A pocos más de 400 kilómetros de la ciudad de Mendoza, el departamento tiene reservados aventura, atractivos geológicos y una gastronomía con identidad propia.

Uno llega a Malargüe y no ve sólo montaña; ve la Cordillera de los Andes. Lo distintivo es que a diferencia de otras regiones mendocinas, aquí el Ande se presenta sin cordones intermedios ni matices: la cadena montañosa más célebre de América del Sur, sin filtros.

A medida que la camioneta avanza, aparecen los picos cada vez más nevados. La naturaleza -que aquí combina la flora andina, patagónica y del monte- y la ruta 40, aquella que une el norte y el sur de Argentina, se presentan en todo su esplendor. 

Y sin embargo, hubo un tiempo en que, todo este paisaje, fue el fondo del océano. Cuesta creerlo ¿no? De eso pasó tanto que, por supuesto, no hay testigos. Sin embargo, los fósiles que han logrado despistar el tiempo y sobrevivir a los milenios, dan cuenta de ello. Una delicia paleontológica que hubiera cautivado al propio Darwin.

Pasado geológico, presente viajero

“Cuando éramos chicos, en vez de juntar piedras juntábamos fósiles” recuerda Ana Paula Gutiérrez, mendocina y asesora gastronómica del Ente de Turismo, que vivió su infancia en Malargüe. Y es que, hace algunas décadas, estas piezas prehistóricas todavía no estaban protegidas por ley, como sucede en la actualidad. Hoy llevarse un fósil se castiga con multa, algo que los turistas desprevenidos muchas veces no saben.

“Las montañas de Malargüe y sus fósiles son patrimonio de todos” dice Julia Navarro, licenciada en Turismo y empleada de la Dirección de Turismo departamental. Aunque años atrás eran un objeto cotidiano: “Los amonites decoraban las entradas de las casas” agrega Ana Paula haciendo referencia al nombre que comúnmente se utiliza para estos moluscos ya extintos que estuvieron desde el Devónico Medio –aproximadamente 400 millones de años atrás- hasta finales del Cretácico – hace 66 millones de años-.

Con esta riqueza distribuida en su geología, no es de extrañar que la carrera de grado correspondiente de la Universidad Nacional de Cuyo, tenga sede en este departamento. Y es que Malargüe ofrece la posibilidad de admirar en directo aspectos del planeta que la mayoría sólo ha visto en libros.

Sin embargo, estos atractivos no son sólo disfrutables para entendidos. Hoy, distintos emprendimientos de la zona ponen el foco en acercarlo, a través de actividades al aire libre, a los viajeros. Mejor, imposible.

En Turcará -un proyecto turístico familiar ubicado en la Cuesta del Chihuido- una pareja de santafesinos comenta que es el séptimo invierno que vacacionan en este departamento, la prueba de que Malargüe posee un magnetismo con fuerza propia.

Miguel Maturana es un joven malargüino de 21 años y también guía en Turcará. A lo largo de tres horas, Miguel combina la adrenalina de las actividades de aventura con la información geológica de esta tierra.

Así, no sólo explica cómo se deben enganchar los mosquetones para la vía ferrata o cómo frenar en la tirolesa sino también características de los diferentes fósiles que se encuentran en este antiguo fondo marino o el tiempo que demora en crecer un centímetro de estalactita en una caverna localizada en el predio de 30 hectáreas de Turcará.

El silencio de este escenario milenario sólo se rompe con los gritos eufóricos de quienes se tiran en tirolesa. Sepan entender; la altura de más de 90 metros que une las dos bardas intimida hasta al más aventurero.

“Caminás por el fondo del mar, por lo que fue el pasado geológico del Planeta” dice Rosario Lucero una de las personas detrás de Manqui Malal, una reserva natural privada. Aquí la propuesta es un trekking guiado que permite apreciar las diferentes capas geológicas del suelo malargüino y la información que cada una revela. Para ello, Rosario comenta que se capacitan con geólogos y paleontólogos de la zona.

Los visitantes pueden completar el paseo con un baño en la cascada del predio, por supuesto, cuando el calor acompaña. “En las noches de frío hasta se congela el salto de agua” agrega Rosario. 

Placer subterráneo: aguas termales 

“Los fines de semana, el plan es venir a Los Molles” dice Julia Navarro, una enamorada de su tierra. Razones no faltan. Se trata de un valle ubicado a orillas del río Salado, a mitad de camino entre el célebre centro de ski Las Leñas y la capital departamental.

Esta pequeña población se centra en el turismo y -una vez más- las particularidades del suelo de Malargüe se cuelan en las actividades del viajero. Aquí la propuesta estrella son las aguas termales del Hotel Lahuen-có.

Mientras afuera las temperaturas descienden a -8º, en uno de los fines de semana más fríos del año, dentro de la pileta individual la temperatura asciende a 37º. El alivio es instantáneo y el bienestar permanece en el cuerpo (y en el alma) tiempo después de haber finalizado el baño termal.  Uno abandona Lahuen-có con la sensación de haber despertado de un largo descanso.

Sin embargo, este no es el único beneficio. “Nuestras termas son totalmente terapéuticas” dice Ornela Pradelio a cargo, junto con su marido, del hotel. Entre los poderes de estas aguas se encuentran mejoras en la circulación, alivio del reuma, artritis y artrosis y además, calma de tensiones y fatiga.

En tres palabras: la montaña mágica. No en vano estos  baños termales, pioneros en Mendoza, fueron inauguradas en la década de 1930 y continúan aún hoy en funcionamiento.

Qué hacer

Turcará ofrece un ingreso general que incluye el acceso a los senderos autoguiados y el uso diurno del camping con parrillas.

El circuito de aventuras posee puente tibetano, charla sobre fósiles marinos, vía ferrata, puente comando y de abismo (opcional), tirolesa del salto y tirolesa del vuelo. Además de los servicios de la entrada general.

Si no quiere realizar todo el circuito de aventura, puede optar por realizar una o dos tirolesas solamente. Las instalaciones están adaptadas para personas con discapacidades.
Km 365 de la ruta 40 (a 35 minutos de la ciudad de Malargüe )

Manqui Malal es una reserva natural donde se pueden realizar trekking paleontológicos guiados y posee un camping diurno con churrasqueras. El pase diario incluye la caminata.

Termas Hotel Lahuen-có su nombre significa aguas milagrosas en mapuche y, no más sumergirse, entenderá el por qué.  Se ofrece la posibilidad de realizar baños termales a 37º o 42º, la duración es de 10 minutos sumergidos y otros 10 minutos de relax.

Dónde comer 

Turcará. Esta reserva natural privada cuenta con un acogedor restaurante que ofrece unas excelentes vistas de la montaña malargüina. La oferta se centra en sandwiches: de jamón crudo, de milanesa, tostados, hamburguesa simple. El plato estrella de Trocara es su hamburguesa doble de chivo.

También ofrecen servicio de cafetería: submarino o chocolate caliente con magdalena, licuados de frutas o té clásico con magdalena.

Manqui Malal. El restaurante posee una carta variada y la posibilidad de pedir la comida antes de la caminata, para que -al regreso- ya esté todo dispuesto en la mesa. Algunas de sus opciones son: empanadas, pizzas, sándwiches, milanesas, truchas y chivo.

Restaurante Hotel Los Molles. Este restaurante ofrece platos regionales con toques de fusión. En su carta podrá disfrutar de un ragú de chivo o una sopa de calabaza con queso y jengibre, “receta de la abuela” como apunta el chef Andrés Arango Soto. La comida se acompaña de unas excelentes vistas a la montaña y el río.

Dónde dormir  

Hotel Río Grande, Malargüe.

El hotel es tres estrellas, la estadía incluye estacionamiento privado, churrasqueras y wi-fi. El hotel cuenta con restaurante propio.

Hotel Los Molles, Los Molles.

El hotel ofrece un transfer diario (diurno y nocturno) a Las Leñas, lo que permite a los huéspedes movilizarse sin necesidad de contar con auto propio. Además de ski rental, posee restaurante y wifi.

Hotel Lahuen-có. Ofrecen habitaciones dobles, triples y cuádruples incluyen desayuno y baños termales. También hay posibilidad de media pensión o pensión completa.

En tierras malarguinas la oferta turística no se agota nunca, lugar ideal para una escapada a Mendoza, que involucra todos los sentidos, aún el paladar con sus exquisitos chivos y truchas!!!

Fuente: Los Andes, por Josefina Cornejo Stewart

 

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