El centro-sur de la provincia muestra que el enoturismo no solo es uno de sus principales atractivos, sino que sirve de punto de partida para descubrir lo mucho, bueno e interesante que la zona tiene para ofrecer.

Recorrer el sur de la provincia de Mendoza implica una aventura fascinante, que tiene tanto vértigo como placeres para el paladar.

El camino desde el centro de San Rafael hasta el parque Hipólito Yrigoyen, tranquilo en un principio, se va llenando de gente a cada paso. Es noche de viernes y la gente –jóvenes, adultos, mayores, niños– se dirige en masa al mencionado predio donde durante todo el fin de semana tendrá lugar la Fiesta Provincial Del Turismo y El Vino, que en 2016 cumplió nada menos que 32 años. Además de los atractivos propios de la fiesta (un vasto patio de comidas, una miríada de puestos de artesanías, música), esa noche tocaba en vivo Miguel Mateos y el interés que ha despertado el evento es amplio. En torno al escenario, familias enteras se apiñan acomodadas en lonas, sillas plegables o simplemente sobre el pasto, charlando alegremente y esperando el inicio del concierto. El clima es de sereno jolgorio, apto para todo público, nacido a partir con la excusa de ayer, de hoy y de siempre que tiene Mendoza para convocar visitantes y locales…

Hablamos del vino, por supuesto, producto y actividad que no solo es uno de los grandes símbolos de la provincia sino que además se convierte en el punto de partida para conocer mucho más de lo que uno en principio esperaba y para vivir, a modo de moderno explorador, las más diversas aventuras.

Venir al vino

La nuestra había comenzado días atrás en la capital mendocina, desde donde nos trasladaríamos hasta San Rafael para presenciar el VI Congreso Iberamericano de Enoturismo.

La ciudad de Mendoza se siente vital y pujante, siempre lista para recorrer sus atractivos clásicos: desde el Parque General San Martín hasta el Cerro de la Gloria, desde el Microcentro a la Plaza Independencia, hay de todo para todos y mucho para ver, recorrer y disfrutar.

La gastronomía mendocina, cuya oferta ha crecido admirablemente en cantidad y en calidad en los últimos años, es uno de sus puntos más altos. 

Tuvimos una de las mejores demostraciones de este crecimiento visitando la Bodega Los Toneles, en Guaymallén (Acceso Este, Lat. Norte 1360), fundada en 1922 y adquirida en 2002 por la familia Millán, que la remozó y modernizó pero manteniendo su espíritu clásico, con amplios espacios y altísimos techos abiertos toda la semana a la visita turística. Allí reside el restaurante Abrasado, que sorprende no solo con la sobria belleza de su salón y la calidad de sus vinos sino con sus carnes dry aged (maduradas en seco no menos de 30 días), expuestas a la vista del visitante en un refrigerador especial…   y tiernas y exquisitas en el plato.

Tras lo que fue una velada no solo introductoria al tema sino también altamente satisfactoria, el día siguiente nos encontró en la RN 40, que en la localidad de Pareditas se une con la ruta 143 y lleva directo a San Rafael.

En el trayecto encontramos el Valle de Uco y la ciudad de Tunuyán, un prólogo del desarrollo vitivinícola y la cordillera que luego se podrá observar llegados a destino

Entre Pareditas y San Rafael hay 120 kilómetros de silencioso paisaje desértico, destacándose la constituye la depresión conocida como el Divisadero de las Águilas. De paso por el Valle de Uco aprovechamos para una breve visita a la Bodega Salentein, de imponente arquitectura de líneas clásicas, y su elegante Posada Los Árboles, un verdadero remanso.

Tras un ligero almuerzo la recorrida continuó por la renovada Bodega Zuccardi, en el Paraje Altamira, que abrió sus puertas en marzo de este año y fue ganadora del Premio Oro a la mejor arquitectura y paisajismo a nivel mundial que entrega la red global Great Wine Capitals, tal lo impactante y moderno de su diseño, otro atractivo turístico en sí… Todo eso fue el preludio a nuestra entrada a San Rafael, donde el vino continuaría siendo el leitmotiv del viaje. Pero habría más, por supuesto.

El lago de la aventura

Una vez llegados e instalados en San Rafael, la actividad fue febril, entre la visita al Congreso y algunas de las más destacadas bodegas de la zona. Tuvimos ocasión de recorrer las instalaciones de Suter, degustando in situ dos novedosos espumantes de maracuyá y cassis, la clásica Bianchi, con sus renombrados vinos espumosos y la muy familiar Alfredo Roca, que en la ocasión presentaba el vino 100 Cosechas, un corte de tres cepas de la añada 2012, la cual marca el primer siglo de la llegada a San Rafael de los antepasados familiares; estas tres bodegas pueden visitarse y son cita obligada. Pero no solo de vino vive el hombre, claro está, y la oportunidad de hacer algo distinto para variar del panorama de vinos, vides y viñas la proveyó la misma San Rafael en el lago Los Reyunos, a unos 35 kilómetros de la ciudad en dirección oeste.

Viene al caso comentar que el río Diamante nace en la laguna del mismo nombre en plena Cordillera de los Andes y conforma una cuenca que también se utiliza para la producción hidroeléctrica, con cuatro centrales. En cuanto a la presa Los Reyunos, su altura alcanza los 134 metros y está coronada por un mirador; en su lago de 734 hectáreas se realiza siembra de alevinos, lo que permite al aficionado la pesca de salmónidos y pejerreyes.

Todo este panorama también se presta para los deportes náuticos y de montaña, parte de cuyas experiencias pudimos experimentar.

En el cañón del río Diamante se realizan durante todo el año diferentes actividades, como canotaje, buceo, trekking, kayak, paseos en cuatriciclos, pesca y el muy espectacular tirobangi, que atrae cientos de turistas los fines de semana. 

Esta actividad de curioso nombre es una variante de la clásica tirolesa donde las personas, usando un arnés integral que sujeta piernas, brazos y cintura, capaz de amoldarse a todo tipo de cuerpo, cruzan el lago a toda velocidad, boca abajo y con las manos libres, lo que permite disfrutar plenamente de la más que vertiginosa aventura (que también pueden realizar niños con acompañamiento adulto) y hasta sacar incomparables fotos, ya que el recorrido –de unos 600 metros y menos de un minuto de duración– se hace de cara al agua, sin sensaciones de caída ni movimientos bruscos que alteren la experiencia… Al llegar al frente del cerro, el sistema de frenado realiza el resto y luego se regresa al punto de partida en un catamarán.

Si se desea gastar menos adrenalina pero no dejar de emocionarse, el paseo en la mencionada embarcación, amenizado por los relatos de un guía, permite disfrutar de la serena belleza de las aguas del lago, muy azules, profundas y no tan frías como era de esperarse (alcanzan los 22º en verano) y de curiosas formaciones rocosas como la pequeña isla apodada El Elefante por su particular forma.

No muy lejos está otra de las opciones que irrumpieron hace un puñado de años y ya se hicieron clásicas: el bosque aéreo Euca, que nació en San Rafael y luego abrió también en Tigre y hace pocos días en Bariloche.

Se trata de un parque para moverse a la altura de la copa de los árboles desafiando el vértigo y enfrentándose a puentes de soga o madera, trapecios en altura, tirolesa y otros juegos.

En todo momento se cuenta con la asistencia de los guías del parque, además de un sistema de seguridad innovador: y en particular, vale destacar que todos los juegos están colgados en altura por un sistema de maderas, varillas roscadas y cables que permiten el crecimiento del tronco.

Sobre la orilla oeste del lago se asienta el Club de Pesca y Náutica Los Reyunos con 70 cabañas, proveeduría, apart-hotel, restorán, tres campings y un polideportivo. También se encuentra el complejo de la UTN que lleva el nombre del lago, que cuenta con un restaurante y actividades recreativas.

San Rafael te espera con siempre renovadas propuestas, para vivir experiencias colgados en el aire o con los pies bien asentados en la tierra del vino.

Fuente: Página 12, Por Frank Blumetti
13/01/2017

 

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