Bodegas, huertas, restaurantes y más en un recorrido gastronómico por la capital de la vitivinicultura argentina.

Como un animal vivo, la escena gastronómica mendocina se mueve, respira y crece. Siempre de la mano de sus excelentes vinos, en los últimos años viene desarrollándose a un ritmo cada vez más veloz. Mientras se multiplican las propuestas de alta cocina en medio de paisajes soñados de montañas, valles y viñedos, la provincia se consolida como un semillero de talentosos cocineros.

 

Mendoza y sus placeres

“No le falta nada para ser una de las grandes capitales gastronómicas del mundo”, comentó hace poco el chef Mauro Colagreco sobre la provincia, a menudo elegida como sede de importantes eventos del mundo culinario. En el marco del festival de maridaje ALMAlbec, fuimos a conocer algunas de sus mejores coordenadas.

Dos millones de visitantes llegan cada año a conocer alguna de las 130 bodegas abiertas al turismo que alberga la provincia, de las cuales la mitad tiene oferta culinaria.

 

Puro color y sabor: Bodega Ruca Malen

La hoja de ruta empieza en el departamento de Luján de Cuyo, la cuna del Malbec. Llegar a la bodega Ruca Malen, de muros colorados enmarcados en hectáreas y hectáreas de viñedos, es enamorarse a primera vista. Y comer en su restaurante, ante el paisaje de su huerta multicolor, un enorme placer para los sentidos.

En ella crecen más de 400 variedades de verduras, frutas y hierbas –mostaza de Osaka, kiwicha, tomates blancos, verbena, lemon grass– que, según la estación del año, se van convirtiendo en deliciosas protagonistas de su menú de seis pasos, firmado por el chef mendocino Lucas Bustos y maridado con los elegantes vinos de la bodega.

 

Burbujas y aceites: De Rosell Boher a Club Tapiz

A veinte minutos de ahí, en Alto Agrelo –una de las mejores zonas productivas de Mendoza– está Rosell Boher, bodega reconocida por sus vinos espumosos, su cava subterránea repleta de tesoros y su magnífica cocina. A cargo del chef Lucas Olcese, el menú es una sucesión de sorpresas que van, por ejemplo, de los pastelitos de entraña asada al cremoso de chocolate y grapa. Para maximizar la experiencia, lo ideal es hospedarse al menos un par de días en su lodge.

También en Agrelo se encuentra la bodega Tapiz. Allí se puede visitar la fábrica donde elaboran sus famosos aceites de oliva, probar una picada de quesos y fiambres encargados a pequeños productores locales o probar la cocina regional del joven chef Saúl Sulaiman, pensada en perfecto acuerdo con los vinos de Tapiz.

 

 

En clave femenina: Terrazas de los Andes y Susana Balbo

Los placeres continúan en la bodega Terrazas de los Andes, donde la chef Noelia Scquizziatto recibe a los visitantes en la mesa del jardín –al lado de la pequeña huerta– para alimentarlos con ravioles de chivo, milhojas de papa, ragú de vaca, chucrut y otras entrañables recetas caseras que recupera y reinventa con un toque gourmet. Tras la sobremesa, hay que recorrer la centenaria bodega de estilo español, que alberga 4 mil barricas de roble francés.

Otro lugar con sello femenino es Susana Balbo Wines, bodega familiar ubicada al pie de los Andes. En Osadía de Crear, su restaurant, hay un menú gourmet y opciones sencillas para armar picnics en sus bellos jardines. Todo acompañado por los vinos delicados, expresivos y llenos de personalidad que crea Susana, la primera mujer enóloga de la Argentina.

 

Aires a historia: Casarena y Bodega Trapiche

Una antigua bodega de 1937 ubicada en Perdriel es el marco de la experiencia gastronómica de Casarena, donde el chef Juan Ventureyra juega con insumos estacionales con resultados fabulosos.

Y para trasladarse a Maipú, visitar la pionera bodega Trapiche es la excusa perfecta. Además de probar las maravillas del restaurante y la cava, es clave entrar a conocer su monumental edificio de estilo florentino, construido en 1912, que todavía conserva la maquinaria de la época. Toda una evocación de los inicios de la industria vitivinícola argentina.

 

Sabores de familia

Cuenta Beatriz Barbera que en 1948, su Nonna Fernanda salió de Le Marche, Italia, huyendo de la Segunda Guerra. Llegó a Mendoza y abrió un pequeño despacho de comidas. Así trazó el destino gastronómico de su familia, que varias generaciones después, hoy tiene dos restaurantes en el corazón de la ciudad de Mendoza. El segundo, Francesco, abrió hace quince años en la vieja casa familiar y cada sabroso plato –de pastas caseras y recetas ítalo argentinas– tiene tan genuino gusto a hogar que realmente emociona.

 

Fuente: RumbosIVia País, por Mariana Valle-Riestra

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