Postales de Paramillos

Postales de Paramillos

Las ruinas de las antiguas minas de Paramillos de Uspallata, de plomo, plata y zinc, son parte del patrimonio industrial histórico iniciado probablemente en época precolombina e intensificado durante la Colonia.

Salimos de la ciudad cuando amanecía. El silencio y el poco trajín de la madrugada, nos acompañaron por la avenida San Martín, hasta la RP 52 que conduce a Uspallata.

Tras andar los primeros 36 km, pasamos junto al Monumento de Canota, cuyos murallones refrescan el momento histórico en el que el Gral. Don José de San Martín, Libertador de América, divide su ejército para cruzar la Cordillera de los Andes (1817).

El objetivo de esa hazaña: liberar a Chile y Perú, de las tropas realistas españolas. El cruce de la cordillera con más de 5.000 hombres, fue realizado con dos columnas que partieron desde allí, una bajo las órdenes del Gral. Las Heras por Uspallata (Mendoza) y el grueso de la tropa con el Gral. San Martín, por Paso de los Patos. (San Juan).

 

Ingreso a la Reserva Natural privada Villavicencio

La Reserva Natural o Reserva Ecológica, es un área semiprotegida de importancia para la vida silvestre, flora, fauna o con rasgos geológicos de especial interés, con fines de conservación y con el objeto de proveer oportunidades, para la investigación y la educación.

Fue creada en el año 2000, por Resolución Nº 1065, de la Dirección de Recursos Naturales Renovables, de la Secretaría de Medio Ambiente, del Gobierno de Mendoza.

A 47 km de la ciudad de Mendoza y a 1.748 msnm, se encuentra el Gran Hotel Termas de Villavicencio, inaugurado en 1940 y cuyas puertas se cerraron, en 1979.

A partir de ahí, el camino consolidado de cornisa nos lleva sobre sus alas, rozando el cielo, mientras el serpenteo infinito de su traza, juega vivamente con los cerros.

Los Caracoles de Villavicencio tienen 17 km de extensión y si bien se le atribuyen 365 curvas (un año), las 270 que posee, nos transportan al hogar del cóndor.

El paisaje invita a soñar. La belleza ha dejado de ser una casualidad y se afinca en las quebradas, concurridas de águilas moras, zorros y guanacos.

Saliendo de los caracoles, el sorprendente “Mirador del Balcón” o “Balcón del Indio” como popularmente se lo conoce, nos invita a hacer un alto, a liberar los sentidos a la inmensidad. Es una formación geológica natural, con una caída de 80 metros, conformada por paredes de rocas paleozoicas y sedimentos marinos.

Tras dejar el asombro en el paisaje y a más de 3.000 msnm, la Cruz de Paramillos emerge en las alturas, dominando el rincón desértico y callado, testigo solitario de la labor Jesuita, durante el Siglo XVII. Paramillo, es el diminutivo de páramo, palabra con la que se designan los terrenos llanos, desprovistos de vegetación y pedregosos.

El Vía Crucis más alto de la Argentina, se reza a estas alturas, recordando a sus antiguos moradores los Huarpes y a las misiones de evangelización Jesuita.

Unos pocos kilómetros más allá, nos espera el paraje Agua de la Zorra, donde funcionó un antiguo campamento minero español, construido a fines del siglo XVIII.

Actualmente hay un parador que provee comida y bebidas, y fue el punto de partida, de la increíble salida de senderismo minero, que realizamos por la zona.

Por aquí registró su paso el Ejercito Libertador en 1817 o Charles Robert Darwin el 30 de marzo de 1835, entre los miles de viajeros que la transitaron.

La marcha de 4 km, nos llevó directamente al corazón de las Ruinas de las Minas Jesuitas de Paramillos, escenario donde se desencadenó, la historia más vieja de la mundo, la explotación de muchos, para beneficios de unos pocos.

A 2.800 msnm, estas minas representaron la primera explotación minera de la República Argentina y sus inicios, se remontan posiblemente al siglo XVII.

La mina San Lorenzo de Uspallata, hoy Paramillos de Uspallata, fue descubierta en 1683, aunque pudo haber sido anteriormente explotada por los aborígenes, siendo una de las minas más antiguas del país. En ellas, llegaron a trabajar más de 4.500 huarpes.

En 1788 el Abate Juan Ignacio Molina, sostenía que era la veta de plata (Ag) más rica del reino, ya que la consideraba una extensión de las de Potosí, Bolivia (en aquel entonces Alto Perú).

Así describe Gaetano Osculati, naturalista nacido en Milán, Italia, su paso por Uspallata en 1835: “Después de andar entre despeñaderos y precipicios de roca desnuda, descansamos un largo rato en el paso de una montaña, cerca de un lavadero donde algunos indios estaban lavando la tierra que habían cavado en una mina de oro.

Transportaban la tierra en un canasto y la arrojaban dentro de un agujero practicado en un arroyito, revolviendo sin tregua para que el agua corriente se llevara todo el barro y se tornara clara, dejando en el fondo los guijarros, la arena y el oro; después, desviando el agua, quebraban con una maza los guijarros en trozos diminutos para volverlos a lavar hasta que quedaran sólo las pepitas y el polvo de oro.

A lo largo del camino se encuentran con frecuencia los rastros del trabajo, notándose acá y allá tierra removida. La mina de plata que se halla hacia Uspallata es la más rica del Cuyo.”

 

Apenas se ingresa por un estrecho callejón de tierra, se visualizan las primeras edificaciones, donde seguramente estaban las oficinas.

Las ruinas de la que fuera la capilla de la mina, testimonia con su silencio el punto de encuentro entre Dios y los hombres, a través de la fe. La hornacina, con el socavado con forma de arco en la parte superior y fondo blanco, señala el lugar donde alguna vez estuvo la imagen sacra.

Hay quienes la llaman Ciudad Fantasmal, ya que según comentan, en algunas noches, cuando la luna se pierde en el horizonte, se oyen los lamentos y quejidos de los aborígenes, que sufrieron y murieron trágicamente en las minas…Lo cierto es que el viento, que ayer avivaba el fuego del horno de la fundición, hoy le arranca lamentos y suspiros a las pircas solitarias.

Este es un recorrido que de a poco nos sume en una serena reflexión, rodeados de la belleza, el silencio y el misterio del paisaje. Es un sendero que indefectiblemente nos va conduciendo en el tiempo, hasta el momento mismo en que nace la historia de Mendoza.

Siempre es bueno recordar que preservar el patrimonio cultural, histórico y natural de la Provincia de Mendoza, constituye una obligación ineludible para quienes tenemos aún, el privilegio de observar testimonios, de los esfuerzos realizados por el hombre o la naturaleza, a lo largo muchos siglos.

 

Fuente: Huellas Cuyanas