El nombre del sitio es por la imagen que, en algunos días únicos, forman el volcán Maipo y su reflejo.

La reserva natural es el atractivo más impactante del Valle de Uco, elegido por amantes de la pesca y la naturaleza. Por las tormentas de nieve que bloquean el acceso, sólo está habilitada 4 meses al año. Un recorrido en detalle.

El nombre del sitio es por la imagen que, en algunos días únicos, forman el volcán Maipo y su reflejo.

En un rincón de la Cordillera de los Andes, a 3.300 metros sobre el nivel del mar, Raúl Porras, David Argumedo y Gabriel Rivas tienen todo listo para dejar lo que fue su casa durante más de cuatro meses.

Los mencionados son guardaparques de la reserva natural Laguna del Diamante, ubicada en San Carlos y que cierra su temporada hoy luego de haber recibido a 9.000 visitantes de todo el mundo desde mediados de noviembre.

Raúl, David y Gabriel aguardaban la primera nevada del año en la zona -pronosticada para hoy domingo-, la señal de que es el momento de abandonar el puesto y cerrar todo para volver recién a fin de año, cuando la reserva esté habilitada nuevamente para el turismo. Sus mochilas listas y la desconexión de la red de agua en el refugio son la clara muestra de la partida inminente. Mientras, del celular de uno de ellos suena algo de No Te Va Gustar para acompañar los trabajos.

«No sabemos exactamente cuándo bajamos, pero sí es un hecho que cuando caiga la primera nevada levantamos campamento. No tanto por lo que pueda pasar acá, a la orilla de la laguna, sino porque en Paramillos nieva fuerte y quedamos encerrados si no salimos», explica Raúl, quien ya lleva 9 años como guardaparques en ese parador enclavado al pie del volcán Maipo, donde pasa la temporada para luego bajar a la delegación de Alvarado.

Los Andes recorrió rincón por rincón uno de los paisajes más hermosos de la provincia, que cada vez atrae a más visitantes, no sólo por su majestuoso entorno natural y por ser el lugar preferido para los amantes de la pesca, sino también por la posibilidad de intentar ascender el Maipo (5.323 msnm), elegido por muchos para hacer la adaptación previa a intentar la cumbre del Aconcagua.

Para la próxima temporada la idea es reestructurar el área de acampe a la orilla del lago, con el objetivo de aprovechar mejor los lugares cuando llegan muchos visitantes (ver aparte).

Todo terreno, todos los terrenos

Alberto «Pocho» Astudillo es de esas personas que cualquiera elegiría para viajar por el Valle de Uco y el Sur mendocino. Con 73 años ha trabajado desde la década del ’60 en la reserva y conoce a la perfección cada rincón y las mañas del camino. Empezó como inspector, luego fue guardaparques y coordinador provincial y actualmente tiene a su cargo todo lo que respecta a la caza y la pesca en el Valle de Uco. Más allá de su edad, su compromiso es el mismo con el que trabajó durante toda su vida, ahora con mucha más experiencia.

«La Laguna del Diamante está a unos 220 kilómetros de la ciudad de Mendoza, pero la gente que viene tiene que calcular que se gasta en combustible el equivalente a 400 kilómetros recorridos en un camino llano», indica Pocho al inicio de la excursión.

Deteniéndonos específicamente en las distancias, entre San Carlos y Alvarado (el ingreso a la reserva natural) hay poco más de 60 km de camino de tierra y ripio que -con algunos cuidados- puede ser cubierto con cualquier tipo de vehículo. Pero desde el momento en que se pasa el puesto Alvarado, hasta el pie del Maipo y la laguna propiamente dicha, la ruta no es apta para vehículos «de calle».

No es que no se pueda llegar en un auto común, pero no es lo recomendable ya que las condiciones del camino no son las óptimas: una lluvia, por tenue que sea, puede embarrar la vía y no dejar otra opción al aventurero que regresar sobre sus pasos. «Hay épocas en que se permite el ingreso de todo tipo de vehículos y otras en las que sólo se permite el ingreso en 4×4, depende del clima y las condiciones del camino», explican los guardaparques.

Pese a ser 60 km los que separan los puestos Alvarado y Laguna, con todas las condiciones a favor esa distancia no se cubre en menos de 90 minutos.

«Subo todos los años desde la década del ’60 y de acá a hace diez años el cambio climático ha sido notable. Antes, las vegas (parcelas de pastos desde donde brota el agua) estaban más verdes y había nieve y hielo en cualquier momento del año. Ahora se ve un poco más pelado y los ríos están más secos», destaca Astudillo mientras busca el punto exacto en la camioneta para poder subir la pendiente sin escarbar el camino -una precaución que no todos toman, un gesto tan noble como raro.

Del verde más vivo hasta el gris y negro de la piedra, el muestrario de colores que ofrece la topografía del camino es imposible de describir con palabras. Los planchones de nieve que se ven bien a lo alto, los guanacos que pasean libremente por el área protegida y dejan esas huellas que ya son parte de la postal, más las piedras enormes y arroyos cristalinos completan el cuadro.

«Se han vuelto más mansos los guanacos, probablemente acostumbrados ya al paso del hombre. Pero hace unos 30 años huían ni bien sentían un motor o veían el reflejo de un parabrisas», cuenta Astudillo. Con sólo mirar por la ventanilla se puede comprobar que estos animales, más allá de ponerse en guardia con la cabeza en alto y las orejas caídas, luego continúan con su quehacer, alimentándose, bebiendo agua o simplemente galopando hasta perderse a una velocidad notable.

La ruta continúa y el Maipo ya se ve a lo lejos, perdido entre otros cerros, pero siempre con tintes blancos en su cima. Paramillos es el punto más alto del camino, ese mismo lugar donde la primera nevada se siente con fuerza y el punto que todos quieren dejar atrás rápidamente al momento de la retirada con nieve intensa. Desde allí, por primera vez desde que se ingresa a la reserva, se logra una panorámica perfecta del volcán Maipo.

Lo que hasta ese momento era cuesta arriba se revierte y el paisaje vuelve a cambiar: ahora con más verde predominando sobre el amarillo y el gris, y con la sensación de estar ingresando al pozo donde se encuentra la laguna, al pie del volcán.

El cielo a las 13 acompaña de manera inmejorable el marketing de la Laguna del Diamante. «Es un cielo perfecto, atípico para la época del año y parece mentira que no haya nada de viento. Han llegado para llevarse esa foto que todos quieren, pero no todos consiguen», cuenta Pocho antes de abandonar la camioneta al final de la huella para vehículos.

Porras reafirma ese concepto. «Años atrás, para esta fecha ya habíamos cerrado la temporada. Marzo suele ser más inestable en el tiempo; hemos llegado a ver las tormentas del sur asomarse… Pero este año viene con buen tiempo». El martes pasado, por ejemplo, no había nada de viento y el agua era «aceite», como se le dice cuando está quieta.

Basta con acercarse a la orilla para entender por qué la llaman «aceite». La calma transforma la laguna en un espejo líquido perfecto, donde todo se refleja simétricamente.

La forma triangular del Maipo se refleja desde su base en el espejo de agua, formando un triángulo invertido en donde las bases del cerro se juntan. El volcán y su reflejo forman un rombo, un diamante (de allí el nombre del lugar). Mientras, a unos metros de la orilla, otro grupo de guanacos come pasto, ya acostumbrados a la paz y el paisaje del lugar.

Una experiencia única

«Venimos recorriendo el país desde Ushuaia y hemos comprado un libro con los lugares más lindos para conocer siguiendo la Ruta 40. Es la primera vez que venimos y es realmente hermoso este lugar. El hecho de que tenga el camino que tiene también le juega a favor, porque si lo arreglan y puede venir más gente, terminarán dañando y dejando su huella. Acabamos de dormirnos un ratito tirados en el pasto y es algo único que no se puede hacer en cualquier lado», reflexiona un matrimonio quilmeño que ha elegido la tranquilidad de marzo para disfrutar de la reserva.

Mientras tanto, el coloso Maipo, omnipresente, observa todo, del lado mendocino y del lado chileno (la frontera está apenas a diez kilómetros de la laguna).

«La zona de acampe es más bien reducida, en la parte oeste de la costa. Está delimitada para que la gente no se instale en otro lado. En este puesto les damos indicaciones a la gente, hacemos los controles de pesca y para que los visitantes no anden en camioneta por afuera de la ruta, que son las infracciones más comunes. Hay gente que pesca con carnada viva -algo que no se permite en la pesca deportiva- y otros que se meten con las camionetas por afuera del camino. Hay que mantener el ecosistema y el paisaje», explican los guardaparques.

Nada en el cielo parece indicar que el cierre de temporada está próximo, pero desde Alvarado ya avisaron que se espera un temporal para hoy domingo.

Es el día elegido para despedirse del Maipo, de su reflejo en la laguna y de la simetría, de las truchas que saltan sin detenerse. El día para ponerse a resguardo de la nieve hasta la próxima visita.

Los Andes 31/3/2013

Artículos Relacionados

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.