El Banco Central informó que el déficit de la cuenta de turismo tocó ya los US$ 10 mil millones, incrementándose un 26% respecto al rojo de 2016. La medición del BCRA enfurece a los empresarios turísticos, mientras gana presencia en los medios masivos. El Indec también expuso el desbalance del rubro en su informe.

“En lo transcurrido de 2017 se observó un déficit de unos US$ 9.840 millones”, es la frase textual con la cual el Banco Central se refiere al rojo acumulado en la cuenta de “Viajes, pasajes y otros pagos con tarjeta” entre enero y noviembre. Es la primera vez en la historia (hace 15 años que se mide) que el desbalance entre ingreso y salida de dólares tiene tal magnitud por este concepto.

Por si ese problema no fuera suficiente, al sector turístico se le añade otra carga, el ser sindicado mediáticamente como el responsable único de semejante déficit. Lo cual, como veremos, es un criterio que debería atenuarse, ya que sobrerrepresenta la importancia de los viajes en un contexto donde muchas y más importantes balanzas están descalibradas.

LOS FRÍOS NÚMEROS DEL CENTRAL.

Según el BCRA, los viajes al exterior demandaron la friolera de US$ 11.424 millones en los primeros 11 meses de 2017. O sea, US$ 2.300 millones más que en el mismo período del año pasado y US$ 2.800 millones más que en 2015.

De esta manera, no sorprende ni un poco que el déficit entre ingresos y egresos de dólares por “Viajes, pasajes y otros pagos con tarjeta” haya trepado un 26% respecto al mismo período de 2016, superando cómodamente –aun faltando computar un mes- el rojo de todo el año pasado (US$ 8.538 millones).

Por si fuera poco, en noviembre hubo un notable quedo en los dólares ingresados por turismo (US$ 210 millones), que crecieron apenas un 4%, mientras que los egresos mantuvieron su dinámica de dos dígitos (+15%, US$ 1.108).

El problema, de todos modos, es que en términos absolutos la brecha es tan abismal (ver gráfico), que el déficit de la cuenta no para de aumentar y batir todos los records. “Para 2018 el tipo de cambio no sufriría cambios significativos, por lo que se mantendría el atraso existente. Este fenómeno, sumado a un poder adquisitivo en dólares con un leve mejoría, probablemente contribuya a la profundización del déficit de divisas por turismo que viene experimentando Argentina durante los últimos siete años”, vaticinó la consultora EcoLatina.

EL INDEC TAMBIEN METE PRESIÓN.

Horas después de que el Central diera a conocer sus datos, el Indec también difundió su informe de la Balanza de Pagos, que muestra una agudización de los déficits en las transacciones de bienes y servicios entre Argentina y el mundo (US$ -4.482 millones sólo en el tercer trimestre).

La mitad del rojo de la cuenta de Servicios en el tercer trimestre (US$ -2.769 millones) correspondió a Viajes (US$ -1.300 millones). Pero lo notable es que faltando un trimestre para el cierre de las cuentas, el déficit acumulado en los nueve primeros meses (US$ -4.700 millones) ya superó en US$ 361 millones (+8%) al de todo 2016. Es más, cómodamente duplica el de todo 2015 (+123%) y cuadriplica el de 2014 (+360%).

LAS EXPLICACIONES TÉCNICAS.

“Esta variación (el déficit) guarda relación con la observada en la Encuesta de Turismo Internacional del Ministerio de Turismo, junto con el Indec, donde se observa un fuerte aumento de la salida neta de turistas”, señala el informe del Central, que flaco favor le hace al estigma que carga el sector de ser el responsable de la salida de divisas del país. De hecho, también el informe de la Balanza de Pagos del Indec justifica el déficit en “el aumento del 16% en el número de turistas argentinos que viajaron al exterior”.

Uno de las consultoras que salió a tratar de contextualizar lo que mediáticamente se definió como el “récord de salida de dólares por turismo” fue EcoLatina, que en un informe dijo que la profundización del rojo del sector desde 2011 en adelante tiene que ver con la evolución del tipo de cambio real. “Argentina tiene desde fines de la década pasada una fuerte tendencia a la apreciación cambiaria”, explicaron desde la consultora, donde definieron dos efectos obvios: “Por un lado, Argentina se vuelve más costosa para los extranjeros; por otra parte, se torna relativamente más barato para los argentinos vacacionar en el exterior”. Lo cual, según los economistas de EcoLatina, queda en evidencia al medir esos efectos en el mediano plazo: “Mientras que el ingreso de turistas por los principales aeropuertos y el Puerto de Buenos Aires se redujo un 15% entre 2010 y 2016, la salida de argentinos se incrementó un 100%”.

EL PESO MEDIÁTICO.

La coincidencia de los informes y el interés que despertó en las consultoras no tardó en traducirse la semana pasada en una batería de notas en medios masivos señalando con el dedo al turismo como factor desequilibrante. “El turismo de argentinos en el exterior está aspirando de la economía la friolera de $ 395 millones diarios”, postuló por ejemplo uno de los diarios. Al igual que en la época del cepo cambiario no tardaron en llegar las analogías. En 2012 se contraponían la vacuidad de los viajes de compras a Miami con la necesidad de contar con billetes verdes para poner en marcha la industria automotriz local. Hoy la infeliz comparación está entre lo que se consume en el exterior versus lo que se compra en el país. “Por la suba de las importaciones y el turismo se triplicó en un año el déficit de la cuenta corriente”, tituló otro portal económico, que además apunta que “cada día los turistas gastan en el exterior un 120% más de lo que facturan los shoppings más importantes del país”.

Las similitudes con los titulares de 2012 o 2013 son elocuentes: “El turismo ya se convirtió en el principal canal de fuga de divisas al exterior”, titulaba un matutino nacional horas antes de que se firmara la resolución extendiendo el 20% de percepción a cuenta de Ganancias a la compra de paquetes turísticos.

Hoy la vuelta de tuerca está en ligar semejante déficit a la vorágine de endeudamiento público. Incluso, algunos dicen que el Gobierno lo permite porque aún tiene abierta las puertas para emitir deuda. Un informe de la consultora LCG, reproducido por los diarios económicos, graficó este círculo vicioso y afirmó que “el 85% del nuevo endeudamiento del sector público en lo que va del año financió la compra de billetes para atesoramiento y turismo”.

LA BRONCA DEL TURISMO.

Desde aquella época del cepo cambiario el sector viene reclamando infructuosamente que el BCRA discrimine la composición del gasto en viajes, sacando de la sombra del turismo emisivo los gastos con tarjeta en dólares. Demostrar que ese “numerito” está mal imputado ha sido una de las gestiones menos exitosas de la Faevyt, tanto con el actual como con el anterior gobierno.

El problema es que –al menos para la Faevyt- la mayoría de lo que se computa como gastos con plásticos es en realidad e-commerce, y no mucho más de un 30% es efectivamente gasto asociado a turismo. El resto son consumos en Netflix, eBay, Amazon y un sinfín de pagos online que ensanchan la cuenta de Turismo y le complican la vida con cada publicación del informe del Central.

“Tal como está hasta el momento, la cuenta incluye conceptos que no son propios de la actividad y, por lo tanto, no puede ser tomado como referencia para medir la incidencia del sector turístico en el balance cambiario”, es la conclusión del titular de la Faevyt, Fabricio Di Giambattista.

En cinco años de reclamos lo único que se ha conseguido hasta ahora (ver recuadro “Una chance para ser escuchados”) es que desde 2017 el Banco Central incluyera en sus informes un asterisco donde se encarga de aclarar que el registro de la compra de moneda extranjera para el pago del saldo en moneda extranjera por uso de tarjetas es “computado en el concepto de turismo y viajes”. Últimamente, incluso ha sumado la salvedad aclaratoria de que allí están incluidos tanto los consumos que efectúan los residentes por viajes al exterior, como las compras no presenciales a proveedores del exterior (o sea, que nada que ver con Turismo). En noviembre el pago del saldo en moneda extranjera de los plásticos fue de US$ 330 millones, casi un tercio de los dólares demandados por el “conglomerado” turístico. Y esas proporciones se repiten mes tras mes.

“Estamos estudiando el tema para hacer nuevas presentaciones ante las autoridades, porque vemos que hay datos que no son coherentes. El MULC, por ejemplo, tiene una definición del sector que atrasa 20 años, a una época cuando no existía el comercio electrónico y efectivamente todo gasto con tarjeta en dólares era por turismo”.

En la Faevyt siguieron con espanto la secuencia de notas en los medios masivos, en las cuales se volvió a hablar del turismo como una aspiradora de dólares, casi en un mismo nivel de centralidad que la artificiosa expansión de las Lebac. “Me da bronca que hablen de drenaje y hagan foco en turismo cuando hay cosas del funcionamiento financiero o económico que son mucho más cuestionables”, apuntó Di Giambattista, quien agregó: “La mirada tendría que estar puesta en cómo hacemos para mejorar nuestras estructuras de costos y para que lo que pase afuera no nos importe. Hoy, por lo menos, algo de eso se plantea cuando el Gobierno piensa, por ejemplo, en una rebaja progresiva de Ingresos Brutos. El tema son los plazos”.

Por otra parte, vale recordar que desde 2010 nuestro país sólo mostró ser competitivo en agroexportaciones. O sea, Turismo tiene los mismos problemas que los exportadores industriales o de bienes en general. Un informe de la consultora DNI explica claramente como Argentina -y no sólo su Turismo- tiene números rojos en todas las cuentas de la balanza comercial. “Desde 2011 las exportaciones cayeron 30% y no se recuperan, mientras si lo hacen en algunos otros países”, explicó Marcelo Elizondo, director general de DNI. De todos modos, el economista llama la atención sobre el hecho de que mientras que los problemas en las exportaciones de productos son compartidos por todos los países de la región, en materia de servicios Argentina también muestra un descenso en servicios, contradictorio con la dinámica de Latinoamérica: “La comparación muestra como en ningún otro rubro que al no haber podido compartir la tendencia regional al alza hay problemas endógenos de competitividad que actúan como freno”.

Fuente: Ladevi
28/12/2017

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