La casona ubicada en Emilio Civit abrió sus puertas el jueves como Museo Carlos Alonso. El artista no estuvo en la inauguración. Muchos puntos hay que destacar en esta esperadísima inauguración de la Mansión Stoppel -hoy Museo Carlos Alonso-. Así que vamos por partes.

Hace años que la Provincia nos debía a los mendocinos la restauración de este símbolo no solo arquitectónico sino histórico y patrimonial de nuestra Capital.

Una verdadera perla que se luce hoy en una de las calles más coquetas y repleta de historias de nuestra ciudad.

Pero también la deuda era con la certeza de que una sociedad comprende su presente si sabe valorar, pensar y reinterpretar su pasado: esta hermosa casona ha de contarles a las generaciones que nos sucedan cómo eran, cómo vivían, cómo imaginaban e intervenían el mundo los mendocinos que los antecedieron.

Una gestión bien entendida

El proceso para cristalizar estos logros fue arduo.

 

En 2012, Francisco Pérez -exgobernador- dispuso la transferencia del inmueble de dominio público municipal a la órbita provincial, y anunció que se usaría el edificio para exhibir la obra del maestro Carlos Alonso.

En 2013, se finalizó el relevamiento con el proyecto arquitectónico y el plan para restaurar, ampliar y recuperar la mansión (que llevaba la firma de los arquitectos Sergio Paoletti, Guillermo Gago, Malena Gago y Federico Jaramillo).

Se llamó a licitación para la construcción y el Estado destinó casi de 23 millones de pesos para esa tarea (que al finalizar se convirtieron en 46).

Pero cuando las obras ya habían comenzado en 2014, hubo que suspender los planes de inauguración (para la Vendimia de 2015) por retrasos en la construcción, que retomó ritmo hacia octubre de 2014 para luego suspenderse nuevamente.

Con el cambio de gestión, el gobernador Alfredo Cornejo decidió la finalización de esta importante deuda patrimonial de Mendoza con sus habitantes.

Así las cosas, el miércoles -para invitados especiales- él mismo cortó la cinta para permitir el ingreso.

Ya el jueves -para todo el público-, la Mansión Stoppel volvió a abrir sus puertas con el nombre de Museo Carlos Alonso.

Notable arquitectura

Hay que decir que uno de los mayores logros de este acontecimiento patrimonial es el trabajo de restauración, reparación y construcción del nuevo edificio que acompaña a la casona.

“Fue una obra cara, con un nivel de restauración internacional. Ha sido una experiencia de puesta en valor y restauración como no se había dado antes. Y es acorde a la jerarquía de la casa y de la gestión cultural que se pretende”, indicó esta semana el director de Patrimonio de Mendoza, Marcelo Nardechia.

“Tuvimos algunos parates, pero la prioridad fue siempre terminarla. Cuando llegamos (al Gobierno) estaba parada la obra, por lo que nos pusimos al día con los pagos y se pudo terminar”, afirmó a este diario el secretario de Cultura, Diego Gareca.

El inmueble original consta de seis salas en planta baja, cinco en el primer piso, una terraza  (donde se luce una estupenda escalera en caracol de hierro labrado) y un sector de sanitarios.

Parquet, techos, paredes, herrería, vitrales -traídos desde Italia- han sido reconstruidos con un estándar de nivel internacional.

De hecho, para que podamos apreciar cómo eran los techos originales, pintados a mano, se han dejado pequeñas muestras a modo de mosaico en algunas de las salas.

La restauración es de una finura notable.

 

Pero no sólo la casona es un prodigio de reconstrucción arquitectónica sino que el edificio contemporáneo, instalado donde se emplazaban las caballerizas del cónsul Luis Stoppel, es de exquisito y pertinente concepto proyectual; pensado para dialogar armónicamente, y sin competencia, con la construcción original.

En ese edificio que consta de una planta baja y dos pisos -además de sanitarios, un ascensor y otra terraza que mira a la original- se han instalado los Premios Vendimia otorgados por la provincia entre 1977 y 2013.

Las estupendas obras de Daniel Bernal, Egar Murillo, Osvaldo Chiavazza, Adrián Mazzieri, entre más, se lucen formidables entre esos muros contemporáneos.

Alonso, pero sin Alonso

En la sala A (que ocupa toda la mansión original) se encuentra emplazada la exposición de obras de Carlos Alonso. Lo curioso es que, aunque la Mansión Stoppel ha recibido el nombre del maestro, no sólo él no estuvo presente en la inauguración -ni alguien que lo representara- sino que la muestra -que estará allí tres meses- no pertenece a la Fundación Carlos Alonso.

Para conocer el motivo de esta ausencia, llamamos a Unquillo, donde reside el maestro con su esposa, Teresa. Fue así que confirmamos que ni el artista, ni la Fundación Carlos Alonso han estado involucrados en el montaje de esta exposición; sino que la exquisita y notable colección, que nos devela la faceta de dibujante e ilustrador de Alonso (organizada en diversos tópicos), pertenece a un gran amigo del artista, el ingeniero Jacobo Fiterman, dueño de esta obra a través de la Fundación Alon Para Las Artes.

Como sea, la Mansión Stoppel-Museo Carlos Alonso es, desde ahora, un orgullo patrimonial que nos debíamos y pasa a formar parte del legado a futuras generaciones.

Pero, además, un espacio de nivel internacional, en el que nuestros artistas visuales podrán desplegar su obra para el encuentro con sus espectadores. Celebramos, con alegría, este acontecimiento.

La Ficha

Museo Carlos Alonso -Mansión Stoppel

Emilio Civit 348, Ciudad.

Exposición: Carlos Alonso, ilustrador (sala A) y Premios Vendimia 1977-2013 (sala B).

Horarios: de 9 a 21 (de lunes a viernes) y de 10 a 21 los sábados y domingos.

Entrada: gratuita.

Fuente: Diario Los Andes
11/04/2018

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