Bóvedas de Uspallata

Los parajes mendocinos enriquecen sus nostalgias, con estos rincones que se adueñaron del paisaje, hasta integrarse de una manera insospechada, con la cordillera de Los Andes.

Salimos de la localidad de Uspallata (1921 msnm) con dirección norte, por la RN 149, sobre la que debíamos transitar los 3,2 km, que nos separaban del Museo Histórico las Bóvedas.

Nos acompañaba un día espléndido y soleado, por un camino solitario que desnudaba una intimidad de silencio y quietud, solamente perturbada, por los clamores del arroyo Uspallata.

La majestuosa cordillera de Los Andes, las siluetas de dos granaderos con una mula carguera y el suelo agreste, completaban un paisaje perfecto de la cotidianidad colonial.

Fue en este sitio, donde a finales del siglo XVIII hasta principios del siguiente, se fundió la mayor cantidad de plata, extraída en las minas de Los Paramillos, Rosario, San Lorenzo Martir y alrededores, con una sobreexplotación tal, que durante los primeros cinco años, muchas de ellas ya se habían agotado.

La fundición de metales para la corona, comenzó en 1774 en un horno de la Orden Domínica, construido en proximidades de la Posta de Uspallata.

Las Bóvedas fueron emplazadas estratégicamente, en el Camino Real del Oeste o de Uspallata, entre las minas y la Capitanía General de Chile.

Desde acá partía la plata y en menor cantidad el oro en lomo de mula, con destino a la Casa de la Moneda. Una vez allí, se acuñaban los doblones de oro y reales de plata manualmente, a percusión de martillo y prensa.

Volvían a Mendoza, donde se traspasaba la carga de los mulares a los carros tirados por bueyes, siguiendo el viaje a Buenos Aires, desde donde partía en carabelas o galeones, hasta su destino final: las arcas reales españolas.

Fue en 1790, cuando Francisco Javier Molina y el español José Moret iniciaron la construcción de esta planta para procesar el mineral extraído en la zona.

La constituía un horno de fundición, tres chimeneas y un trapiche hidráulico para la molienda, alimentado con las aguas del arroyo Uspallata.

La Municipalidad de Las Heras, que actualmente administra y regula el libre ingreso al museo, realizó arreglos, con el objeto de preservar la construcción de adobe y barro, de la lluvia y otros agentes climáticos.

Junto al ingreso y sobre uno de los muros, el 18 de mayo de 2018, la Comisión Nacional de Museos, en coincidencia con el Día Internacional de los Museos, las distinguió con el Escudo Azul, que las acredita internacionalmente como:

«Bien Cultural Protegido bajo la Convención para la protección de Bienes Culturales en caso de conflicto armado y sus dos Protocolos. Tal distinción la comparte con el campo Histórico El Plumerillo y la Capilla Histórica El Plumerillo.

 

Museo Las Bóvedas

Luego de una breve reseña, desarrollada por un informador turístico de la Municipalidad de Uspallata, ingresamos al interior del museo. Estaba más fresco que el exterior, debido a la aislación que producen las paredes de más de 80 cm de ancho, la forma de cúpula «apuntada» del techo y el piso de baldosa criolla.

En algunos de los objetos expuestos, aún se escuchan los reclamos, de un pasado de esclavitud y dolor.

Apenas ingresados, una tinaja y una escalera confeccionada con un tronco, para uso en el interior de las minas, nos remite a la mita minera española. (La Mita minera era un sistema de trabajo forzado que aplicó la corona española, para reducir los costos en la minería de la plata. Se impuso durante el periodo colonial, a los indígenas del área andina y consistía en la realización obligatoria por parte de estos de determinadas tareas vinculadas a la actividad productiva como pago de tributos; era similar al cuatequil de Mesoamérica)

Sobre la pared se puede ver el acta de posesión de la mina «Del plomo Ronco», en el Real Asiento de San Lorenzo Mártir. En el encabezamiento del acta se registran varias fechas: una manuscrita de 1754, dos impresas en el sello real «años mil setecientos cuarenta y cinco y cuarenta (ilegible)», y dos manuscritas bajo el sello redondo 1733 y 34.

Por esas licencias que les da el tiempo a los objetos, aún se mantiene en pie, la pared del fondo de la antigua capilla, tal como se la puede apreciar en imágenes de 1830 y posteriores. Los cimientos de piedras, unidas por un mortero de cal y arena, exhiben aun hoy, después de dos siglos, una gran fortaleza.

También se puede apreciar en esta y otras imágenes anteriores, que el resto de la capilla está derrumbada, por lo que la construcción actual usada como depósito por la municipalidad, debe pertenecer a algún momento del siglo XX.

Por Decreto N° 30.835, del 10 de diciembre de 1945, se declara Monumento Histórico, a las Bóvedas de San Martín, ubicadas en Uspallata. Decreto que erróneamente, las atribuye al General San Martín.

Por Decreto N° 437, del 16 de mayo de 1997, se declaran Monumentos Históricos: los restos del molino hidráulico, hornos de fundición, muros, acequias, túnel y todos los elementos prehispánicos que circundan las bóvedas de Uspallata, hubicados aproximadamente a 3 km del norte de la Villa de Uspallata, sobre el camino que conduce a la Estancia San Alberto y a Barreal (San Juan), apenas atraviesa el arroyo Uspallata.

Las pocas construcciones del siglo XVIII que aún están en pie, más allá del rol protagónico que tuvieron en su momento, nos legaron una marcada identidad, del periodo colonial mendocino. En todas estas historias, se alternan y repiten constantemente los mismos personajes: monarquía española, órdenes religiosas, sometimiento de los pueblos originarios y el saqueo de las tierras y riquezas de América.

Muchas vidas pasaron frente a sus puertas. Algunas se quedaron allí y otras, prosiguieron su destino de grandeza, como las del general San Martín o la columna Libertadora del Ejercito de Los Andes, al mando del general Las Heras.

Al igual que la Capilla de El Plumerillo, el Puente de Picheuta y otras construcciones, se han construido sólidos relatos que las vinculan con la Gesta Libertadora, aunque la realidad, a veces, es otra.

Lo que no se puede negar, es que todas ellas tienen una fuerte personalidad arquitectónica y un gran valor testimonial, cualidades que les ha garantizado su ingreso, a las páginas de la historia mendocina.

 

Fuente: Huellas cuyanas

Artículos Relacionados