A minutos de la Ciudad de Mendoza, este lugar en el mundo propone experiencias que son un mimo a los sentidos.

Luján de Cuyo, la tierra del Malbec, con sus verdes y ocres, ofrenda siempre un clima más que agradable para pasear por los viñedos y conocer el universo de cultura y sabores que rodea a la antigua bebida de Baco.

En este tesoro mendocino, situado a 18 km de la capital provincial, los campos sembrados con la cepa insignia de la Argentina se avistan por todas partes: a lo lejos, a los pies del Cordón del Plata, pero también en los jardines de muchas de sus casas de familia.

 

Aprovechando el encanto de este lugar especial, las 55 bodegas lujaninas que se distribuyen la producción de vinos, agitan el avispero del enoturismo y el maridaje gourmet: organizan visitas guiadas para asomar a los procesos de producción, y también clases de cocina argentina, catas y degustaciones al mando de prestigiosos cocineros y sommeliers. 

 

Algunas de estas firmas, como Lagarde y Renacer, también invitan a elaborar el propio vino artesanal que podemos llevarnos a casa.

El clima, siempre delicioso, invita a recorrer los viñedos a pie, en bici o a caballo. Muchas de estas bodegas cuentan con sus propios restaurantes y cultivan la cocina de autor con impronta regional. Las mesas se sirven al borde de las viñas, propiciando momentos de serenidad y disfrute del horizonte, mientras se come algo rico y se bebe un gran vino. Todas experiencias sensibles para relajarse y entrar en contacto con la naturaleza en uno de “nuestros” paraísos del mundo.

 

Añadas al atardecer: Bodega Renacer

Mirada de lejos, la Bodega Renacer parece un castillo abrigado entre los álamos. Con vista a la Cordillera de los Andes y los viñedos de Perdriel, se trata de un lugar soñado para planear una escapada (está a 25 km de la Ciudad de Mendoza).

En su bonito restaurant, al mando del chef Sebastián Weigandt, podemos saborear ​las exquisiteces de su menú de pasos o elegir algo de la carta. Además, el restó cuenta con la opción “Marcha y Sale”, pensada para aquellos que tienen poco tiempo para el almuerzo, pero quieren relajarse a pocos minutos de la ciudad.

Antes de retirarse, los visitantes pueden darse una vuelta por la cava y elegir algún vino de edición especial o de añadas que no están en el mercado.

 

Cocina de fuegos y maridaje: Bodega Lagarde

En las 230 hectáreas que posee esta bodega en Luján de Cuyo y Valle de Uco se encuentran algunas de las viñas más viejas de Mendoza. Además de la excelencia de sus etiquetas, la histórica empresa nacida en 1897 cuenta con un tesoro patrimonial: el vino más antiguo de América del Sur, un Semillón de 1942.

Durante las visitas guiadas, es muy atractivo el recorrido por la antigua nave principal de la bodega (de altísimos techos de caña, paredes de adobe y vitrales), que aún hoy es refugio para los toneles de madera y tanques de acero.

 

Lagarde organiza clases de cocina, jornadas de cosecha y una divertida actividad grupal: crear el propio vino artesanal. Después del paseo y una degustación, es tiempo de recalar en el restó Fogón, emplazado en una ​​casona colonial del siglo XIX. 

 

El bar infinito. Los silos: cerveza, vinos y oliva

En el gigantesco salón de estilo industrial, un ventanal absoluto deja entrar la luz y el paisaje. Del techo penden preciosas arañas destellantes hechas con botellas verdes y de color caramelo que semejan racimos. Todo en el bar Los Silos, en la localidad de Vistalba, parece estar pensado para el goce contemplativo.

 

El concepto del lugar es fusionar vino, cerveza artesanal y aceite de oliva con platos creativos y sabrosos (salen muy bien la bondiola de cerdo al vino tardío y la entraña a la cerveza negra). 

 

Hay gran variedad de cervezas artesanales, y también se hacen tragos a base de cerveza (como el “Irish Car Bomb”: Jameson, Cream Stout y Bailys) o de vino (como el “Silo Refrescante”: malbec, vermut, Sprite y granadina).

¡Todo para descubrir y disfrutar!

 

Viñedos y más: Bodega Séptima

Con el Cordón del Plata de fondo, Bodegas Séptima organiza lindísimos paseos por los viñedos seguidos de una clase magistral en la bodega. En el imponente edificio hecho bajo antiguas técnicas de los Huarpe, también funciona el exclusivo restaurante María.

 

Fuente: Rumbos, publicado por Ximena Pascutti

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