Redescubrimos las Minas de Paramillos, un lugar que conjuga un importante componente histórico y onírico al mismo tiempo. Pero al mismo tiempo un lugar para visitar, hacer turismo y sorprenderse con más de una historia para atesorar.

Lo recuerdo claramente, a pesar de que pasaron más de 15 años cuando tuve la oportunidad de ir por primera vez a las Minas de Paramillos, parecía una ciudad fantasma en donde sus antiguos muros de piedra viva se escondían y aparecían entre las nubes que bajaban pululando casi tocando el piso. “Hay que encontrar la veta, búsquela, mire que en las paredes de la mina las va a hallar”, decía el por entonces único morador y guía de las ruinas, Don Tapia. Y si uno se dejaba llevar por la imaginación seguramente no solo veía las vetas, sino que mucho más, ya que por allí no solo pasaron jesuitas, colonizadores, indios, cazadores de fortuna y hasta algún que otro personaje que tenia pleitos con la justicia.

Las ruinas de las antiguas minas de Paramillos, están ubicadas a unos 24 kilómetros del poblado de Uspallata, sobre la margen norte de la ex ruta nacional nº 7 (actual ruta provincial nº 52), que une las Termas de Villavicencio y el antiguo hotel del mismo nombre, con la localidad del valle de Uspallata.

Estas minas son consideradas la primera explotación minera de la República Argentina, y una de las más antiguas e importantes de lo que fue el Virreinato del Río de La Plata, hasta las últimas acciones, bien avanzado el siglo XX. Los misioneros jesuitas descubrieron, en 1614, el potencial de estos cerros y hasta el Ejercito de Los Andes se abasteció forjando con sus metales las armas libertadoras.

De los restos de las instalaciones mineras que hoy se erigen fantasmales –es por eso que el conocida como la Ciudad Fantasma de Paramillos-, el escritor Jorge Sosa, explica: “Las comenzaron a operar los Jesuitas allá por el siglo XVII. Ellos y después los españoles (ninguna de la dos especies trabajaba) usaron para la terrible mano de obra que implicaba la tarea muchos nativos huarpes del asentamiento de Uspallata y cuando escasearon, llevaron a cientos de las Lagunas de Guanacache. Por entonces se extraía oro, plata y zinc. Las condiciones de labor eran terribles y muchos, la mayoría, de los huarpes murieron jóvenes desgastados por el sacrificio. Dicen los lugareños que en noches calmas, se pueden escuchar los lamentos de aquellos nativos que murieron en la mina. Yo los he escuchado, pero tuve una explicación para nada mítica: los búhos que pueblan todo el lugar”.

Hoy las ruinas que se conservan corresponden a la obra realizada en 1889, durante la administración del ingeniero Avé Lallemant. Se pueden ver restos de lo que fuera el campamento, la planta de concentración, las piletas en donde se lavaba el material, en inclusive los roídos hornos, donde se fundía el material.

Entre 1908 y 1913, el Dr. Villanueva, miembro de una aristocrática familia mendocina, adquirió la mina. Bajo su gestión como gobernador de Mendoza, se profundizaron los túneles para explotar las vetas minerales; trabajos que fueron abandonados en la década de 1940.

El yacimiento está integrado por más de 40 vetas (fracturas o grietas rellenas con mineral), que se disponen en forma subvertical a vertical, en rocas volcánicas del Triásico. La mineralización, de tipo hidrotermal, está compuesta principalmente por sulfuros: blenda, galena, pirita, calcopirita, tetraedrita y siderita. Cuenta con más de 10 000 túneles y galerías subterráneas.

Volviendo a los mitos que encierra el lugar hay dos nombres propios que no escaparon en suerte su paso por Paramillos, uno es el del famoso Gaucho Cubillos, para algunos un ladrón y cuatrero, para otros una especie de Robin Hood de nuestras tierras.

En las ruinas de las minas de Paramillos de Uspallata, fue alcanzado y muerto por la policía Juan Francisco Cubillos en las cercanías de los antiguos corrales, un crucifijo metálico y múltiples flores de plástico y ofrendas, recuerdan el lugar. El sitio es oratorio en donde llegan fieles demandando su mediación de ayuda.

Otro curioso caso es el de El Timoteo, un bandido del litoral que había buscado refugio trabajando en las minas, la policía sabía de su existencia pero lo dejaron en paz por su buen comportamiento. Un buen día sucedió el asesinato de un minero, y todas las miradas cayeron sobre el pobre Timoteo, que nada tenia que ver en ese asunto. Dice la leyenda que la policía lo fue a buscar y él se sumergió en los túneles de la mina. Los uniformados sellaron las posibles salidas y el sujeto nuca volvió a salir. Nació allí la leyenda, cuando Timoteo o su alma, empezaron a jugarle algunas bromas a los mineros. Algunos, los mas valientes, aseguran que su alma sigue penando por ese lugar y para comprobarlo en algunas noches de verano dejan en la entrada de la mina una vela encendida y un vaso de aguardiente, con seguridad al día siguiente ese vaso esta vacío.

Mas acá en el tiempo, a partir de 1971, las firmas Conmina y Velke S.A. realizaron tareas de explotación de las viejas escombreras con material. El plomo extraído en esta etapa, fue prácticamente el 75% de la producción total de la provincia desde 1945. En 1982, motivados por la inminente guerra de Malvinas, sus últimos explotadores ingleses, partieron sin mediar explicación.

Hoy las mimas pueden ser visitadas, hay distintas empresas que ofrecen la posibilidad de practicar lo que llaman turismo minero, con divertidas opciones para disfrutar de lo mítico y pintoresco del lugar.

Cabe destacar que el lugar es patrimonio histórico y cultural único e irrepetible de Mendoza como también patrimonio paisajístico y de desarrollo turístico.

En un vehículo en buenas condiciones se puede llegar a las Minas de Paramillos, sorteando huellas de montaña y siendo testigo de un paisaje inigualable. Allí son variadas las actividadesque se pueden llevar a cabo, como trekking por dentro de la mina conociendo los túneles y descubriendo de qué manera se realizaba la actividad antes de que suspendiera la explotación. El lugar también sirve de magnífico mirador natural de los picos nevados del Cordón del Plata. Para aquellos más inquietos las empresas de turismo que operan en la zona proponen actividades como rappel, cabalgatas, cuatriciclos y una novedosa propuesta que llega hasta lo gastronómico regional.

Visitar la Ciudad Fantasmal de Paramillos es una experiencia que no te podés perder, afuera todo el encanto y magnificencia de la Cordillera, adentro toda la magia y el misterio…contactanos y te llevamos…

Fuente: Jornada
21/11/2016

 

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