La nueva tendencia en enoturismo es combinar la buena vida entre viñedos con programas de bienestar.

 

La nueva tendencia en enoturismo es combinar la buena vida entre viñedos con programas de bienestar. Vinos naturales, cocina de proximidad y yoga al pie de los Andes.

Sobran los motivos para tomar una copa de vino de calidad en su terruño. Además de ser sinónimo de un momento de disfrute en buena compañía, el vino tinto es un tesoro natural con polifenoles, un grupo de sustancias químicas ricas en antioxidantes. Un estudio reciente demostró que beber vino puede reducir el riesgo de depresión.

 

Si encima elegimos un vino biodinámico que carece de químicos y lo acompañamos con comida orgánica, naturaleza y vignasa flow, redondo. Toda la info para unas mini-vacaciones conscientes en la capital internacional del vino argentino. 

 

En Luján de Cuyo, al pie de los Andes, Cavas Wine Lodge (Costaflores s/n, Cobos) es perfecto para conectarse con el entorno: se pueden ver los colores de la estación desde la terraza privada de cada villa inmersa en los viñedos. Al atardecer, la sorpresa es encontrarse con el fuego prendido, una picada, una botella del excelente bonarda de cosecha propia y mantitas para disfrutar del espectáculo que dan el cielo y la cordillera nevada.

 

El amanecer también es mágico, y te lo recuerdan con una postal de buenas noches sobre la cama que invita a despertarse para ver el show (con la hora exacta de la salida del sol señalada para poder programar el despertador). 

 

El desayuno a la carta no tiene horario, así que luego se puede volver a hacer fiaca o arrancar el día energizado tras una clase personalizada de vignasa flow. «Nos dimos cuenta de que los viajeros están buscando experiencias de bienestar, por eso hace unos meses incorporamos un programa de yoga, que se suma a los tratamientos de vino que tenemos en nuestro spa», cuenta Cecilia Diaz Chuit, anfitriona de Cavas Wine Lodge que junto a su familia se mudó a Mendoza porque le encantó el clima, la gente, y el vino, por supuesto, donde se radicaron gracias al turismo hace 14 años.

«Construimos este lugar para que los viajeros puedan volver a la naturaleza, a su momento. En la ciudad uno está siempre apurado, en el medio del tránsito, trabajando muchísimas horas. Desconectarse por completo es la propuesta.» Entre las nuevas actividades está el wine safari en el Cavas truck, un vehículo abierto que se dirige a las viñas en compañía de otros huéspedes. Y la cosecha de aceitunas, que se realiza en sus 70 olivos junto a los trabajadores de la finca que enseñan la técnica a los turistas.

 

«Cuando arrancamos éramos 15, hoy tenemos un equipo de 75 personas. Nuestra gente viene principalmente de Mendoza, pero también tenemos casos como el de Melisa por ejemplo, que después de varios viajes internacionales de capacitación, hoy está a cargo del spa y las clases de yoga. Fascinada con todo lo que brinda esta provincia, va incorporando sus productos a las experiencias, como las terapias con aceite de oliva y uva.» Aromatizado con granadas, el espacio tiene un patio con luz natural, uvaterapia con extracto de baño de bonarda y exfoliante de malbec.

 

Cacheuta: termas en la montaña

Quienes quieran continuar por esta senda del relax, en Luján de Cuyo (a solo 38 kilómetros de la ciudad de Mendoza) y a orillas del río, quedarán deslumbrados con el complejo termal de Cacheuta. 

 

Diversas piscinas cubiertas y al aire libre con aguas sanadoras entre los 35 y 50°C: un lugar único donde el concepto de turismo y tiempo libre está vinculado al de salud, relax y bienestar en un marco de montañas y vegetación propia de la estepa, junto a su variedad de aves. Provenientes de deshielo, estas aguas son mineralizadas y contribuyen a la salud de la piel, los músculos, las vías respiratorias y la circulación.

 

Maipú: cocina kilómetro cero y arte local

Casa Vigil (Videla Aranda 700) está orgullosa de todo lo que brinda su territorio, desde el talento de los artistas mendocinos a los productos de su huerta. En la cava, hay una obra de Sergio Roggerone sobre la patrona de los viñedos y dibujos de Osvaldo Chiavazza.

En el parque fabuloso, entre árboles de durazno: esculturas, las viñas y los huevos de concreto de la bodega El Enemigo que llevan dibujados los ciclos de la vid, del vino y del reciclaje por una letrista. «Tratamos de que todos los productores sean lo más cercanos a nuestro radio», anuncia Santiago Maestre mientras cosecha unas hermosas hojas de kale que luego veremos en el plato de entrada y unas aromáticas para decorar el risotto. Las guarniciones van cambiando con la estación, ahora sirven un puré de camote y membrillos. «Tenemos composteras, el tratamiento de residuos orgánicos lo aprendimos con un ingeniero en recursos renovables de la facultad que nos capacitó. EL 25% de la energía que usamos es limpia, de paneles solares. La idea es reducir y tener el menor plástico posible», cuenta el chef recién llegado de FIBEGA (International Gastronomy Tourism Fair) Miami, donde presentó la gastronomía mendocina y sus productos.

Todos los salones de Casa Vigil y los exteriores están llenos, por eso es imprescindible reservar, y venir con tiempo, para descubrir todas las riquezas del lugar. «Tenemos muchos cordobeses fanáticos, muchos vienen en grupo de viajes de hombres, los porteños también. El visitante cuando se va nos manifiesta haberse sentido como en casa, y eso es lo que buscamos. De allí nuestro nombre, vivimos a 50 metros de la bodega-restaurant.

 

Calidez de hogar acompañada de los mejores vinos de Argentina, nuestra gastronomía basada en el producto y servicio en un ambiente inspirado en la divina comedia del Dante», explica María Sance. Es que la herencia es italiana, y se nota, a su marido le leían la Divina Comedia cuando era chico. 

 

Todo este desarrollo no estaba planeado desde un principio. «Abrimos en abril de 2015 con un único salón para realizar degustaciones. Los visitantes nos pedían algo para picar, así es que comenzamos con tablas de fiambres mendocinos y quesos de la fábrica artesanal, Qualtaye, que tenemos a 200 metros, acompañadas de las empanadas de la Vivi, una vecina que tiene una mano extraordinaria».

Esta filosofía del kilómetro cero también se aplica a los recursos humanos, ya que emplean gente de la zona en todos los sectores, desde jardineros a mantenimiento y limpieza. «Éramos 6 personas en total, para todas las funciones. Mi marido, mi hermano, Rosa que nos ayudaba en la cocina y Carina, una vecina que llegó un día y nos dijo que podía encargarse de la visita guiada, ya que hablaba inglés. Luego se fueron incorporando más personas, ya que la reservas crecían a diario. Mucha gente de Chachingo trabaja con nosotros». Y concluye: «La escena gastronómica mendocina está muy bien, hemos crecido mucho, sobre todo en lo que respecta a las materias primas y la preponderancia de recursos locales».

 

Vista Flores: vinos naturales y día de granja

Al llegar a Finca Tikal Natural (RP92) hay que bajarse del auto y abrir el falso candado de la tranquera. Solo llegan los que saben (y si o si han reservado): nadie que pase de casualidad puede enterarse, desde la ruta, de todas las maravillas que suceden acá.

 

En seguida se empiezan a ver vicuñas, llamas, el laberinto de malbec, el jardín de rosas, el ying yang de cabertnet franc y viognier, todo con el Cordón del Plata de fondo. 

 

«Donde había un campo de monocultivo de papa, Ernesto Catena pintó una obra donde los cuatro elementos de la biodinamia están representados. Decidió alejarse del imperio para hacer lo que siente, algo más esotérico. Sus vinos son excéntricos, no los vas a encontrar en el super. Somos una bodega que rompe las estructuras», comienza Damián Carusso, que nos aclara que un vino biodinámico es la máxima expresión de la naturaleza en un producto que está a la venta.

Sin pesticidas y respetando los ritmos naturales, estos vinos saludables son parte de un círculo virtuoso en el que nada se pierde y todo se transforma. El trabajo en la planta se guía por los ciclos de la luna, y en la bodega, por la sustentabilidad: «Esto es otro estilo y otra filosofía, diferente al vino tradicional, es creer o reventar», expresa el encargado de hospitalidad y turismo de Ernesto Catena Vineyards.

 

«El año pasado nos abrimos al turismo sustentable y ecológico con nuestro día de campo. Nos remontamos a una experiencia de granja de cinco horas donde podemos cosechar, ver a nuestros animales, degustar los vinos naturales directamente desde los tanques, conocer esta forma de agricultura y compartir un almuerzo en una mesa comunitaria”.

 

«Hoy Mendoza es el punto para unas escapada para el público nacional. Brasileros y estadounidenses también tienen los ojos puestos en el Valle de Uco».

 

Fuente: La Nación, por Carolina Cerimedo

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