Mendoza cuenta con decenas de lugares en los que vivió y a los que concurrió el General San Martín.

La figura del Libertador General San Martín ocupa el lugar más destacado dentro de la historia nacional. Sus hechos heroicos, sus ejemplos de austeridad, rectitud y amor por la patria, lo convierten en paradigma para todas las generaciones de argentinos.

 

Dentro de la trayectoria sanmartiniana, Mendoza tuvo el privilegio de ser el instrumento de la magna empresa que afianzara la independencia argentina y obtuviera la de Chile. Por ello, el corazón del héroe conservó durante toda su vida un profundo agradecimiento hacia la provincia de Cuyo. 

 

La provincia puede mostrar a habitantes y visitantes los lugares estrechamente vinculados con la gesta libertadora, desde la casa que habitara en la Capital, los escenarios de la formación del Ejército de los Andes y la ruta que a través de la montaña va mostrando los hitos de la marcha de la División de Vanguardia hasta su ingreso al territorio chileno.

El Archivo Histórico atesora entre sus colecciones los documentos correspondientes a la gestión de San Martín.

 

HACIA MENDOZA

Corría el mes de agosto de 1814, cuando el Director Supremo designó a San Martín Gobernador Intendente de Cuyo. El 8 de setiembre, el flamante funcionario tomaba posesión de la gobernación e iniciaba la ardua tarea de dar forma al plan de libertad continental.

 

En su viaje hasta la capital de la Intendencia, dos antiguas postas detuvieron la marcha del Libertador: la del Retamo y la de Rodeo del Medio.

 

EL HOGAR MENDOCINO

Durante su actuación en tierra americana, Mendoza fue el lugar donde San Martín permaneció mayor tiempo. Desde su arribo en 1814 hasta su partida en enero de 1817 habitó una casa ubicada a dos cuadras de la plaza principal. La predilección que sintió por nuestra ciudad lo impulsó a adquirir un terreno donde pensaba edificar su casa. Este anhelo no pudo cumplirse. Sin embargo, el solar histórico fue recuperado para la evocación pública, y hoy se levantan en él la Biblioteca y el Museo que ostentan el nombre del “ciudadano honorario” de Mendoza.

 

TESTIGOS DE LA GESTA SANMARTINIANA

Mientras San Martín aguardaba la decisión del gobierno nacional acerca del proyecto de invasión a Chile, su labor administrativa tendía a poner a Mendoza en condiciones de ser el fundamento más sólido de la empresa libertadora. Junto con el impulso dado al desarrollo económico de la región, se destacaron numerosas obras públicas.

 

Un testimonio de esta labor es la Alameda de Mendoza que, renovada y transformada a lo largo de los años, conserva el recuerdo de los días de San Martín. 

 

Cuando el Directorio, con Pueyrredón a su frente, aprobó la campaña sobre Chile, el Libertador se dedicó totalmente a completar la preparación del Ejército de los Andes. De las necesidades impuestas por la próxima guerra, surgieron el Campo de Instrucción del Plumerillo, la instalación de la Maestranza y el acondicionamiento del molino que permitió lograr el tipo de paño indispensable para el vestuario. En las cercanías del campamento y en terrenos de un patriota mendocino, la vieja capilla del Plumerillo recogió las plegarias por la independencia americana.

 

VÍSPERAS DE LA PARTIDA

Se iniciaba 1817 cuando la expedición libertadora se aprestaba a cumplir la hazaña de cruzar los Andes para recuperar la independencia de Chile. San Martín tomaba las últimas previsiones que asegurasen el cumplimiento exacto del plan de marcha. Pero antes de partir con las tropas, Mendoza presenció la solemne ceremonia de bendición de la Bandera de los Andes y proclamación de Nuestra Señora del Carmen como Patrona y Generala del Ejército.

La vieja plaza principal de la ciudad (actual Plaza Pedro del Castillo), con la Iglesia Matriz y San Francisco (Las ruinas de San Francisco), fueron los escenarios de estos acontecimientos. Cuando la ciudad resurgió de las ruinas de 1861, buscó un sitio para las reliquias de la gesta libertadora. Un nuevo templo franciscano guarda hoy la imagen sagrada y el bastón de mando del general, mientras en el Memorial, en el parque cívico, la Bandera de los Andes preside las ceremonias oficiales.

 

HACIA LOS ANDES

A mediados de enero de 1817, todo estaba dispuesto para emprender la marcha. En la estrategia sanmartiniana, el grueso del ejército debía avanzar por los pasos de Llaretas y la Cumbre para converger en las cercanías de Santiago. Mientras tanto, dos columnas auxiliares en el norte y otras tantas en el sur, tenían precisos objetivos que permitirían encender la revolución en ambos extremos del territorio, al par que obligaban al gobernador de Chile a dispensar sus tropas en un amplio frente.

Al mando del comandante José L. Lemos partió desde el Fuerte de San Carlos hacia el Portillo, la columna que tenía como objetivo San Gabriel. Por territorio totalmente mendocino y siguiendo el paso de La Cumbre, hizo la travesía la División de Vanguardia formada por el Batallón Nº 11 de Infantería, un piquete de treinta granaderos a Caballo y veinte artilleros, al mando de Las Heras. Por esa misma ruta, el capitán Beltrán marchó llevando la artillería.

 

Hitos del camino hacia Los Andes: El Fuerte de San Carlos, Canota, Uspallata

Puente de Picheuta y Polvaredas, Potrerillos, Arroyo Santa María y Paramillo de Las Cuevas, Cristo Redentor. 

 

EL REGRESO

En julio de 1822 la conferencia de Guayaquil decidió el último capítulo de la independencia americana. San Martín regresó a Lima y poco después ante el Congreso renunció al protectorado del Perú. El 23 de setiembre se embarcó rumbo a Valparaíso y a fines de enero del año siguiente se trasladaba a Mendoza. En su “ínsula cuyana”, tan cara a su corazón, creía poder concluir sus días. Sin embargo, hasta él llegó el oleaje de las pasiones políticas desatadas. Se dirigió a Buenos Aires para recoger a su pequeña hija y marchar con ella a Europa.

Mendoza perdió la presencia física de su “ciudadano honorario”, que iniciaba sus largos años de ostracismo.

 

Hitos del camino de regreso: El Manzano de Tunuyán y Chacra de Barriales. 

 

Fuente: DGE

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