Mendoza apuesta al turismo rural: el norte provincial, se ha convertido en un polo de artesanos y emprendedores.

Recorrer grandes bodegas y escapar a la montaña son los paseos obligados en esta región. Sin embargo, la provincia busca potenciar el turismo rural, en las zonas más alejadas de los centros urbanos, con propuestas en las que prevalezcan la tradición, la naturaleza y el confort, y que complementen los llamados Caminos del Vino.

 

Artesanos, productores orgánicos, mercados, hoteles, bodegas y operadores turísticos empezaron a trabajar la iniciativa «Bodegueando en Mendoza por las nubes del Malbec». En este escenario, sobresale un destino poco conocido: la comuna de Lavalle, que se caracteriza por una vasta extensión de tierras áridas. 

 

El desierto lavallino fue uno de los asentamientos aborígenes más importantes del norte provincial: comunidades huarpe, se ubicaban cerca de la Laguna de Huanacache o Guanacache, en el límite entre Mendoza y San Juan.

«Aquí buscamos el respeto al trabajo de la tierra, por eso todo está hecho a mano, de un modo más natural y sencillo. Conviven la naturaleza, los animales y el hombre, y tratamos de que el proyecto sea lo más diversificado posible para hacerlo sustentable», cuenta Natalia Godoy, de Finca Biodinámica Cosmos, un emprendimiento basado en prácticas de agricultura orgánica.

 

Allí, además, hay una bodega natural, construida en barro, en la que se producen vinos, jugos y dulces, una sala de elaboración de cosméticos, un vivero, una casa de campo para alojar turistas y hospedajes construidos con el sistema de quincha (un entramado de caña recubierto con barro) para jóvenes de intercambio.

 

En Lavalle son más de diez los emprendedores, como los de la Finca Biodinámica Cosmos, que ofrecen sus propuestas. Y se destacan más de 100 elaboradores de vinos caseros habilitados por el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV). De hecho, todos trabajan en redes.

«Vivimos una jornada magnífica, llena de actividades tradicionales e historias del lugar, fuera de lo común, además de degustar comidas y vinos caseros y productos dulces de gran calidad», contó Analía, una turista de Buenos Aires, acompañada por dos amigas, con quienes recorrió varios puestos de la zona. En su plan siguen las bodegas habituales del Gran Mendoza y la visita a la montaña, con la expectativa de encontrarse con la nieve.

 

De ahí, el rol y la fuerza que tomaron los emprendimientos de turismo rural, como parte de un programa asociativo público privado comandado por la Organización Mundial del Turismo (OMT). Se trata del Prototipo Turismo del Vino, que busca colocar a la bodega como centro de difusión de su entorno, una metodología que se desarrolló en La Rioja, España, por primera vez, y continúa en Mendoza.

«Buscamos rescatar el amor por la tierra, la capacidad emprendedora, el respeto por el uso de los recursos hídricos, la idiosincrasia local. La propuesta se resumió en cuatro experiencias que conjugan elementos de la identidad de Mendoza como el agua y la tierra, y rescatando nuestro patrimonio como nuestra tradición y cultura auténtica», expresó Cristina Mengarelli, directora de Desarrollo Turístico del Ente Mendoza Turismo (Emetur).

 

Fuente: La Nación, por Pablo Mannino

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