No se entiende a Mendoza sin sus montañas, su desierto y sus tres oasis; sus acequias, que desde tiempos precolombinos aprovechan el agua del deshielo para regar el desierto, y sin su vino.

 

El vino es el producto emblemático de Mendoza que también ha incentivado el turismo, desarrollado la gastronomía y, de paso, explorado lo mejor de la arquitectura mendocina, haciendo de sus bodegas y hostales verdaderas joyas en medio del desierto.

Hay un elemento siempre presente en Mendoza, no importa para dónde se mire: la montaña. Y no es gratuito, pues el sistema orográfico que la separa del océano Pacífico, a escasos cuatrocientos kilómetros, está constituido por tres cinturones sucesivos, separados cada uno por un valle. 

La Precordillera, separada de la Cordillera Frontal por el Valle de Uspallata, desciende poco a poco hasta caer como un telón. Queda a la luz entonces la Cordillera Frontal.  Ya en las goteras de la ciudad, cuando se toma la ruta 40 hacia el sur en busca del Valle de Uco, surge la Cordillera Principal, verdadero límite con Chile, en donde se alza el característico Volcán Tupungato, y también, llegando a la frontera, el Aconcagua.

Pero también caracterizan tanto a la ciudad como a las grandes extensiones de la Provincia el intrincado sistema de canales y acequias que, creado por los indígenas huarpes en tiempos prehispánicos, aprovecha el agua del deshielo y la canaliza a través del desierto.

Gracias a las acequias, que conforman una red de más de quinientos kilómetros, fue posible construir los tres oasis que conforman la vida mendocina y facilitan el aprovechamiento de la tierra.

 

La ciudad antigua

Una visita a la ciudad empieza por la Plaza del Castillo, donde un friso recuerda como era la composición antes del 20 de marzo de 1861, cuando un terremoto de magnitud 7,0 en la escala de Richter destruyó la capital provincial y causó la muerte al 30% de la población.

El Museo del área Fundacional conserva testimonios de cómo se desarrollaba la vida en la ciudad antes del sismo, así como las ruinas jesuíticas, un templo que, para el día del terremoto, estaba bajo la tutela de los franciscanos, pues los jesuitas habían sido expulsados del país por los reyes de España.

 

Ciudad nueva

En 1863, el ingeniero Julio Balloffet trazó la nueva ciudad pensando en una evacuación rápida frente a una nueva emergencia. Para ello se diseñaron calles más anchas y una mayor cantidad de plazas que pudieran servir de refugio rápido a los vecinos.

 

La ciudad fue concebida con edificaciones bajas por temor a los sismos. Solo comenzó a elevarse desde 1926, cuando fue diseñado el Pasaje Galería San Martín. En la década de 1950 las edificaciones se hicieron más altas. Uno de los pioneros fue el Edificio Gómez, de doce pisos y 34 metros de altura.

Haciendo gala de una actitud visionaria, en 1896 surgió la necesidad de crear un pulmón verde para una ciudad tan seca y se contrató al arquitecto y paisajista francés Carlos Thays, quien trazó un parque, el Parque General San Martín, que hoy tiene trescientas hectáreas cultivadas y 86 en expansión.

 

 

Parte importante de la historia de Mendoza está vinculada a la gesta libertaria llevada a cabo por el general José de San Martín, ya que el punto de inicio fue la ciudad. En su su honor se elaboró un bello monumento en 1914. Fue esculpido  por el artista uruguayo Juan Manuel Ferrari y emplazado en el Cerro de la Gloria en medio del parque. 

Los recorridos por los alrededores de la ciudad están llenos de sorpresas. A 38 kilómetros de Mendoza, por un sinuoso camino entre montañas, están las Termas de Cacheuta, un spa que posee las únicas grutas termales con sauna de Argentina. Sus lujosas instalaciones ofrecen espacios cubiertos y al aire libre con baños termales, piscinas de piedra a diferentes temperaturas y baños de barro.

Igual de hermoso y con acceso un poco más económico, se encuentra adyacente el Parque de Agua.

Uno de los recorridos más populares, por supuesto, es viajar a Alta Montaña, donde el rey es el Aconcagua, el pico más alto de América, con 6.960 metros de altura sobre el nivel del mar y el segundo en la escala mundial después del sistema de los Himalayas. 

El Parque Provincial Aconcagua, una de las 17 áreas naturales protegidas de Mendoza, está en la Cordillera de los Andes y preserva glaciares, cuencas hídricas, fauna, flora y sitios arqueológicos relacionados con la cultura incaica. El parque también es escenario de deportes de montaña.

El Puente del Inca, ubicado en el camino entre la frontera con Chile y el Aconcagua, constituye otro atractivo importante de la ruta. Se trata de un paso natural que sirve de pasaje al río Cuevas,  por donde fluyen aguas termales a 35° C .

 

Bucólico paraje

Algunos de los paisajes característicos de Mendoza están en el Valle de Uco, compuesto por tres departamentos: Tunuyán, Tupungato y San Carlos.

San Carlos conserva parte de la traza original de la mítica Ruta Nacional 40, que reúne paisajes maravillosos, tesoros ocultos, fruta, ajo, orégano y vino. Gracias a un turismo rural organizado, allí se saborea el fruto de la cepa tempranillo y se escucha una serenata gauchesca.

Uno de los representantes de este tipo de turismo es Martín Gómez, quien ama los caballos y promueve la doma “con amor”. Cuenta la historia del caballo en Argentina e invita a la búsqueda y avistamiento de caballos salvajes.

También en el Valle de Uco está gran parte de los viñedos de Mendoza. Por ahora solo diremos que la ciudad fue nombrada, en 1987, como Capital Internacional del Vino y designada como la 8a Capital Mundial del Vino junto a otras famosas como Bordeaux o Florencia, con malbec como su uva característica. En Mendoza, donde se produce el 70% de los vinos argentinos, hay más de un centenar de bodegas, entre cuyos productos se destacan los vinos orgánicos y los de alta gama. Las bodegas que han abierto planes turísticos ofrecen además excelente gastronomía y bellos hostales.

La bodega Piedra Infinita, de la marca Zuccardi, tiene premio internacional de arquitectura; los vinos orgánicos de Cecchin, que se cultivan con la misma tradición desde su origen, hace más de seis décadas, ofrece todo un plan gastronómico con el chef Víctor Hugo. Por su parte la chef Eliana Guevara enriquece la visita a la Bodega Otaviano con delicias gastronómicas. Las bodegas Andeluna y Alpasión tienen completos programas turísticos.

 

Fuente: Revista Panorama, Por Marcela Gómez

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