Pasantes de la tecnicatura de Conservación de la Naturaleza dirigen visitas guiadas a esta laguna impactante y extraña, donde explican aspectos geológicos y de la flora y fauna del lugar. Y además, difunden la leyenda popular que le dio nombre.

Quienes visitan el lugar quedan subyugados por su belleza natural.

Desde hace unos años que el acceso al espectacular lugar donde está la laguna de la Niña Encantada en Malargüe, a la vera del río Salado, dejó de ser libre.

Sin embargo, el costo por visitar el lugar es mínimo y es común encontrar a profesores y alumnos de la tecnicatura de Conservación de la Naturaleza del IEF (Instituto de Educación Física) que se dicta en éste, el más joven de los departamentos de Mendoza, explicando y charlando con los ocasionales visitantes.

“Nito” (Ernesto Obando), de 43 años, dirige uno de estos grupos y cuando ve que ingresa algún turista se acerca él o sus alumnos para explicar las características del lugar que visitan.
Con una contagiosa verborragia Nito da un pantallazo general del lugar, su historia y leyendas y brinda un relato sobre la flora y fauna, abundantes y llamativas en la zona.

Las vegas son las que llaman la atención. Es un conjunto de plantas achaparradas que forman una llamativa alfombra verde (vegas), claro que a simple vista es frágil, pero al tacto se detecta inmediatamente que se trata de plantas de alta montaña y por lo tanto resistentes. 

También hay cortaderas cuyos penachos brillan con la luz del sol como fibras de plata. Chañares, jarillas y decenas de plantas adornan los senderos junto al arroyo plagado de berros y algunos helechos.

 Más allá, y antes de llegar a la laguna que desborda en un arroyo de aguas transparentes y sonoras, hay pequeños remansos donde nadan apasibles gallaretas andinas (Fulica americana); patos barsinos (Anas flavirustris) y vuelan distraídas las raras (Phytotoma rara), una pequeña ave. También, si se conserva la calma, puede avistarse una que otra lechuzita de campanario.

Tanto Nito como Laura Tello, Matías Bizzarri, Laura Díaz, Sol Remón y Lucio Segura, todos alumnos pasantes rentados, aprenden y comparten con los visitantes estas exquisiteces de la naturaleza.

“No somos guías de turismo” -se apresuran a aclarar-. Nos preparamos para interpretar la naturaleza”, dicen entusiasmados. Allí permanecen 28 días en el pequeño refugio que ha armado la empresa prestadora Inka. También hay baños y se ha instalado cartelería explicativa.

Esta presencia casi permanente en el sitio ha detenido en parte el deterioro que se estaba observando por el accionar de los visitantes, que en un época pintaron piedras, rompieron árboles y hasta mataron algunas aves y pescaron en la laguna, donde los ejemplares de peces son de singular belleza. Es común observar a grandes truchas saltar sobre la superficie de las verdosas y cristalinas aguas.

En un principio se creyó que la laguna, de unos 80 metros de diámetro, era un cráter volcánico pero luego de estudios científicos se logró establecer que esta formación geológica corresponde al fenómeno kárstico denominado “dolina”, originado por la transformación de los depósitos subterráneos de yeso que, por efecto de las filtraciones de las napas freáticas, forman enormes cavernas debajo de la superficie. En una época se pudo practicar el buceo y muchos de los deportistas pudieron nadar por profundas cavernas con espectaculares paisajes.

Leyenda del lugar.

 Existen varias leyendas sobre la zona y el sentido de la laguna o sus orígenes, pero la más aceptada es la que señala que hace muchos años esta zona era habitada por pobladores tranquilos y también llegaban a la zona los indios pehuenches, que eran agresivos. A pesar de estas características y en busca de equilibrar la situación y llevar la paz al lugar, los caciques de ambas tribus decidieron unir en matrimonio a sus hijos.

Pero más tarde, la hija del cacique pacífico, llamada Elcha, se enamoró de uno de los hombres de su propia tribu. Al querer escapar para consolidar su amor, se armó tal revuelo que ambas tribus salieron a matarlos y los dos jóvenes al ver que no tenían escapatoria se arrojaron a las aguas frías de la laguna.

Asombrados los indios ante semejante prueba de amor, quedaron al borde del agua observando cuando desde el cielo cayó un rayo que alcanzó a una hechicera que estaba en medio del grupo haciendo sus conjuros. Ella quedó convertida en piedra y es precisamente la que hoy se observa en lo alto de la montaña frente al espejo de agua. Desde entonces, se dice que en las aguas de la laguna puede observarse con el reflejo de la luna la imagen de Elcha, que aparece para reencontrarse con su amor. De allí que proviene el nombre de la laguna: “Niña Encantada”.

Como éstas, existen otras historias o leyendas muy similares relacionadas con el amor, la hechicería y el Diablo. 

Para llegar a este rincón de singular belleza y paz se debe transitar por la Ruta Nacional 40 hasta su intersección con la Provincial N° 222. Cerca de 8 kilómetros antes del valle Los Molles se puede acceder a través del puente colgante Elcha o bien, desde el valle se llega por un camino de ripio que bordea el Salado por su margen izquierda.

Los Andes: domingo, 13 de enero de 2013

 

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