Se declararon como monumentos nacionales al edificio Gómez, de Ciudad, a dos escuelas y al balneario Playas Serranas (actual Museo Cornelio Moyano). Los cuatro lugares, ideados por los hermanos Civit, reflejan la Mendoza del siglo XX y son parte del paisaje mendocino.

 

Fueron declarados monumentos históricos nacionales al emblemático edificio Gómez (Ciudad), a las escuelas Daniel Videla Correas (Ciudad) y Justo José de Urquiza (Maipú) y al balneario Playas Serranas (actual Museo Moyano, en el Parque General San Martín).

Las cuatro obras definen a la Mendoza moderna del siglo XX y siguen despertando la fascinación de los mendocinos que pasan por allí y que se preguntan sobre sus orígenes, algunos más singulares que otros.

No es casualidad que estas cuatro obras arquitectónicas, de gran valor para la comunidad mendocina, hayan sido ideadas por Jorge Arturo Civit y Manuel Civit. Los hermanos levantaron en 1954 uno de los mayores emblemas del centro: el edificio Gómez.

 

Ubicado en calle Garibaldi, en el corazón de la Ciudad de Mendoza, con sus 12 pisos y 34 metros de altura se impuso hasta la década de 1990 como el más alto del área metropolitana. 

 

Pese a ser tan popular, la obra despierta no sólo la atención de los turistas, sino la de los mendocinos, que levantan la cabeza cada vez que pasan por el Kilómetro 0 para vislumbrar con sus propios ojos al edificio que ilustra cada panorámica aérea del Gran Mendoza.

Durante la noche es cuando más se luce con su silueta iluminada. Su estilo internacional (conjunto de arquitecturas que comparten las características formales más puristas del movimiento moderno) posee un cuerpo principal de hormigón armado de corriente racionalista, con texturas y repeticiones propias del brutalismo y ciertas reminiscencias del art déco. En tanto, el remate se compone principalmente de acero y cristal.

 

La arquitectura escolar moderna

De recorrida por la ciudad, es muy probable que la congestión vehicular en hora pico nos obligue a ignorar a otro de los ahora llamados monumentos históricos nacionales. Incluso, pese a gozar de una amplia explanada. Se trata de la escuela Daniel Videla Correas, ubicada en la intersección de Paso de los Andes y Manuel A. Sáez, cuyo edificio se inauguró en 1941 para satisfacer la creciente demanda educativa del sector.

 

“Su particular diseño se ha convertido en un representante de la arquitectura escolar moderna y exponente del estilo racionalista en la República Argentina”, indica el decreto 624, publicado en el Boletín Oficial y firmado por el Ejecutivo nacional.

Pero no es el único colegio declarado como monumento histórico. Hacia el sureste de Capital, en el núcleo urbano de Maipú, puede apreciarse el edificio donde funciona la escuela Justo José de Urquiza, que fue inaugurado en 1936. Sin embargo, las clases ya habían iniciado en 1861, “con 13 alumnos y siete por entrar”, según figura en las actas de la época, aunque con otra infraestructura.

En la esquina de Juan Domingo Perón y Pablo Pescara, frente al Cine Teatro Imperial, se emplazaron dos pisos con 12 salones de clases, un salón de actos con capacidad para 220 personas sentadas, corredores cubiertos, patio embaldosado, campo de deportes y pileta de natación. Pero las demandas de los años posteriores obligaron a que la piscina cediera su lugar al jardín de infantes Elvira Chaves, en 1981, y que el salón de actos perdiera sus butacas para volverse un salón de usos múltiples.

Las rejas del exterior, por los daños y por la inseguridad, llegaron a inicios de este siglo a esa escuela peculiar de Maipú. En las gradas de la entrada todavía existe un busto de bronce del general Justo José de Urquiza, que fue donado por el gobierno de Entre Ríos hace casi 80 años.

 

El museo que fue un balneario en el parque

Por último, una playa que también es monumento. En lo que hoy es el Museo de Ciencias Naturales Juan Cornelio Moyano, funcionó hace no más de 60 años el balneario de Playas Serranas, el equivalente local a una mini Mar del Plata en el Parque General San Martín.

Desde 1937, y durante casi dos décadas, los más pudientes de Mendoza mitigaban el calor de enero a orillas del lago, que sólo era aprovechado para la regata y otros deportes acuáticos.

 

El diseño, casi idéntico al actual, evocaba a un estilo naval, con las líneas de un barco, la cubierta y su torre, junto a unos coquetos salvavidas en las barandas de las terrazas. 

 

El decreto firmado hoy por la Nación destaca estos rasgos de carácter náutico, con grandes volúmenes de superficies blancas, ventanas corridas y circulares, y terrazas a modo de cubierta. “Es considerado uno de los mejores exponentes del yatch-style en Argentina y en América Latina”, subraya el Boletín Oficial.

 

Para disfrutar la tarde, no hacía falta llevar la canasta al balneario, ya que en el edificio funcionaba una confitería dotada de un teléfono para uso gratuito de los clientes, todo un lujo para aquellos tiempos. A la noche, el actual museo científico se convertía en el boliche preferido por los jóvenes y en, quizás, la única salida semanal.

 

Fuente: Unidiversidad

 

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