El turismo del vino en Mendoza se reinventa: viajes slow, alojamientos temáticos y nuevas propuestas gastronómicas.

 

El turismo del vino se suma a la tendencia del slow travel, una forma de andar sin prisa, disfrutando de la naturaleza y la gastronomía del lugar. La mayor llegada de extranjeros a Mendoza, atraídos por la calidad de sus vinos y costos en dólares adecuados a sus bolsillos, alentó nuevas experiencias asociadas al disfrute del vino.

 

Así, los destinos enoturísticos incluyen desde cabañas de lujo con cava incluida hasta dispensers para beber vino por copa a la hora que sea, picnics entre los viñedos, paseos en bicicleta o asados junto a un cauce de agua de deshielo de la cordillera, siempre con la consigna de vida tranquila y placentera. 

 

Los operadores del turismo del vino coinciden en que cerca del 80 por ciento de sus clientes son extranjeros. El principal origen es Brasil, seguido por Estados Unidos, Europa y el resto de Latinoamérica​. Es un viajero que acostumbra visitar los mercados regionales y disfrutar de la cultura, los paisajes y la comida de una manera relajada.

Los precios de las habitaciones parten desde los 80 dólares por noche con desayuno para dos personas. Los lodges vitivinícolas, casas y cabañas entre viñedos, son más exclusivos para altos ingresos, ya que cuestan entre 300 y 500 dólares por noche, con desayuno.

 

La franja más representativa del enoturista está entre 35 y 65 años de edad, pero es también un plan ideal que eligen parejas sub 35 y grupos de jóvenes amigos. A la visita a una bodega con degustación de distintos vinos se suman experiencias como caminar o andar en bici por los viñedos, contemplar un atardecer en una hamaca o disfrutar de un asado entre viñedos y árboles frutales. 

 

Valorar las pequeñas cosas

El director de Calidad y Servicios Turísticos de Mendoza, Marcelo Reynoso, explicó que uno de los pilares de esta filosofía slow es cambiar la percepción de los viajes: “valorar las pequeñas cosas que hacen singular al lugar que visitamos”.

 

Bajo el concepto de “viajes apacibles”, el Ente Mendoza Turismo (Emetur), la Universidad del Aconcagua, el INTA, a través del Programa Cambio Rural, el Convivium Terraboca de slow food y las municipalidades de Luján de Cuyo, Maipú y Tunuyán, promovieron la conformación de un grupo de prestadores turísticos. 

 

Son 20 emprendedores: una ceramista que diseña ánforas para vinificar, restaurantes de cocina mendocina con vegetales recién cosechados de la huerta, posadas rurales, destilerías de grapa y gin, aceiteras, pequeñas bodegas, artesanas de cosmética a base de aceite de oliva y vino.

El grupo se llama Mendoza Slow Travel y lo integran: Aromas del Vino (experiencias sensoriales y cosmética), Aves del Piedemonte (avistaje de aves), Wine & Ride (bicicletas por las rutas del vino), Espacio Jereb (restaurante y arte), Apícola y Bodega Artesanal Juricich, Postales Hotel Boutique, Cava Don Tulio Restaurante, Barrovino (vajilla de autor), Mountain View Mendoza (alojamiento rural), La Melesca Restaurante, Espíritu Zorro (microdestilería de gin), Uco Bakery (panes a base de masa madre, Atipana Restaurante, Cava Cosmética de Casa Baquero, La Trucha Tranqui Cabañas, Opuntia Casa de Té, Hilbing Franke Destilería, Cabalgatas Rancho Viejo y Olivícola Minotto.

 

Un sunset entre viñedos

Finca Bandini desarrolló la marca “House of wine” en su finca de Las Compuertas, en Luján de Cuyo, a 25 minutos de la ciudad de Mendoza. La casa entre viñedos está rodeada por los canales que conducen el agua pura del deshielo de las montañas de los Andes. “Nuestros visitantes conocen la rica historia de esta prestigiosa zona, cuna del gran malbec de Argentina, de suelo aluvional, con unas vistas increíbles y en un ambiente cálido e íntimo”, comenta Carolina Pelayes, gerente de la bodega boutique.

A la degustación de cinco vinos de alta gama, elaborados con el asesoramiento del enólogo Marcelo Pelleriti (primer latinoamericano en lograr 100 puntos Parker), se puede sumar una tabla de delicatessen regionales. La selección de quesos contiene tambo ahumado, trenza ahumada, provola ahumada, ricotta affumicatta y patagónico ahumado. Y la selección de fiambres incluye: faisan ahumado, chorizo de jabalí ahumado, jabalí ahumado, ciervo ahumado y ñandú ahumado; más aceitunas, frutos secos y frutas mendocinas en almíbar.

 

Después del asado al aire libre y el bike tour por los viñedos, el plan ideal es contemplar el atardecer desde la terraza de Finca Bandini, con el horizonte en un manto de viñedos y en la mano una copa de su delicioso Terroir Unico (blend de malbec 2017). 

 

Yoga por los caminos del vino

Unir relax con los paisajes del vino ha sido el acierto del circuito itinerante Yoga por los Caminos del Vino, que en un año lleva 32 clases dictadas en diversas bodegas y parajes naturales de Mendoza.

 

Asanas dinámicas, meditación y relajación, seguidas de un brindis con un snack saludable, forman parte de la original propuesta enoturística que une los universos del yoga y el vino. 

 

La práctica del yoga se realiza en los jardines de las bodegas. Cada encuentro finaliza con un brindis y degustación de delicatessen. En la temporada de primavera, los sitios elegidos fueron: Alpasión Lodge, Bressia, Casa Vigil, Casa Conalbi Grinberg, Santa Julia, La Jacintana, Andeluna, A16 y Chandon. El cierre de 2019, el 14 de diciembre, fue con una masterclass de superioga del profesor brasileño Paulo Junqueira, quien desarrolló un método de fortalecimiento físico y mental. “Para 2020, Yoga por los Caminos del Vino ampliará las vivencias a otras regiones vitivinícolas y extenderá la oferta de propuestas a retiros de yoga”, adelanta Alejandra Navarría, responsable del ciclo que retoma el 14 de febrero, Día de los Enamorados.

 

Alojarse en una finca de viñedos

Las regiones del Valle de Uco (que integra tres municipios: Tunuyán, Tupungato y San Carlos) y los oasis vitivinícolas de Luján de Cuyo y Maipú concentran la mayor oferta en hospedajes y bodegas. Los alojamientos rurales son los preferidos del enoturista. En 2019, se inauguraron más de 20 nuevos lodges de lujo.

El hotel Fuente Mayor, en Tunuyán, está en el corazón de la localidad vitivinícola de Vista Flores, en la principal zona del enoturismo que es el Valle de Uco, a 100 kilómetros de la ciudad de Mendoza. “Tanto los turistas particulares como las empresas eligen estos destinos del turismo vitivinícola para vacacionar o realizar sus reuniones de trabajo como incentivo para sus empleados”, dice Roberto Barth, gerente de la cadena hotelera Fuente Mayor.

El hotel de Vista Flores es un 4 estrellas, con 50 habitaciones y 14 cabañas, inmerso entre viñedos y con vistas a la Cordillera de los Andes, en una de las zonas más cotizadas para el cultivo de malbec. El predio tiene 40 hectáreas, de las cuales 20 están plantadas con esa variedad. Es de los hospedajes que más servicios ofrece en la zona: spa, piscinas cerrada y externa, restaurante, casino y cuatro salones para eventos.

 

Habitaciones temáticas

En la búsqueda de nuevas experiencias para el enoturista, el Diplomatic Hotel (5 estrellas, ubicado en la ciudad de Mendoza), tiene 175 habitaciones. Además de contar con un servicio diferencial de dos suites, Presidencial y Embajador, y las habitaciones en los pisos más altos, denominados Sky, ha sumado los wine floor. “Es un nuevo concepto de alojamiento para integrar el destino Mendoza, las bodegas y sus productos junto a nuestros servicios”, explica el gerente general, Santiago Alsina.

Cada piso dedicado al vino tiene una bodega anfitriona que presenta su marca y productos. Hay fotos referenciales de la bodega, en el corredor y habitaciones, y la exposición y venta de botellas, sacacorchos, gorras y variado merchandising ligado al vino. Las bodegas Trapiche, Lagarde, Catena Zapata, Zuccardi y Rutini ya son parte del concepto wine floor. Los vinos de estas y otras bodegas son maridados con los platos regionales que elabora el chef Claudio Lucero en el restaurante del hotel, que está abierto para almuerzos, cenas, desayunos buffet y tardes de té.

Todos los huéspedes del Diplomatic acceden a una copa de vino de cortesía en el wine tasting. “La estadía promedio del enoturista es de 2,8 noches, y durante 2019 recibimos a brasileños (36%), argentinos (28%), chilenos (6%), europeos (8%), estadounidenses (9%) y de otros destinos del exterior (13%)”, detalla el gerente del hotel.

 

El sueño de la cava propia

Entre los nuevos alojamientos del enoturismo está Casa Petrini, que cuenta con bodega, lodges, restaurante y spa, ubicada en Tupungato -Valle de Uco– a 90 kilómetros de la ciudad de Mendoza.

 

Cuenta con ocho módulos de habitaciones premium: Basalto, Granito, Toba, Jal, Andesita y Cuarzo. El origen de sus nombres hace referencia a las rocas autóctonas del suelo donde está emplazado el complejo. Cada una de las habitaciones cuenta con terrazas individuales para disfrutar de los viñedos, las montañas y la inmensidad del del Valle de Uco. El spa está equipado con ducha escocesa, ducha finlandesa, sauna húmedo, sauna seco y sala de masajes con una atractiva vista al jardín autóctono. 

 

Su espacio gastronómico Enrico Restó, con impronta de comida ítalo-argentina, acaba de renovar el menú. Elaborado por la chef Agustina Sundblad, el restaurante de Petrini ofrece langostinos grillados con palta, leche de coco hecha en casa, guarapo y hojas verdes orgánicas; queso halloumi grillado con zucchinis, gajos de naranjas, berros y tomates secos; un chivito en baja cocción acompañado de huevo, tomate, lactonesa, rúcula de la huerta y ciabatta crocante, o un capaccio de ojo de bife curado con queso 4 esquinas, alioli de yema y hojas de mizunas.

Entre los platos principales se destacan la colita de cuadril wagyu, puré de papas, romesco y yuca crocante; o una pasta deliciosa como ñoquis a la plancha con reducción de crema, portobellos, panceta laqueada y hojas frescas de perejil; bondiola de jabalí acompañado de risotto blanco con hongos, emulsión de zanahoria y naranja; y de mar encontramos un plato exquisito como trucha a la plancha acompañada de coliflor, berenjenas ahumadas, tomates y espinacas salteadas con manteca avellanada.

La variedad de postres es también muy atractiva: pavlova con frutillas hidropónicas y coulis de frutos rojos, o volcán de chocolate con helado artesanal de mascarpone; un flan cremoso de naranja, crema ácida y praliné; o el tradicional postre italiano como es el tiramisú Enrico. Cada paso del menú es acompañados por vinos de la bodega: Petrini Rosé (malbec y tannat), Lecho de Río (100% chardonnay), tannat, malbec, Talud Blend de Río (malbec, tannat y petit verdot), Imán (100% malbec) y el brindis final con el espumante Extra Brut (100% pinot noir).

 

Rosell Boher Lodge inauguró ocho nuevas Casas de Viñas en un paisaje impactante

De impactante belleza por la inmensidad de su paisaje y la vista a la Cordillera de los Andes, el complejo enoturístico Rosell Boher Lodge (ganador al mejor restaurante de bodega del mundo 2019 en el concurso de las Grandes Capitales del Vino), inauguró ocho nuevas Casas de Viñas. “Son dos modelos de casas: la simple, de 105 metros cuadrados cubiertos y 120 metros cuadrados de expansiones exteriores de terraza y pérgola en planta baja; y la doble, de 319 metros cuadrados cubiertos y 300 metros cuadrados de exteriores de terraza y pérgolas en planta baja”, detalla la gerente de hospitalidad, Alejandra Gil Posleman.

En total, son 16 lodges en el complejo de Alto Agrelo, rodeado de unas 40 hectáreas de viñedos propios. Además, el predio tiene un guest-house de 3 habitaciones de lujo y 11 casas de viñas. Y una exclusiva cava subterránea con capacidad para más de 25.000 botellas, para degustar vinos de toda la región.

La idea arquitectónica ha sido “priorizar el paisaje, a través de recorridos donde se mezclan la trama de las viñas, el paisajismo, la arquitectura, lugares de contemplación y de encuentro, unos elevados en terrazas y otros de descanso”, comenta Pablo Torres García, propietario de la bodega. Las nuevas casas cuentan con una terraza con jacuzzi y espacio de fuego, un lugar de relax con vistas panorámicas a las viñas, las lagunas y la Cordillera de los Andes. En estos lodges recién estrenados hay tanto una cava propia como un espacio para degustación al que se accede con solo descender por una escalera de la habitación.

 

Fuente: Clarín, por Roxana Badaloni

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