La capital mendocina es el nexo de todos los caminos que hilvanan sus viñedos y bodegas.

Mendoza fue fundada en 1561 en el lugar donde ya había un asentamiento incaico con una red de distribución del agua de deshielo que operaba hacía un largo siglo (entonces los canales eran tres y cada uno era responsabilidad de un cacique), sistema de riego que se diversificó y creció hasta cubrir el actual recorrido de 500 km.

 

Un terremoto, en 1861, destruyó por completo la ciudad, reconstruida de acuerdo a nuevas pautas urbanísticas; el eje es la Plaza Independencia -ombligo de la que sale la peatonal Sarmiento, una animada calle que reúne múltiples cafés, bares y negocios- y equidistantes de sus vértices se abren otras cuatro ágoras: Chile, San Martín, Italia y España.

 

Otra plaza, la del Pedro del Castillo, es el lugar exacto donde se puso la primera piedra fundamental de Mendoza y es donde se levanta el Museo del Área Fundacional, construido sobre el antiguo centro cívico. Desde su reconstrucción, el rumor de las acequias y la sombra de tantos árboles que llegan a sumar 750.000 (la consigna -aseguran- fue plantar uno por cada diez habitantes) se convirtieron en sus referentes urbanos más emblemáticos. La ancha y antigua avenida Civit, considerada la más linda por los locales, concluye en el Parque General San Martín, un gran pulmón verde concebido en 1897 por el gran paisajista Carlos Thays. Al fondo de este reino vegetal se levanta el Cerro de la Gloria.

Al peso innegable de la historia se contrapone el presente mendocino, lleno de vigor cultural y comercial. Si las expresiones artísticas están a la orden del día y en constante renovación, el impulso que le dio a la provincia la actividad vitivinícola hoy se manifiesta en la proliferación de vinotecas y bares temáticos que ya son parte del escenario urbano, en el número creciente de bodegas que reciben turismo y de hoteles boutique que tienen el vino como leitmotiv.

 

Despertar rodeado de viñedos en un ámbito de supremo confort – como sucede en Cavas Wine Lodge o en Entre Cielos -, disfrutar de una cocina gourmet bebiendo algunas de las mejores enologías de la zona -como en Casa Vigil o en Club Tapiz – son alternativas posibles en la actualidad, que eran impensadas hace 20 años. Casi todas las bodegas para visitar se sitúan entre Mendoza y el río homónimo.

 

Muy cerca de la ciudad aparecen las primeras; le siguen las de Maipú, luego las de Luján de Cuyo (que son mayoría), las de Tupungato -como Salentein – y Tunuyán, alguna en San Carlos -como Piedra Infinita – y, por último, muy al sur, las de San Rafael.

 

En San Rafael, un enclave de tintes casi regionalistas, las razones del vino se conjugan con los atractivos de los programas de aventura y hasta con golf en Algodón Wine Estate.

 

Para aquellos que sueñan con avistar la silueta del Aconcagua, la ruta de alta montaña es una alternativa interesante que, en verano, lleva hasta el límite con Chile y culmina con el ascenso al Cristo Redentor. Unos kilómetros antes, en Puente del Inca, se pueden ver las ruinas del antiguo hotel termal y las extrañas formaciones originadas por el agua que brota a 35º.

 

Para llegar a esta zona hay dos caminos: la ruta 52, que trepa por un camino de cornisa de 365 curvas y contracurvas y debe, por lo tanto, evitarse cuando llueve o nieva; esta ruta pasa por el histórico hotel Villavicencio, que es parte de una Reserva Natural privada. La otra alternativa es la ruta 7, mucho más simple y directa.

 

Ambas arriman a Uspallata, pequeña y tranquila localidad que proporciona cobijo a precios moderados; desde aquí es posible emprender caminatas cortas, sumarse a actividades de outdoors y conocer Las Bóvedas con su pequeño museo de mineralogía. La vuelta, por Potrerillos, puede sellarse con una relajante bajada en balsa del río Mendoza.

 

Los programas al aire libre son un capítulo fuerte en esta provincia, empezando por las cabalgatas de alta montaña, de larga tradición en el sur de Mendoza. Luego están todas las demás, las salidas en 4×4, prácticas de andinismo, rappel. para vivir a pura adrenalina en el vasto dominio de los imponentes Andes. 

 

Fuente: La Nación

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