A la vera de la ruta de acceso al valle de Los Molles, rumbo al centro de esquí Las Leñas, un cartel invita a los viajeros a conocer un espejo de agua de gran belleza natural, ubicado a corta distancia, que guarda en su interior historias y leyendas antiguas, y algunos misterios ocultos en las profundidades, conocido como “Laguna de la Niña Encantada”.

Un puente sobre el río Salado es el acceso a un sendero bordeado por vegetación de alta montaña, que se interna en húmedas “vegas”, salpicadas por pequeños remansos de un arroyo de agua cristalina, que anticipan la llegada a la laguna. Cortaderas con sus penachos al viento, helechos, jarillas y chañares componen un marco natural con un microclima especial, que se une a una formación geológica constituida por antiguas coladas volcánicas que dejaron cráteres y cavernas profundas en la zona.

Escondida entre paredes rocosas de basalto aparece una pequeña laguna de aguas azuladas, con tonalidades verdosas en sus bordes, por el depósito de algas, donde se refleja el paisaje circundante.

La laguna, utilizada antiguamente como lugar sagrado por los aborígenes, mantiene viva una leyenda que habla sobre una princesa, Elcha, enamorada de un joven de su misma tribu, que es entregada en matrimonio a un joven de otra tribu. Los enamorados, desobedeciendo la decisión de los caciques, deciden escapar. Acorralados al borde de un precipicio, temiendo el hechizo de una bruja maligna y el castigo de sus perseguidores, deciden arrojarse, abrazados, a las frías aguas desde la roca más alta, dando origen a la leyenda más difundida por los lugareños.

Si al encanto del entorno natural y a la leyenda, les sumamos misteriosas historias sobre profundas cavernas, originadas por la transformación de depósitos subterráneos de yeso que, por efecto de filtraciones de las napas freáticas, forman laberintos ramificados con rumbo desconocido, poco explorados aún, comenzamos a entender por qué la Laguna de la Niña Encantada atrae a tantos visitantes.

Fuente: Ladevi
26/08/2016