En lo que va del año, 3.500 personas han visitado este sitio de San Carlos, finalista de las “Siete maravillas naturales argentinas”.

La reciente inclusión de la Laguna del Diamante por parte de “Siete maravillas naturales argentinas” (asociada a la fundación internacional “New 7 Wonders”) dentro de las 28 finalistas en el país no hace más que confirmarlo: el lugar es, precisamente, una joya preciosa de la naturaleza que nunca se termina de descubrir. No lo terminan de hacer los más de 6.000 visitantes que llegan a este “caldero natural” cada temporada, ni los guardaparques de la Dirección de Recursos Naturales Renovables que trabajan allí, y que junto con los científicos son los únicos autorizados a ingresar a la zona intangible. Tampoco los que se le animan al volcán Maipo y a su cumbre, conjunto que –reflejado en la laguna– conforma el rombo casi perfecto que da nombre a la reserva.

 

“Uno ya ha perdido la cuenta de las veces que ha estado acá. Pero cada vez que vengo, descubro algo que no había visto antes”, resume con la sapiencia propia de la experiencia Alberto Beto Orellano, jefe logístico de Guardaparques en la zona centro Valle de Uco, quien frecuenta esta reserva ubicada en San Carlos desde los 90.

 

Mientras habla, queda mirando al cielo durante varios segundos. Sobre su cabeza se despliega un imponente manto donde el oscuro del cielo de la noche exhibe una amplia gama de constelaciones. Y detrás de todos esos puntos blancos diseminados en el firmamento sobresale un fondo blanquecino. Sí, por la noche y en el medio del “caldero”, parece verse toda la Vía Láctea. 

 

Durante los primeros 21 días de la temporada 2019 en la reserva –este año inauguró recién el 10 de enero por nevadas tardías en el camino– 3.471 personas visitaron la Laguna del Diamante. Y 7 de cada 10 lo hicieron simplemente para conocer o hacer turismo. En tanto, 1.053 visitantes lo hicieron para pescar en el espejo de agua, otros de los atractivos más importantes.

 

Diamante en bruto

Son 226 kilómetros los que separan a la Laguna del Diamante de la Ciudad de Mendoza. Casi cuatro horas, si se tiene en cuenta que unos 100 kilómetros son por camino de tierra. De ellos, 60 unen la ruta asfaltada con el refugio de Alvarado (ingreso formal a la reserva), mientras que los 43 kilómetros restantes hasta llegar a la Laguna son caminos con muchos desniveles. Una de las recomendaciones es ir en camioneta, pero se puede llegar en auto, con mucho cuidado. En lo que va del año, han ingresado 762 camionetas, 139 motos, 123 automóviles y hasta una bicicleta.

 

Ya en Alvarado los visitantes se encuentran con un centro de interpretación donde repasan la flora y la fauna que encontrarán en el sitio.

El espejo de agua que da su nombre a la reserva se encuentra en una especie de olla o caldera natural, a 3.300 msnm.

 

Además del Maipo –que se alza imponente con sus 5.323 msnm al oeste–, la Laguna y la reserva se encuentran cercadas por una cadena montañosa que encierra las 31.000 hectáreas. Camino a la Laguna, siguiendo desde Alvarado por la ruta provincial 98, se encuentra la zona de Paramillos. 

 

Es el punto más alto y un filtro crucial para la actividad de cada año: cuando cesan los temporales, abre la temporada; cuando caen las primeras nevadas intensas, cierra.

Si bien la apertura suele ser a mediados de diciembre, esta vez debió retrasarse casi un mes por las condiciones meteorológicas. “Seguía nevando, y había un planchón que no se derretía”, resume Jimena, quien ya va por su novena temporada como guardaparque en Laguna del Diamante. “El cierre también está ligado al tiempo. Por lo general es en marzo. A veces se ha estirado hasta Semana Santa”, agrega.

 

Llegando a la “olla”, los primeros en dar la bienvenida a los visitantes son los guanacos. Interrumpen su galope en manada para quedarse paralizados y con las orejas en alto observando al vehículo “intruso”. Y, si los visitantes intentan acercase más, salen de su inmovilidad y huyen. 

 

Apenas uno ingresa al foco de la “caldera” está el refugio de Guardaparques y otro trailer que la Dirección de Recursos Naturales Renovables ha dispuesto para hospedaje, además del ex refugio El Cilindro. En la margen oeste están la zona de acampe, los baños públicos y las áreas para la pesca; todo en la zona de uso público. Allí también está el puesto de Gendarmería que custodia el paso a Chile por ese punto. Este paso no está abierto al público. Una tranquera de metal cierra el paso en el camino y siguiendo por ahí se obtiene una imperdible postal de la pared sur del Maipo.

 

Multicolor

Definir con una sola tonalidad el paisaje es imposible. Según cómo “pegue” el sol y la profundidad de cada área, el color del agua puede ser verde claro, oscuro o azul intenso.

 

Con la superficie de toda la reserva ocurre algo similar. El paisaje tiene un tono definido por la mañana y otro muy distinto al atardecer. Incluso, parece ser un lugar diferente cuando cae la noche, y también cuando amanece. 

 

El verde de los coirones y las vegas le van dejando lugar al rojizo de las piedras en la medida en que el sol empieza a caer. Y la reserva bien podría ser un paisaje traído a la Tierra desde Marte. Cuando el sol se esconde al oeste se destacan los contornos del Maipo y las otras montañas, y se dibujan en el horizonte a contraluz.

“Toda esa claridad que se ve es la luminosidad de Santiago”, agrega Javier López, otro de los guardaparques que también lleva varias temporadas en el sitio. Y señala el tenue y sorprendente destello que sobresale al noroeste de la cadena de montañas.

El anochecer trae consigo la entrada en escena de otro de los habitantes sigilosos de la Laguna, y prácticamente la única especie carnívora de la reserva: un zorro. Tímido, busca algo para comer. E intenta escapar cuando lo quieren fotografiar, como una estrella que huye de los paparazzi.

 

La Laguna del Diamante de noche es un observatorio de estrellas natural. Con solo echarse unos minutos rápidamente uno pierde la cuenta de las luces que enumera. Y de los deseos que pide ante tantas estrellas fugaces o satélites en órbita. Nunca está de más pedir un deseo. 

 

El amanecer en Laguna regala otro descubrimiento que vale la pena. No sólo a la altura del espejo de agua, sino también desde los 3.800 msnm del cerro El Relincho. Tras casi tres horas de ascenso se puede observar la extensión de la laguna, de extremo a extremo. Antes del amanecer, mientras uno avanza por el sendero casi virgen del cerro, no sorprende el relincho de uno o varios guanacos. Por algo el cerro se llama así.

 

La tragedia del Ejército y su leyenda

En agosto de 1953, y durante una campaña del Ejército en las inmediaciones de las vegas del Yaucha (entre Alvarado y la Laguna), un grupo de soldados falleció tras quedar varados en un temporal de nieve. Muchos cuerpos fueron trasladados al refugio de Alvarado y allí quedaron hasta su sepultura. Esta tragedia se encuentra marcada con un monolito al costado de la Ruta 98.

“Aquí no hay muchas leyendas. Pero hay guardaparques que por la noche han escuchado ruidos de pasos. Dicen que son de las víctimas de esa tragedia”, cuenta Orellano.

 

Guardianes

El trabajo de los guardaparques en la reserva es destacable. No sólo como guías, sino también en la preservación del lugar.

“Los fines de semana estamos a full. Por suerte tenemos mucha actividad. Hacemos controles en la zona de pesca, atentos a que los vehículos no salgan de las huellas –borrándola en el caso de que lo hagan– y también encargándonos de la limpieza. Entre semana la mayoría de la gente viene a pescar, y eso es más tranqui”, resumen Jimena, Javier y Emiliano, los tres guardaparques que estuvieron de guardia hasta el jueves pasado.

Los turnos son de 14 días y pasan siete en Laguna del Diamante y los otros en Alvarado.

 

Un imán para pescadores

Luego del turismo, la pesca es la actividad predilecta de quienes van a la Laguna del Diamante. Según estadísticas de enero, 1.053 personas llegaron para pescar. “En Alvarado el ingreso abre a las 7. Pero hay días en que a las 4 y ya hay algunos autos esperando que abra”, destaca El jefe de Guardaparques en el Valle de Uco.

 

Sólo está permitida la pesca deportiva y con carnet. El valor del permiso varía según el período y se adquiere en el puesto de Alvarado. Por ejemplo, la licencia anual tiene un costo de $ 246; mientras que hay una por 15 días para extranjeros o habitantes de otras provincias que cuesta $ 172. Por un día, el costo de la habilitación es de $ 49.

 

“Tratamos de venir a la Laguna del Diamante una vez al año, aunque nos gustaría venir más seguido” cuenta Valentín Martínez, quien llegó el miércoles último desde Maipú.

A raíz de la detección de un alga invasora –Didymo, traída desde el sur por algunos pescadores y ya encontrada en otros espejos de agua mendocinos–, esta temporada se está exigiendo a quienes van a pescar a la Laguna que desinfecten sus equipos de pesca. Se hace en Alvarado, sin costo extra, y sumergiéndolos durante dos minutos en un tacho de agua con una sal desinfectante.

 

Fuente: Los Andes, Por Ignacio de la Rosa

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