana antigua (del tamaño de una cereza, dicen que sólo quedan 8 ó 10 árboles en Tunuyán), duraznos cristal con aceite de azafrán, mini peras, berros de la montaña, choclo y ajo negro.

Todo -aseguran- fruto de la tierra a no más de 10 kilómetros a la redonda. El menú se completa con leche de cabra, cabrito de Malargüe servido sobre almendras y uvas verdes, perdiz y las infaltables tortitas raspadas, un toque bien mendocino.

 

Uno de los momentos más interesantes de la velada, llega de la mano del chivito. Es que para completar el plato se le pide a los comensales que se levanten de sus mesas para retirar el producto directamente de la parrilla y allí comer al lado del fogón, si se lo desea.

 

Chivito de Malargüe

La cena puede extenderse de dos a cuatro horas, según el ritmo de los comensales, mientras el sol se oculta detrás de las montañas y los viñedos comienzan a iluminarse con unos pequeños faroles. La música instrumental envuelve el ambiente y acompaña cálidamente la velada.

 

Llega noche en el Valle de Uco.

La combinación de colores, texturas y sabores además de la presentación y la atención del equipo de Tegui confirman ese dicho bíblico que asegura que no sólo de pan vive el hombre.

 

Fuente: Guarda 14, por A. Vargas y S. Gonzalez

 

 

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